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lunes, 20 de abril de 2009

Un balance personal del Bafici 11

.Hace rato que se apagó el burbujeo.
Fueron 10 días de poner mis dedos en "pido gancho" para sumergirme en mi otro lado, con todo desparpajo y desinterés por lo que pasara fuera de esa cúpula cobertora de sandwiches (bella metáfora, ¿verdad?).

Sin ánimo de poner moños al paquete, quelques choses:

Felicidad compartida. Independientemente de que en casa la mulita trabaje sin cesar, disfruto cada vez más de ir al Bafici, de ver esas películas en salas que suelen ignorarlas impunemente durante el resto del año, y, en especial, de sentir la comunión con personas conocidas y desconocidas hermanadas por una especie de secta ad hoc, felices en su ciudadela.
Este año,en particular, mis vacaciones y la escritura diaria en plan cronista autodesignado, subieron el índice de satisfacción.

Xanadú. Casi todo lo que pudo verse era susceptible de ser conseguido en forma previa al festival: medios y picardía no escasean en el cinéfilo promedio. Pero el evento es mucho más que la suma de sus partes.

Declaración de Principios. Ningún formato, ninguna pantalla plana, ninguna tecnología avanzada para ver películas encerrados comodamente en casa se compara al rito social y compartido de disfrutarlas en salas con buena calidad de proyección y sonido.
(El pochoclo: problema ontológico).

Eligiendo. A partir de una oferta que excede las 400 películas, resulta evidente que cada uno construye su Bafici propio, complementario, lindante al de los otros.
En mi cóctel incluí a los a descubrir Gomes, o Reichardt, pero también a Breillat, a Varda, a Denis, a Maddin - los “mainstream” del contexto -, y a algunos objetos inclasificables (dicho en el mejor sentido): El Pasajero de Munk y The Housemaid, esa historia familiar asfixiante de Ki-young Kim.

Placer y Masoquismo. Confieso haberme esclavizado un poco en este auto compromiso levemente absurdo de reseñar todas las películas vistas. Que fueron como 19, y eso porque concebí mis vacaciones laborales estratégica y simétricamente divididas en: 10 días en San Martín de los Andes y 10 en el cine (¿luces y sombras, respectivamente, o al revés?).

Cine nacional. No debería interesarnos la "argentinidad" de una obra ni las estúpidas apelaciones estatales a apoyarla. Me pasa lo mismo que con la Selección de Fútbol, cuyas uniformes camisetas blanquicelestes y el hecho de denominarse "Argentina" pretenden - con ayuda del chauvinismo mediático - forzarnos a la identificación.
Considerado desde ese punto de vista, me es totalmente indiferente la puja entre las distintas universidades locales del rubro respecto de la representatividad y validación de sus estéticas.
¿O será que mi patria es el cine a secas, con su genealogía de próceres?

Libros. Internet cambió el modus operandi del intercambio crítico cinéfilo, y allí está para atestiguarlo Movie Mutations, publicado en el Bafici 2002.
En Jugar (la luz de otra cosa), el libro de textos críticos de Rodrigo Tarruella que el Bafici editó este año, es posible asomarse a una escritura anterior a la omni influencia de la red que, sin embargo, vista en retrospectiva, ya sorprendía en su multidireccionalidad.
(Leyéndolo, me viene a la memoria la admiración que tenía en mi adolescencia por gente como Anibal Vinelli u Homero Alsina Thevenet, capaces de escribir inteligentemente sobre el cine y su historia a partir de hipótesis propias y, a la vez, portadores de una enciclopedia mental con toda la data).

Ratificado: la mejor semana del año para estar en Buenos Aires.

Que no se acabe. El entusiamo es contagioso y supura propuestas como la del blog La Lectora Provisoria: extender la cobertura de la edición 2009 hasta el comienzo de la edición 2010. ¡Y lo están llevando a cabo!

Lo mejor. En esta edición el input fílmico generó un abundante output escriturario en el blog, lo cual es facilmente comprobable haciendo un travelling vertical (con la barra de scroll) por los últimos, digamos, 30 posts. En este sentido, lo mejor de lo mejor fueron las colaboraciones espontáneas y entusiastas -puro afecto- de amigos y de Maré.

Pelis, artículos y puntajes. Para finalizar acomodando un poco los estantes, abajo se consignan, ordenados por puntaje, todos aquellos films del festival que tuvieron cobertura en viviendodosveces, con los hiperlinks para su lectura:

Bafici: Les Plages d'Agnès (Agnès Varda, Francia, 2008). Nota 1: La Espigadora (9)
Bafici: Les Plages d'Agnès (Agnès Varda, Francia, 2008). Nota 2: La Enamorada (9)

Bafici: The Housemaid (Ki-young Kim, Corea, 1960) (9)



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Y el puntapié inicial:
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viernes, 17 de abril de 2009

Bafici: Les Plages d'Agnès (Agnès Varda, Francia, 2008). Nota 2: La Enamorada

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(WARNING!!!: post escrito bajo influencia de alta subjetividad y fuertes idealizaciones)


Es difícil admitirlo, y hacerlo me provoca un sonrojamiento digno de un romántico del siglo XIX, pero ¡diantres!, seamos honestos con lo que sentimos (al menos un ratito y en zona “protegida”), digámoslo de una vez:

Cada día estoy más enamorado del amor.

¿Qué significa esta frase?, ¿qué vivo embelesado y me llevo las paredes por delante?. Bueno, no, no es eso, más bien describe una sensación que me viene acompañando hace unos cuantos meses: una profunda embriaguez en el corazón ante la detección – o intución – de amores más grandes que la muerte.
Síntomas: una leve presión en el pecho, un suspiro inesperado, lagrimales prestos al desborde, deseo de vivir dentro de una novela de Emily Brontë, empatía total con quienes no cejan en su búsqueda de un “amor ideal” (¡ya estoy hablando de nuevo de Las Señoritas de Rochefort!).

Dicho esto quiero agregar que me emociona, me obsesiona, me conmueve profundamente el amor que profesa Agnes Varda por Jacques Demy. Su evocación es constante y - sólo destacando lo cinematográfico -, filmó 3 (¡tres!) películas sobre él y su obra.
Sus vidas, además, parecen páginas gemelas que se hiperlinkean, remitiéndose una a la otra. Ambos cineastas, paridos por la nouvelle vague además, artistas plásticos, fotógrafos y viajeros, vivieron 32 años juntos hasta la muerte de Jacques en el ´90.

Éste es exactamente el lugar desde el que me cautivó Les Plages d'Agnès.

Todo lo que escribí en el post anterior, por supuesto, está, y vale engancharse con el desborde creativo de Agnes a los 80 años, pero para mí – recuerden que vengo sensible - la magia del film reside en su melancolía, en la añoranza del amor de una vida, en su capa de tristeza.

Considerada como un todo, la propia Les Plages… constata en forma arrebatadoramente romántica (en el sentido más crepuscular del término) el hecho de que, en ausencia del único que podría filmar a Agnes en forma tan igualmente amorosa como ella lo hizo con él en Jacquot de Nantes, en el documental sobre Las Señoritas…, o en El Universo de Jacques Demy , no había otra opción que este solitario y personal autohomenaje que tributa a su propia vida.

Está bien, admito que contaba con datos previos a la visión de esta obra y que no pude soslayarlos; sin embargo, muchas secuencias abonan esta lectura.
Entre performances y video instalaciones asisitimos a una que resignifica tanto el concepto de duelo como la asunción de la viudez: vemos un panel gigante divivido en más de diez pequeñas pantallas, cada una con una viuda hablando de su esposo, y si el visitante desea escucharlas se sienta en las distintas sillas dispuestas alrededor y se coloca el casco con el audio respectivo.
Agnes, la única en las pantallitas sin correlato de sonido, nos propone con esto vivenciar las distintas soledades y la convivencia con un espacio personal vacío (y ontológicamente imposible de llenarse).

Otro momento en la misma melancólica dirección surge cuando, revolviendo en una feria callejera, encuentra en una vieja colección de fichas biográficas la de ella y la de Jacques; las separa, las compra, y dice a cámara: "Hubo una época en que, además de ser fichas, eramos personas"

Varda compartió con Demy familia y códigos - que no siempre respetaban - tales como la no interferencia de uno en el arte del otro, o la discreción en las visitas mutuas a los sets donde cada uno filmaba.
En el documental El Universo... - uno de los homenajes de Agnes apenas murió su amado -, puede entreverse lo que generaba la química de su convivencia.

Por ejemplo, la manera en que un episodio equis de uno reverberaba en la vida del otro con efectos prácticos.
(Cuando, por el éxito internacional de Los Paraguas de Cherburgo, a Demy lo convocan a Hollywood, toda la familia se desplaza a Los Ángeles, y esto provoca su inmersión en la cultura pop de los 60´s y un cine militante de Agnes, que registra en cortos y mediometrajes marchas feministas, el clima contra Vietnam, la irrupción de los Black Panthers, ¡y hasta una prueba de cámara a un ignoto Harrison Ford!).
(O cuando en el ´62 para la premiere en Cannes de la película de ella Cleo de 5 a 7, él, que la acompaña, toma contacto por primera vez con las mesas de ruleta y, a consecuencia, resuelve filmar la adicción al juego en Bay of Angels).

También cómo algunos temas parecen replicarse en las dos filmografías.
(Argelia como horizonte de tormenta para el soldado francés de los 60´s: en Cleo ..., en Los Paraguas…, inclusive en Las Señoritas…)
O cómo una broma entre ellos resultaba la génesis para una nueva película.
( Agnes, próxima a parir un hijo de ambos:
- "Si ustedes, los hombres, pudieran quedar embarazados, se portarían diferente con nosotras”.
- "Sólo espera. Te mostraré” – replica Jacques.
Resultado: Un Hombre en Estado Interesante.
(Un bodrio con Marcello Mastroianni y Catherine Deneuve – tantas veces su princesita – , que vi a mis 15 años en el Lorange, sin saber aun cuánto iba a apreciar el cine de este director, y amar sus Señoritas de Rochefort.))

Obvio la enumeración en forma detallada referente a la circulación de los hijos de la pareja delante o detrás de las cámaras en distintos roles: Rosalie vestuarista, Mathieu actor (siendo posible rastrear su crecimiento biológico progresivo). O cómo Ciné-Tamaris, a la sazón la productora de Agnes, prácticamente sólo produjo obras de ambos.

Y aun podemos seguir sorprendiéndonos con estas idas y vueltas de la realidad a la ficción contaminada y viceversa.
En Jacquot de Nantes - la bellísima narración de la infancia de Jacques, finalizada un poco antes de su muerte -, a las personas que salían en los films de Demy, Agnes los pone como extras.
En El Universo... Varda muestra la ceremonia por la cual se bautiza a una calle "Jacques Demy", en Las Plages... asistimos a la inauguración de una "Agnes Varda".
Etc.

Me gusta pensarlos confabulados en una batalla para que TODO hable de ellos dos.
Agnes, por lo visto, no claudica en la tarea.
(suspiro...)


Puntaje: 9

domingo, 12 de abril de 2009

Bafici: Les Plages d'Agnès (Agnès Varda, Francia, 2008). Nota 1: La Espigadora

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Quienes simplemente por un azar de la grilla festivalera decidieron entrar en esta caja llena de sorpresas de colores, deben haber quedado boquiabiertos.
Quienes conocíamos a la persona que ibamos a visitar, de dónde venía, y a los que fueron acompañándola en su camino, tampoco quedamos indemnes.
Porque Agnes Varda, en este apasionado retrato que a los 80 años hace de sí y de su trayectoria, posibilita un paneo por gran parte del universo cultural occidental del siglo XX, y su manifestación canónica: el cine.

Resulta muy difícil - al menos para mí - no envidiarle la insobornable libertad con que construye, desde su infancia hasta el presente, una vida dentro del arte, usando todos los materiales que ésta provee: gente, paisajes, sentimientos, trabajos, objetos, etc (completen ustedes).
Más allá de la posibilidad de leer su film como un canto autocelebratorio ombliguista - hay que tener con qué, y Agnes puede sustentarlo porque tiene de todo -, la sensación que transmite es la de permitirnos surfear por superficies placenteras.

Cuando comienza el viaje ella dice algo así como que si la abrieran le encontrarían playas dentro. Pero esa es una excusa argumental que obra como disparadora para todo lo que va a compartir con nosotros.
Sin ánimo de caer en descripciones de catálogo, les comento algunas de las maravillas - hay muchísimas - que van desfilando por la pantalla, hilvanadas por su propia voz y presencia, en una narración bastante cronológica:
-Espejos de todos los tamaños enmarcando, enfrentando el mar, alcanzados por olas, confundiendo la fuente original de la imagen con su reflejo, tomando al sesgo figuras humanas o parte de ellas.
-En un estrecho pasaje del pueblo donde filmó su primer largo, envejecidos no-actores que habían participado, empujan un carro donde, a modo de homenaje a uno de ellos ya fallecido, se lo proyecta en una tela.
-Una calle convertida en playa y, a su vez, en el lugar de la oficina de producción de Agnes, con escritorios, arena, gritos y computadoras incluidos.
(Ciné-Tamaris, al igual que Les Films Du Losange de Schroeder y Rohmer: productoras que siempre predisponen bien apenas nos topamos con sus logos).
-Una casita hecha toda con cintas de celuloide de Les Créatures y sus imágenes portadoras de Piccoli y Deneuve, como una manera de reformular un film que fue un fracaso, dándole otro lugar, según explica Varda sentada en un banquito allí mismo.
-Una performance suya vestida de papa durante una instalación (no el Papa sino una papa, el vegetal).
-Fotografías intervenidas, filmaciones de todos los paises donde vivió o estuvo, video-instalaciones, circo, teatro negro...

- Y, apartado especial, sus películas. Desfilan unas cuantas, pero voy a tomar tres:

Cleo de 5 a 7 (1962). Una cantante - hermosura olvidada: Corinne Marchand - que entre esas horas deambula por París, padeciendo la incertidumbre de un posible cáncer. El paseo con el soldado en vísperas de su movilización a Argelia: ¿uno de los momentos más bellos de la historia de cine?

Sin Techo ni Ley (1985), con el personaje de Sandrine Bonnaire errando por la Francia rural hasta su marginalización total, en una puesta austera, sin sentimentalismos, Como si Agnes se hubiera desviado un rato por los bosques de Bresson.
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Les Glaneurs et la Glaneuse (o Los espigadores y la espigadora) (2000). Un documental lúdico que propone conocer el mundo de aquellas personas que recolectan lo que otros desechan: comida sobrante de los mercados barriales, materiales y objetos que luego son reformulados por el arte, etc.
Por supuesto, también aquí, al igual que en "las Plages..." - otra de personalidad arborescente -, ella se filma a sí misma y a las cosas que va reciclando, en demostración práctica de cuan espigadora es.
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Bueno, todo este post está un poco caleidoscópico e impreciso, pero no tiene importancia, porque debe leerse como prólogo al siguiente.
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sábado, 11 de abril de 2009

Bafici: Jerichow (Christian Petzold, Alemania, 2008)

. Una mancha negra flota en el centro de esta historia y se expande hacia todos sus bordes de thriller, la frase: "No es posible amar si no tienes dinero".
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Petzold aprovecha la premisa básica de "El Cartero Llama Dos Veces" (la esposa y el amante complotados para asesinar al marido), y la inserta en el contexto de una Europa actual, retratada como páramo moral, donde el amor se compra, el sistema induce a pequeñas corrupciones, y los inmigrantes logran abrirse camino pero no llegan a insertarse en la nueva sociedad.
Cada plano está hipercalculado y responde a la necesidad de progresión narrativa de un argumento que enfatiza menos lo pasional que lo social, reflejado en la soledad y el individualismo de cada personaje no por arquetípico menos complejo.
El guión es lo que denominaríamos “de hierro”, cada escena agrega información y direcciona en forma inapelable hacia el abismo final – literal y metafórico a la vez – del triángulo amoroso.

Nina Hoss está magnífica en su contención interpretativa, y permite ver a través de su belleza la angustia constitutiva de su Laura cautiva. También aquí, al igual que en "Yella", recorre paisajes de Alemania como muerta viva.
Si quiero ser justo, en verdad debo decir que los tres protagonistas excluyentes - Nina (Laura)+Benno Fürmann (Thomas)+Hilmi Sözer (Alí) - logran entre ellos una química poderosa de celos/amor/violencia expresada en un tono menor que, además, retrotrae a los primeros melodramas fassbinderianos, en los que también se alojaba el componente étnico.

Hay una diferencia evidente entre este cine alemán contemporáneo y el de los cineastas que lo precedían.
A los elementos expresionistas asimilados por el intransigente Nuevo Cine Alemán para retratar megalomanías individuales (Herzog) u orfandades de un país en post guerra (Schlondorff, Wenders), ya no los reconocemos aquí.
Pero esos recovecos del alma oscura persisten y es posible destilarlos ahora de una puesta en escena más estéticamente aséptica, de un realismo nada barroco y más "limpio".


Puntaje: 7
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viernes, 10 de abril de 2009

Bafici: La Pasajera (Andrzej Munk, Polonia, 1963)

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La sentí como un objeto extraño, dilemático.

Porque, ¿cuantas de sus significaciones se deben a quienes, pudorosamente, terminaron de armarla cuando su director murió, antes de finalizar el rodaje?
Pregunta pertinente aun mientras la estaba viendo puesto que, por momentos, una voz en off subrayaba la cualidad de retazo de las escenas no completadas.
El efecto, entonces, es de imágenes como vagones de trenes que se enganchan y desenganchan, pero que dejan entrever una locomotora muy poderosa que sabía adonde se dirigía. Y cómo plantear dudas, ambiguedades o certezas en las relaciones de poder que retrataba.

El centro: la memoria selectiva del pasado, y un presente repentino que hace temblequear el falso recuerdo que construímos sobre él.
Más Auschwitz, el campo de exterminio evocado en un crucero cuando Lisa - décadas atrás guardiana de las SS, en el presente de la acción felizmente casada - se encuentra inesperadamente con Marta, la prisionera polaca a la que, según explica a su marido, intentó proteger nombrándola ayudante.

Particularidades de este film irrepetible y tan fuera del estándar de representación europeo-hollywoodense actual para temáticas similares ("The Reader", sin ir más lejos):

- Fotos fijas para narrar en tiempo presente, pero no en los flashbacks sobre lo sucedido en Auschwitz.

- La vida cotidiana en los campos, si bien flanqueada por alambre de púa, feroces perros y oficiales nazis, se nos muestra rutinaria, repetitiva, neutra. La demostración práctica de la banalidad del mal.

- Ejes cinéfilos: Blanco y Negro + viaje mental por el tiempo + tortura psicológica a partir de la evocación + secuencias de fotonovela (= "La Jetée" de Marker, pero sin la ciencia ficción). Versiones alternativas de un mismo hecho (= "Rashomon", sólo que aquí, a diferencia del film de Kurosawa, parten todas de la misma persona).

- El punto de vista es el de la victimaria, una gélida oficial cuyo poco definido sentimiento hacia su "protegida" - perdón, perdón, me evoca un poco el imaginario de nuestras carceleras vernáculas sado maso de tanta película mala de los 80´s - habla también de su propio sometimiento, expresado magnificamente en sus confusos monólogos de amor, piedad y ansia de dominación.


Puntaje: 7
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jueves, 9 de abril de 2009

Bafici: Hansel y Gretel (Pil -Sun Yim, Corea, 2007)

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La fluidez para recorrer distintos géneros en una misma película, con gracia, con elegancia, relevando al melodrama con la comedia, para pasar enseguida a la irrupción del terror (monstruos incluídos), todo sin dejar de desplegar al mismo tiempo una concepción acerca de la sociedad y el mundo en que vivimos. Casi diría que esa es la marca registrada del mejor cine coreano actual.

Otra cosa muy distinta resulta el híbrido, aquello cuyos elementos, al no estar direccionados hacia una idea, se anulan entre sí.
Eso es “Hansel y Gretel”.
Del cuento toma la casita de repostería, le suma una saludable oscuridad retro – en los juguetes, en los cuadros decorativos – que remite a las tradicionales ilustraciones infantiles (más Tim Burton) y, reconstruyendo el relato tal como nos lo contaban los mayores en nuestra niñez, lo pervierte.
Nada que reprochar en esa idea; de hecho, en el film, “Hansel y Gretel” sólo es un librito que guardan los tres sufrientes (y déspotas) chicos que tienen atrapados a sustitutos de padres en su casita del bosque (esto último, una inversión de la historia de los niños cautivos).

El problema es de dirección. Yim Phil-Sung no se decide – o piensa en la taquilla – y, llegado un punto, rompe la atmósfera densa que llegó a armar para descerrajar golpes de efecto visuales y sonoros que la arriman, por un lado, al ya un poco viejo nuevo terror japonés alla “The Ring” y, por otro, al sadismo carnicero de las seudo snuff movies como “Saw” (de la que solo conozco los trailers y me basta).
Así, la ominosa seducción se evapora y, por reiteración de trucos sorpresivos, deja de perturbar.

Vean “Barbe Bleue”.


Puntaje: 6
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miércoles, 8 de abril de 2009

Bafici: Nulle Part Terre Promise (Emmanuel Finkiel, Francia, 2008)

."Voyages" tenía otro nervio, y era contundente en cada relato que ponía en escena.
Pero en este film coral, que no pudo captar mi atención sino de manera flotante, un ejecutivo francés transplantado a Hungría junto a su empresa por temas de costo laboral, una joven estudiante que viaja registrando con su cámara la miseria y la degradación humana - cito de memoria: "son gente fuerte, por eso los filmo", se justifica -, más un grupo de kurdos en permanente estado de desarraigo, son las figuras seleccionadas para una mostración simbólica del estado del mundo.

Cuando Finkiel se obliga a desarrollar cada una de estas historias se pone banal.
Remonta un poco cuando, casi como en una instalación digna de un museo de arte contemporáneo, deja que las imágenes - nítidas, ligeramente desenfocadas, en planos cortos o panorámicos - fluyan libres hacia la abstracción.

Lo respetable: no manipula al espectador como lo hacía "Babel".


Puntaje: 6
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martes, 7 de abril de 2009

Bafici: Defamation (Yoav Shamir, Israel/Austria/EEUU/Dinamarca, 2009)

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Cuando era chico, en el shule me transmitían que todo enemigo de Israel era antisemita. Obviamente, con el correr de los años logré desactivar aquella trampa escolar.
Hoy mismo, día a día, me enorgullezco de mi judaismo laico ligado a una herencia familiar y cultural muy querida, pero critico las políticas israelíes (hacia los palestinos, en especial) sin sentirme escindido.
La génesis de "Defamation", entonces, no podía dejar de interesarme: la pregunta acerca de lo que es el antisemitismo hoy, y la confusión - inducida - superponiéndolo al anti israelismo.

Lástima que en el último cuarto del film, las punzantes preguntas de este símil Michael Moore se aquietan, como si lo hubiesen dopado o como si, después de filmar a un contingente de estudiantes israelíes conociendo Auschwitz - momento genuinamente emotivo - temiera ir más lejos.
Eligiendo clausurar los interesantísimos interrogantes que había abierto con un mensaje tan ambiguo como conservador: "Mejor dejar un poco el pasado y pensar en el presente".
(¿A quién se lo dice?, ¿en relación a qué?)


Puntaje: 6
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lunes, 6 de abril de 2009

Bafici: Un Autre Homme (Lionel Baier, Suiza, 2008)

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Voluntad hay, pero el físico y la mente tienen límites. No era posible - lo sabíamos desde el vamos -, reseñar todas y cada una de las películas que iba viendo en el festival.
Y más considerando que, así como algunas me empujaron a una escritura automática urgente, otras (o las mismas) activaron el mecanismo con delay, varias veces, o en forma residual.
No quiero dejar pasar la oportunidad, no obstante, de comentar algo sobre aquellas que, teniendo lo suyo, fueron aplastadas por el tren frenético del ritmo festivalero autoimpuesto.
Comencemos hoy por...

En esta malsana comedia cinéfila se nos cuenta, en radiante blanco y negro, la dificultad de querer ser alguien que no se es.
Ingresar a una elite cultural, aprehender sus códigos-clichés, y salir de un ambiente pueblerino hacia el contacto mundano y seductor de la ciudad de Laussane, llevan a Françoise a construir una vida de ficción (pero legítima en su aspiración).

Y, por supuesto, siempre hay una mujer. Aquí, la sensual e histérica Rose Rouge, crítica de "L'Epoque", con toneladas de sarcasmos y una rara habilidad para convertir a los hombres en su juguete.
(Ahora que la rememoro, el mejor personaje secundario de todas las historias que me fueron contadas en este Bafici).

Goce extra:
Constantes referencias a cómo se prefabrica una crítica cinematográfica en un medio masivo; en particular hay una genial referente al método matemático para determinar cuando es buena una película de Chabrol.

Puntaje: 7

domingo, 5 de abril de 2009

Bafici: Una pequeña anécdota sobre Claire Denis y 35 Rhums (Francia, 2008)

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Bajan las luces de la sala, y la francesa Claire Denis se esfuerza por presentar ella misma -en un castellano que no estamos seguros de entenderle - su último film. Dice que no quiere adelantar mucho pero que, una vez finalizada la proyección, estará dispuesta a contestar preguntas si las hubiera.
Mientras se retira con discreción, la tortuosa e ineludible ristra de publicidades institucionales, de soporte tecnológico, de escuelas de cine y de helados Chungo, hacen su aparición, a esta altura del festival, como un mantra, siempre en idéntico y sucesivo orden. Los que venimos concurriendo a una o más películas por día, resignados, lo tomamos como peaje.
Finalmente, lo que pagamos por ver... ya se escucha a Rafaella Carrá con aquel "Desde esta noche cambiará mi vida, desde esta noche, desde esta noche", mientras se nos muestra un backstage de artistas discutiendo y, a continuación, el descenso a un escenario teatral de una construcción de lamparitas que forman los términos "8 Semanas". Pero, cómo, ¿no eran 35, y rhums?, además, ¿a qué se debía que estuvieran hablando en nuestro idioma? y, sobre todo, ¿por qué esa canción tan kitsch, teniendo en cuenta la delicadeza con la que suele musicalizar esta directora?
Ya tenía varias preguntas para hacerle cuando la proyección concluyera.
En eso, unos pocos espectadores primero y luego, por contagio, más, comenzaron a silbar, a aplaudir, a patear el suelo. Reaccionando, la pantalla se apagó, la sala quedó a oscuras y el sonido agonizó con un lastímero "Uuuuuuuuuuuu..."
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El proyectorista había puesto la película equivocada, una argentina.
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A los pocos minutos, la zozobra había pasado y, finalmente, pudimos disfrutar de "35 Rhums".
Y de rencontrarnos con esa gramática de los cuerpos tan reconocible en Denis.
Si en "Bella Tarea", la contenida violencia masculina de la Legión Extranjera irrumpía en el baile espástico e inolvidable de Denis Lavant, y si en "Trouble Every Day" el ansia vampírica flagelaba a Vincent Gallo, el matiz que introduce aquí es el dualismo cercanía física/necesidad de distancia entre un padre y su hija, que se quieren y parecen perpetuados en el hábito de estar juntos.
Casi una pieza de cámara, ese eje paterno filial es filmado siempre en proximidad corporal. Un cine musical, de gestualidades, de miradas cómplices o esquivas, de manos tiernas, y también de mucha soledad y desarraigo.
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Cuando terminó la proyección, con los aplausos - gustó mucho - Claire Denis cumplió y volvió para la ronda de questions and answers, pero antes confesó que temía que, al inicio de la función, el público no se percatara de que se estaba pasando un film que no era el suyo.
Lo cual, dijo, la pondría en un gran aprieto a la hora de responder preguntas pero sería más divertido.
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Puntaje: 8
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sábado, 4 de abril de 2009

Bafici: Yakuza Eiga, Une Histoire Secrète du Cinéma Japonais (Yves Montmayeur, Francia, 2008)

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Por: Rody

A diferencia de otros años en los que esta actividad comenzaba a convertirse en ritual, cuando nos sentábamos con Pablot a revisar la programación de turno, para tratar de extractar 15 o 20 de entre una grilla de algunos cientos de películas que sólo podríamos ver en esa ruptura del espacio-tiempo que era el BAFICI, este año me desentendí del evento.
¿Por qué? Tal vez por el fenómeno del peer to peer que transforma al cúmulo de films que sólo podrás ver el martes en el Hoyts 87 a la 1:30 de la madrugada, en un archivo más que dejé bajando. Tal vez sea el precio de las entradas, que del valor simbólico de otros años, pasó a ser casi el de una entrada de día miércoles. Tal vez sea que el componente fóbico de mi personalidad crece a pasos agigantados. No lo sé.

Lo cierto es que este sábado, en honor a los viejos tiempos, elegí una peli del listado de Pablot y nos encontramos para ver Yakuza Eiga, un documental francés, traducido al inglés sobre el género más aceptado por occidente del cine japonés, el de los yakuzas.
Algunos de nuestros directores favoritos (Miike, Kitano) contándonos un poco sobre aquello que los deleitaba en su juventud, un yakuza real que, al salir de la cárcel, pide disculpas en público por haber sido un chico malo para empezar su carrera como yakuza ficticio del cine, y prácticamente nada más.
Un documental correcto y sin vuelo que, si lo hubieran dado por Films & Arts hubiese sucumbido al zaping en no más de diez minutos.
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De los besos, la cerveza y los culos al aire que nos muestra el inspirado artículo de Clarín de acá arriba no tuve ni noticias, pero claro, yo fui a las 2 de la tarde.
Por favor Maré, preguntale a Pablot si tuvo más suerte.


Puntaje:
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viernes, 3 de abril de 2009

Bafici: The Housemaid (Ki-young Kim, Corea, 1960)

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Esta sí que no la teníamos. Creíamos conocer el cine coreano sólo porque en los últimos tiempos ibamos quedando boquiabiertos con los briosos malabarismos genéricos de Chan-wook Park, Joon-ho Bong o Chang-dong Lee. Pero ni "Old Boy", "Host", o "Peppermint Candy" (por citar respectivamente algunos trabajos de esos directores), podían hacernos entrever semejante antecedente de 1960. Qué poco de ese cine llegó a la Argentina en esa época, aun cuando la cartelera - respecto de la actual - era un lujo de variedad.

¿Thriller?, ¿melodrama?, ¿tango?, ¿terror psicológico?, ¿mujeres asesinas?, ¿lucha de clases?, ¿horror gótico?, ¿claustrofobia?: acá conviven, te agarran primero de la solapa y después te van presionando la garganta hasta lo insoportable.
Hay secuencias en las que esa familia, cautiva en su casa y - digamoslo así, aunque es bastante más complejo - rehen de la mucama, vive situaciones de un nivel de asfixia que sólo décadas más tarde se plasmarían en, por ejemplo, Haneke.

Bueno, atemperando un poco, en la tres años posterior "El Sirviente" de Joseph Losey iba a poder asistirse a la toma gradual de casa y dueño por parte del mayordomo, pero era más un tema de ajedrez mental típico de los guiones de Harold Pinter.
Y también estaba el encierro de la bella Deneuve en "Repulsión" de Polanki...
Si estoy citando tanto, les juro que es porque quiero llegar a un punto, el de la originalidad pionera que posee esta película trabajando esos ejes temáticos. Al respecto, mi argumento más fuerte: se estrenó el mismo año que "Psicosis", imposible que haya sido influída por ella y, sin embargo, tiene un uso de los espacios de la casa muy similar (especialmente la relación del piso de arriba con el de abajo, comunicados por una escalera donde también habrá muertes); y, cuando la vean me dicen, a algunas de sus imágenes nunca las hubiera permitido una producción norteamericana de esos tiempos (muertes de niños, abortos por caída, etc).

(Pero sí hay una reformulación de un plano anterior made in Hitchcock: aquel de "La Sospecha" que mostraba a Cary Grant subiendo la escalera en dirección a la habitación de Joan Fontaine con un vaso de leche que podría estar o no envenenado.
De manera análoga, en "The Housemaid" la mucama sube con un vaso de agua igualmente dudoso. Ambos encuadres son idénticos).

El argumento, aun si hago el ejercicio de resumirlo in extremis, resulta contundente.
Un maestro de piano, con dos hijos y una esposa que teje para incrementar el ingreso hogareño ante la llegada del tercero, consigue una mucama por vía de una alumna de la fábrica donde da clases ; a partir de allí, entre la envidia de clase y el desamparo, ésta logrará seducir al hombre de la casa e iniciará una espiral de chantajes, perversiones, y situaciones de degradación colectiva.
Pero sería un error limitarse a la trama, ignorando los muchos intersticios recomendables para análisis sociológicos o sobre lucha de sexos.

En principio, nuestra experiencia de espectadores en este tipo de films, podría llevarnos a pensar en que estamos frente a una femme fatale comehombres o una psicótica tipo Glenn Close en "Atracción Fatal"; y nos estaríamos equivocando, porque esta chica sin nombre - que mata ratas con sus manos, que sólo quiere que la amen - es la catalizadora de toda la basura subyacente en esa familia de clase media, que está dispuesta a lo peor para mantener su statu quo y conservar lo material. Y ya se sabe... no hay nada peor que un burgués asustado.

Este tipo de cosas, más las situaciones en que el aparentemente más débil nos deslumbra con el peor maquiavelismo, provocan que nuestra piedad por tal o cual personaje se vaya corriendo de lugar, o directamente vaya mutando en odio o repulsión; otro de los tantos logros de la película porque, a fin de cuentas, ¿quién es el monstruo?
La sociedad, responderíamos si utilizáramos el criterio de la novela noir.

Por otra parte,el rol que va teniendo cada objeto que aparece en pantalla es funcional al relato, ninguno sobra: el arribo del televisor para coronar el nuevo hogar, el piano y sus sonidos (armoniosos al producirlos el maestro, disonantes al generarlos la mucama), esa máquina de tejer (potro de tortura de la esposa), la circulación de la botellita con veneno para ratas y, por sobre todo, esa casa que da cobijo y extermina.

Y me voy antes de que cometa la maldad de contarles el in-cre-í-ble epílogo que no se parece a nada que hayan visto antes.
Mis respetos a Martin Scorsese por haber ayudado a restaurar esta joya, (le perdono "El Aviador").


Puntaje: 9

Bafici: otra mirada sobre Aquele Querido Mês de Agosto (Miguel Gomes, Portugal, 2008)

. Toda obra habla en forma implícita o explícita sobre sus condiciones de producción. En el medio de ambas modalidades se enclava este archi esperado film: esa es su virtud, su originalidad y, a la vez, su limitación.

Antes de verla, a partir de premisas argumentales leídas previamente en el catálogo del Bafici, el combo Portugal+rodaje me sugería un update de "El Estado de las Cosas" de Wenders, e imaginar vicisitudes entre productores, sonidistas, director y actores me llevaba indefectiblemente a "La Noche Americana" de Truffaut.

"Aquele...", sin embargo y afortunadamente, traicionó mis preconceptos. No se enreda en disquisiciones intelectuales para esclarecer el estatuto de la ficción y la realidad. No.
En vez de eso nos lleva a pasear, a recorrer pueblos, personas, ritos y festividades. Y cuando, en forma inconsciente, amagamos ubicar lo que vemos en el anaquel de lo documental etno-geo musical, las hebras de la ficción - que ya estaban tejiéndose sutilmente sin que nos diéramos cuenta - suben a la superficie, introduciéndonos en una historia triangular primo, prima y el padre de ésta, en un ambiente veraniego de soleadas interacciones entre adolescentes casi rohmerianos.

La manera en que nos descoloca, el que lo haga en un tono menor nada enfático, abriéndose a la vida y a todos los relatos posibles, la hacen una obra distinta.
No obstante, la pequeña trama melodramática familiar que había comenzado a desplegarse desde la mitad, y con la que progresivamente me iba enganchando, se va, se corre para dar paso al "cierre": la explicitación de los mecanismos de producción de lo que vimos, en imagen y palabras del director Gomes y su equipo.
Lo cual podrá ser muy interesante, pero obtura la frescura natural de la historia ficcional con cuyos personajes estábamos encariñándonos.
A la película, entonces, termina limitándola lo programático.


Puntaje: 6.
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jueves, 2 de abril de 2009

Bafici: Aquele Querido Mês de Agosto (Miguel Gomes, Portugal, 2008)

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(Nota 1) Por: Maré


"Aquele..." comienza pareciendo un documental sobre grupos de música que tocan en las fiestas pueblerinas (luces de colores, banderines, comida típica, parejas y chicos bailando al son de música popular-romántica; si estuviera filmada en la Argentina serían grupos y cantantes como César Banana Pueyrredón, La Joven Guardia, Vilma Palma, y hasta un Pimpinela venido a menos).
Y uno va siguiendo las historias que allí se cuentan sobre ciertos personajes típicos del pueblo: el que mató a hachazos a su mujer, el que se tira todos los años al río desde un puente alto, el que filmó una versión terrorífica de Caperucita Roja con personajes del pueblo, etc.
Entre todas esas historias aparece una, la de la película que tenía que ser filmada y que, por alguna razón, al director se le complica hacerla; no están los actores, existen algunos temas con el guión, y se dedica entonces a recorrer los lugares, conocer a la gente y a sus historias de vida.
De repente... no nos damos cuenta y estamos metidos en la historia que debía ser filmada, con personas que devienen en personajes viviendo cosas entre ellos. Que estaban ahí antes, pero en otro lugar.
  • La cuidadora del puesto de incendios a la que le gusta cantar y el jugador de hockey sobre patines al que le gusta tocar la guitarra. Ambos están hablando de sus vidas y al rato "nos enteramos" de que son primos, que tocan juntos en una banda y que tendrán una historia de amor prohibida...
  • Las amigas que van a ofrecerse al casting de la película y de repente ya están en ella, como la prima y su amiga que conocen a unos belgas, que viven historias, que sufren...
  • Dos invitados del pueblo a participar como actores que, en diálogo informal captado secretamente por la cámara , se quejan de que siempre les cambian el guión ; caminan y se encuentran con la abuela de la Caperucita Roja pueblerina, quien dedica un saludo especial mirando a la cámara que sigue a estos personajes que...¡supuestamente estaban conversando fuera de guión!
  • La triste despedida entre primos, ella llorando desconsoladamente hasta que se da vuelta y, mirando a la cámara, rie sin parar (¿terminó la ficción?).
  • Y la música... porque al final es una peli que sigue a una banda musical, las "Estrelas do Alva" compuesta por los primos en cuestión, un padre celosísimo (por ahí se entrevé una posible historia de incesto, no sabemos si reprimido), y los extras que antes conversaban "fuera de cámara".

Esas canciones insufribles, que el director nos hace escuchar enteritas, me pregunto por qué. Porque esa música te hace querer que el metraje avance un poco más rápidamente; otra canción nooooo, por favor!!

En fin, ¿qué puedo concluir?
Hablando con un compañero del gym - también fanático del BAFICI , a quien esta peli no le gustó nada - le dije que me a mí sí me pareció interesante...
Y él me dijo: - bueno, pero "interesante" no quiere decir que te haya gustado, que la hayas disfrutado, que hayas salido diciendo "¡qué bueno lo que acabo de ver, me dio vuelta!".
Y es cierto... el paso del tiempo me fue sorprendiendo con estas reflexiones, y sigo pensando: ¡qué película interesante!

El puntaje se lo dejo a Pablot, que es el experto.

Bafici: Archangel (Guy Maddin, Canadá, 1990)

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Por: Sebastián Elvino


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Como en la mayoría (o en todas) sus películas, Guy Maddin recrea en "Archangel" la atmósfera extrañísima y bastante teatral de las películas del expresionismo de los años veinte o treinta, con muchas influencias adoptadas del cine y la gráfica, en general, del comunismo ruso de los primeros tiempos. Pero no sólo se trata de una recreación o una reproducción de aquello; las películas de Guy Maddin son parte de un arte completamente contemporáneo, con un gran sentido del humor y una logradísima sensibilidad trágica. La nostalgia y la pérdida, de personas o tiempos pasados, son el eje central.

El presente (en plena guerra) es un momento que debe transcurrir lo antes posible, y si se tiene suerte, aún con vida.
"Archangel" es una tragedia de la Gran Guerra.
El protagonista, un combatiente del sector defensista en la I Guerra ha perdido en batalla no sólo su pierna, sino también a su amor, Iris. A partir de esto, desembarca en la ciudad (quizás rusa) de Archangel, para combatir contra los bolcheviques.
Allí conocerá a Veronka, en la cual verá una reencarnación de su amada Iris. Pero Veronka es la prometida de otro soldado que, a su vez, sufre de una extraña amnesia.
En el plan de reconquistarla, comienza una enorme confusión, no tanto para el protagonista, sino para el espectador.

La película a medida que avanza se torna además de hermosa, bastante absurda, hipnótica, trágica, otra vez nostálgica, otra vez hermosa.


Puntaje: 9
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miércoles, 1 de abril de 2009

Bafici: Love Exposure (Sono Sion, Japón, 2008)

. Un grupo de colegialas adolescentes, polleritas cortas y frescura muy Saylor Moon, tomadas de la mano al borde del andén en una estación tokyota, hasta que llega el tren y, cómplices, saltan a la muerte todas juntas.
Una secuencia poderosa que mi memoria retiene hace años desde que vi "Suicide Club"; del resto de esa película no recuerdo nada.

Me dije: si en esta "Love Exposure" que dura cuatro horas, Sono Sion vuelve a desarrolar al menos una sola idea como esa, habrá valido la pena. Y la verdad es que hay mucho y un poco mejor armado.
¿Qué escena va a permanecer conmigo esta vez?
Sin duda, la de la performance acrobática, (encarada como disciplina enseñable con sensei y todo), por la cual el protagonista y su banda sacan múltiples fotos a bombachas y entrepiernas de chicas sin que ellas lo noten, y en plena vía pública.
"¡Qué ridículez!" - pensarán ustedes. A lo que me apresuro a replicar que descuiden, que ésa es la parte más lógica del relato.
Porque esta película-río, que pasa por cada género existente para pervertirlo rápido, es muy disfrutable siempre y cuando nos abandonemos al juego. Un poco como lo que pasa en "El Sabor del Té" o en "Funky Forest" de Katsuhito Ishii, que construyen personajes sólidos para ponerlos a derivar por situaciones más o menos arbitrarias, saltando de a ratos el eje de la verosimilitud.

Justo es decirlo, aquí la cosa empieza muy firme, con un potente melodrama familiar religioso atiborrado de culpas y traumas, que harían palidecer al mismísimo Ingmar Bergman.
Pero, al rato, se desquicia para brindarnos sadismo masoquista, comedia estudiantil, sectas ominosas, gore, piñas, patadas, drama psiquiátrico, incesto, lesbianismo, seccionamiento de penes y catolicismo explícito.


Puntaje: 7
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Bafici: Vacation (Hajime Kadoi, Japón, 2008)

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Como en el afiche, el protagonismo es simétrico. El preso y el guardia. Uno porta la insignia del poder, el otro su hieratismo y su lápiz.
Los dos, sin embargo, están encadenados a rituales cotidianos perpetuos.
Y con todas sus actividades normativizadas: el reporte cotidiano al superior, lo charlable entre colegas, el regimen vacacional, las reglas para los presos, el control exhaustivo, las comidas, el orden de cada celda/cubículo, la postura corporal ante la señal sonora que anuncia la apertura de una puerta, el cuidado de los materiales inventariados.
(No quiero deprimirlos pero...¿no suena un poco a la mayoría de las vidas de las personas con las que interactuamos?).
En el medio, acolchonando, está la camaradería entre los policías, el próximo casamiento del carcelero protagonista -una puerta más hacia el afuera, no se percibe amor-, el arte de los dibujos en blanco y negro de Kaneda.
Todo va a ser conmovido por la sentencia a muerte de este último, sí, y de eso va un poco la trama, mas no obstante, y más allá de pequeñas convulsiones institucionales ligadas a la circunstancia, sabemos que todo volverá a su lugar, los metrónomos seguirán intactos.

Dentro de una puesta muy austera que, más que el encierro, nos hace sentir la opresión de lo banal, hay decisiones muy acertadas: no mostrar otro presos que Kaneda y, en contraparte,
exhibir cantidad de oficiales y carceleros con sus jerarquías, entraña un efecto muy sutil pero persistente, el de todo el Poder cayendo sobre el individuo.
Otras decisiones no lo son tanto, y resienten el impacto demoledor que hubiera tenido el film si el director lo hubiera terminado donde - perdón por lo prescriptivo - debía haberlo hecho, con la terrible secuencia en símil tiempo real del paso a paso reglamentario hacia la ejecución de Kaneda.
La historia sigue, innecesariamente unos minutos más, con el guardia Toru casado, en viaje de luna de miel con su esposa y el pequeño hijito de ésta, mientras la música extradiegética - la que se usa para reforzar los sentimientos del espectador hacia lo que se ve en la escena - sube y sube, sugiriendo algo así como el principio de una gran felicidad.


Bibliografía muy recomendada:

- "Bajo Palabra", novela de Akira Yoshimura.
Aquí está todo ese clima de paradójica comodidad carcelaria que comporta seguir reglas sin apartarse un ápice, y la tragedia de la no adaptación cuando se es liberado de ellas. No conozco el cuento en el que está basada "Vacation" pero se nota que es de la misma estirpe.
( "La Anguila" , film de Shoei Imamura, no la trascribe sino que se la apropia con resultados muy personales).

- "En la Prisión", manga/novela gráfica de Kazuichi Hanawa.
Obra maestra total, de supremo detallismo sobre los rituales de un presidio japonés, basado en la propia experiencia del escritor, que los recuerda hasta con nostalgia.


Puntaje: 7
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martes, 31 de marzo de 2009

Bafici: Barbe Bleue (Catherine Breillat, Francia, 2009)

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¿"Barbazul" es una historia para chicos?; debería, ¿no?, si es parte del acervo cultural infantil de todos los tiempos y, además, lo escribió Perrault, el de Caperucita y el Gato con Botas...

Un aristócrata de fiero aspecto vive en su hermoso castillo, a medida que se va casando va asesinando brutalmente a sus esposas, cuyos cadáveres sanguiñolientos conserva en una habitación de vedada entrada. Hasta que la última consorte desafía la prohibición, es descubierta y, cuando su destino parece repetir el de sus antecesoras, llega ayuda, matan al sádico y colorín colorado.

Respuesta: SÍ es para chicos.
Éste y otros eran cuentos muy populares en el siglo XVII y, a la vez, se basaban en mitos o habladurías acerca de sucesos y personas que acaso habían existido. Solían pasar de folklóricas versiones orales a la letra escrita. Y atraían y asustaban.

La hipocresía de nuestra época, como también la corrección política, consideran a estos relatos violentos y perversos, obturándolos a favor de otros; pero la realidad es que la violencia y la perversión para niños está socialmente aceptada y estatuída hoy en la tele, y en plan "canilla libre".

Es en parte por eso que actualmente muchas adaptaciones de estos cuentos - sean literarias o cinematográficas -, presuponen chicos tempranamente neurotizados que, para no impacientarse, deben recibir historias atravesadas por la epilepsia del zapping.
"Shreck", en ese sentido, es un paradigma insoportable: revoltijo de todos los cuentos conocidos, referencias a todo el universo audiovisual, velocidad de montaña rusa, frases de stand up comedian en boca de todos los personajes, etc.

Lo que pone en escena "Barbe Bleue" es la casi olvidada seducción gradual que portan esos cuentos al ser leídos con sus propios, pausados tiempos, y su poder para adormecer o atormentar.
Y lo hace a través de dos hermanitas jugando en un altillo, donde la menor - adorable, presumida, punzante - va leyendo y asustando a la mayor.
Por otro lado y en paralelo, también despliega la historia narrada en "Barbazul", con una estética que me recordó un poco la de "Piel de Asno", de Jacques Demy.

Respecto de Catherine Breillat, ya habíamos comprobado en "Une Vieille Maîtresse" (con una pequeña ayudita de Asia Argento), que era más que la directora de aquel moderadamente exitoso film erótico llamado "Romance": sabe contar historias con personajes fuertes y dónde poner la cámara.
Además, toma riesgos, porque...¿cuál es el público target para esta obra?

¿"Barbe Bleue" es una película para chicos?


Puntaje: 8
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Bafici: This Smell of Sex (Danielle Arbid, Libano/Francia, 2008)

. Vaya uno a saber por qué programaron en doble sesión con "Barbe Bleue" este corto, starring muchachas y muchachos libaneses en off - nunca los vemos -, hablando de sus experiencias sexuales en forma hiper explícita, con la pantalla en negro en un 90% de su duración, sólo salpicada por ingenuas, pudorosas imagenes en Super 8.
Probablemente - aventuro - lo asociaron con "Romance", otra película de Catherine Breillat, que sí portaba un pregnante smell of sex. Los programadores, parece, no vieron antes "Barbe..." y operaron en automático, pensando que iría metonímicamente para el mismo lado ratonil. Y no, se equivocaron.

El espectáculo del corto, sin embargo, existió, y estuvo en la sala casi llena del Hoyts 11. Allí, en una mañana soleada de sábado, unos cuantos argentinos estuvimos escuchando repetuosamente - lejos de crisis globales, lockouts campestres y chácharas preeleccionarias -, unas y otras voces proclamando qué les gusta chupar más, dónde les agrada que se las pongan, el extasis que puede brindar una gorda haciendo fellatios, etc, etc; todo esto dicho en correctísimo libanés.
Si esto no es la magia del cine...


Puntaje: 6
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lunes, 30 de marzo de 2009

Bafici: Double Take (Johan Grimonprez, Bélgica/Alemania/Holanda, 2009)

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Hitchcock sigue dando para todo.
And now, ladies and gentlemen, en triple coproducción europea, el último chisme.

Tómese una licuadora, pero no una cualquiera, una con diseño aerodinámico muy posmoderno, que permita picar, mezclar y hacer jugo con los siguientes ingredientes:

- La guerra fría de los 50´s y su correlato de paranoia nuclear generalizada en los 60´s.
- Dos textos de Borges sobre la figura del doble (gentilmente cedidos por María Kodama).
- Las fetichistas apariciones fugaces de Hitchcock en sus propias películas.
- La crisis de los misiles en Cuba.
- Distintas publicidades televisivas de café "Folgers" en diversos contextos epocales.
- Los punzantes prólogos autorreferenciales del Maestro del Suspenso en "Alfred Hitchcock presenta".
- Citas de sus reverenciadas entrevistas con Truffaut (1)
- Encuentros Kruschev/ Nixon, y Kruschev/Kennedy para dilucidar qué país la tenía más grande.
- La presentación de la copia restaurada de "The Birds"en el festival de Locarno del ´99.
- Diálogos presidenciales acerca de la carrera espacial (ventaja de los rusos gracias a la perra Laika) y la televisiva (apabullante expansión norteamericana).
- Intertítulos de noticiarios cinematográficos, fragmentos de trailers.

Una vez convenientemente licuada, la mezcla puede aderezarse con un topping que le dé algo así como una unidad de tono. En este caso, entre tanta duplicación y espejo, un esbozo de historia/argumento diseminado a lo largo del metraje:

En la habitación de un hotel, y ante la mirada de un cuervo, Hitchcock se topa con su doble, fisicamente idéntico, sabiendo que sólo uno de ellos podrá sobrevivir a ese encuentro. El ligeramente mayor manifiesta estar hablando desde los años 80, el otro desde los 60.
Toman café.

(El café: símbolo del consumo y del lugar de la mujer en la sociedad de la época, según obsesivamente muestran las sucesivas publicidades en pantalla.
Subrayando esto, el director Grimonprez, presente en la sala, aseveró que en "The Birds", los pájaros muchas veces atacan a la gente que toma café, por ejemplo: a Tippi Hedren en lo de su suegra.
Pero, ojo, también manifestó que los bicharracos metaforizan la omnipresencia gradual de la TV en los hogares norteamericanos, provocando que la gente ya no salga, encerrándola.
Lecturas, lecturas de la galera. Lo dicho: sigue dando para todo)

Hay algunas parrafadas entre los dos Hitchs y, efectivamente, uno muere presumiblemente envenenado.
El doble que permanece vivo ocupará el lugar del original, pero...¿quién era el original?

Yyyyy....otro doblez (esta vez metatextual):
resulta que Ron Burrage, una persona que, en parte, ganó su sustento contratado para publicidades y apariciones especiales gracias a su sorprendente parecido con Hitchcock, inserto en la trama para hacerlo dialogar con su modelo (vía posproducción digital), ¡cumple años el mismo día!; y, en muchas oportunidades, además, como camarero o azafato, sirvió a un James Stewart, a un Cary Grant, luminarias que en ese momento estaban trabajando en films dirigidos por...ustedes ya saben...

En parte menjunje, en parte atractivo, todo esto de rizar tanto el rizo me hubiera aburrido bastante, si no fuera yo - como otros presentes en la sala - parte de la Secta de Adoradores de Hitchcock, una pertenencia que implícitamente parece operar como requisito ineludible para la obtención del carnet cinéfilo estándar, vertiente francesa.



(1) Como por ejemplo, la célebre del significado del "MacGuffin", ¡ cuantas veces la he releído en mi hoy desvencijado "El Cine según Hitchcock" y sigo disfrutándola, como todo en ese libro!; permítanme compartirla con ustedes:

"Diálogo de dos hombres que viajan en un tren
- ¿Qué es ese paquete que lleva usted ahí?
- Oh, es un MacGuffin.
- ¿Y qué es un MacGuffin?
- Un aparato para cazar leones en las montañas Adirondack
- ¡Pero si no hay leones en las Adirondacks!
- En ese caso, no es un MacGuffin."

El término "MacGuffin" viene a referir a aquello que sirve para disparar la acción en los films, pero que per sé no significa nada, un simple pretexto susceptible de ser cambiado.


Puntaje: 6
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