Hace rato que se apagó el burbujeo.Fueron 10 días de poner mis dedos en "pido gancho" para sumergirme en mi otro lado, con todo desparpajo y desinterés por lo que pasara fuera de esa cúpula cobertora de sandwiches (bella metáfora, ¿verdad?).
Sin ánimo de poner moños al paquete, quelques choses:
Felicidad compartida. Independientemente de que en casa la mulita trabaje sin cesar, disfruto cada vez más de ir al Bafici, de ver esas películas en salas que suelen ignorarlas impunemente durante el resto del año, y, en especial, de sentir la comunión con personas conocidas y desconocidas hermanadas por una especie de secta ad hoc, felices en su ciudadela.
Este año,en particular, mis vacaciones y la escritura diaria en plan cronista autodesignado, subieron el índice de satisfacción.
Declaración de Principios. Ningún formato, ninguna pantalla plana, ninguna tecnología avanzada para ver películas encerrados comodamente en casa se compara al rito social y compartido de disfrutarlas en salas con buena calidad de proyección y sonido.
(El pochoclo: problema ontológico).
Eligiendo. A partir de una oferta que excede las 400 películas, resulta evidente que cada uno construye su Bafici propio, complementario, lindante al de los otros.
En mi cóctel incluí a los a descubrir Gomes, o Reichardt, pero también a Breillat, a Varda, a Denis, a Maddin - los “mainstream” del contexto -, y a algunos objetos inclasificables (dicho en el mejor sentido): El Pasajero de Munk y The Housemaid, esa historia familiar asfixiante de Ki-young Kim.
Placer y Masoquismo. Confieso haberme esclavizado un poco en este auto compromiso levemente absurdo de reseñar todas las películas vistas. Que fueron como 19, y eso porque concebí mis vacaciones laborales estratégica y simétricamente divididas en: 10 días en San Martín de los Andes y 10 en el cine (¿luces y sombras, respectivamente, o al revés?).
Cine nacional. No debería interesarnos la "argentinidad" de una obra ni las estúpidas apelaciones estatales a apoyarla. Me pasa lo mismo que con la Selección de Fútbol, cuyas uniformes camisetas blanquicelestes y el hecho de denominarse "Argentina" pretenden - con ayuda del chauvinismo mediático - forzarnos a la identificación.
Considerado desde ese punto de vista, me es totalmente indiferente la puja entre las distintas universidades locales del rubro respecto de la representatividad y validación de sus estéticas.
¿O será que mi patria es el cine a secas, con su genealogía de próceres?
Libros. Internet cambió el modus operandi del intercambio crítico cinéfilo, y allí está para atestiguarlo Movie Mutations, publicado en el Bafici 2002.
En Jugar (la luz de otra cosa), el libro de textos críticos de Rodrigo Tarruella que el Bafici editó este año, es posible asomarse a una escritura anterior a la omni influencia de la red que, sin embargo, vista en retrospectiva, ya sorprendía en su multidireccionalidad.
(Leyéndolo, me viene a la memoria la admiración que tenía en mi adolescencia por gente como Anibal Vinelli u Homero Alsina Thevenet, capaces de escribir inteligentemente sobre el cine y su historia a partir de hipótesis propias y, a la vez, portadores de una enciclopedia mental con toda la data).
Ratificado: la mejor semana del año para estar en Buenos Aires.
Que no se acabe. El entusiamo es contagioso y supura propuestas como la del blog La Lectora Provisoria: extender la cobertura de la edición 2009 hasta el comienzo de la edición 2010. ¡Y lo están llevando a cabo!
Lo mejor. En esta edición el input fílmico generó un abundante output escriturario en el blog, lo cual es facilmente comprobable haciendo un travelling vertical (con la barra de scroll) por los últimos, digamos, 30 posts. En este sentido, lo mejor de lo mejor fueron las colaboraciones espontáneas y entusiastas -puro afecto- de amigos y de Maré.
Pelis, artículos y puntajes. Para finalizar acomodando un poco los estantes, abajo se consignan, ordenados por puntaje, todos aquellos films del festival que tuvieron cobertura en viviendodosveces, con los hiperlinks para su lectura:
Bafici: Les Plages d'Agnès (Agnès Varda, Francia, 2008). Nota 1: La Espigadora (9)
Bafici: Les Plages d'Agnès (Agnès Varda, Francia, 2008). Nota 2: La Enamorada (9)
Bafici: The Housemaid (Ki-young Kim, Corea, 1960) (9)
Bafici: Un Conte de Noël (Arnaud Desplechin, Francia, 2008) (7) Por: Bruno S.
Dicho esto quiero agregar que me emociona, me obsesiona, me conmueve profundamente el amor que profesa Agnes Varda por Jacques Demy. Su evocación es constante y - sólo destacando lo cinematográfico -, filmó 3 (¡tres!) películas sobre él y su obra.
Está bien, admito que contaba con datos previos a la visión de esta obra y que no pude soslayarlos; sin embargo, muchas secuencias abonan esta lectura.

Una mancha negra flota en el centro de esta historia y se expande hacia todos sus bordes de thriller, la frase: "No es posible amar si no tienes dinero".

"Voyages" tenía otro nervio, y era contundente en cada relato que ponía en escena.
En esta malsana comedia cinéfila se nos cuenta, en radiante blanco y negro, la dificultad de querer ser alguien que no se es.
Lo cierto es que este sábado, en honor a los viejos tiempos, elegí una peli del listado de Pablot y nos encontramos para ver Yakuza Eiga, un documental francés, traducido al inglés sobre el género más aceptado por occidente del cine japonés, el de los yakuzas.
De los besos, la cerveza y los culos al aire que nos muestra el inspirado artículo de Clarín de acá arriba no tuve ni noticias, pero claro, yo fui a las 2 de la tarde.
Esta sí que no la teníamos. Creíamos conocer el cine coreano sólo porque en los últimos tiempos ibamos quedando boquiabiertos con los briosos malabarismos genéricos de Chan-wook Park, Joon-ho Bong o Chang-dong Lee. Pero ni "Old Boy", "Host", o "Peppermint Candy" (por citar respectivamente algunos trabajos de esos directores), podían hacernos entrever semejante antecedente de 1960. Qué poco de ese cine llegó a la Argentina en esa época, aun cuando la cartelera - respecto de la actual - era un lujo de variedad.
Toda obra habla en forma implícita o explícita sobre sus condiciones de producción. En el medio de ambas modalidades se enclava este archi esperado film: esa es su virtud, su originalidad y, a la vez, su limitación.

Un grupo de colegialas adolescentes, polleritas cortas y frescura muy Saylor Moon, tomadas de la mano al borde del andén en una estación tokyota, hasta que llega el tren y, cómplices, saltan a la muerte todas juntas.

Vaya uno a saber por qué programaron en doble sesión con "Barbe Bleue" este corto, starring muchachas y muchachos libaneses en off - nunca los vemos -, hablando de sus experiencias sexuales en forma hiper explícita, con la pantalla en negro en un 90% de su duración, sólo salpicada por ingenuas, pudorosas imagenes en Super 8.