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lunes, 14 de febrero de 2011

Eco en Egipto

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"(...) : no puedes crear nunca un peligro con mil caras, el peligro tiene que tener sólo una; si no, la gente se distrae."
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(De El Cementerio de Praga. Umberto Eco. Ed. Lumen. Pag.294)
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El efecto que tuvo mi inmersión en El cementerio... (600 páginas en cuatro días de arena y mar hace tres semanas) perdura y se potencia. El conspirador que requiere de documentos medianamente verosímiles que socaven al enemigo culpabilizándolo de todos los males sociales y lleven agua para el molino propio es una matriz que recorre transversalmente tanto a la novela como a la Historia. Más en estos días.

En el libro de Eco, un protagonista inteligente, misógino, sibarita y racista -mix que lo hace fascinante en su oscuridad-, aprende a leer las necesidades de documentación falsa por parte de actores políticos del siglo XIX que le toca vivir, y a partir de ese estudio de mercado avant la lettre va construyendo su profesión. El afán de lucro como único norte ético de su "obra" lo pinta como emergente de esa burguesía que ocupará de ahí en más todos los escenarios.
Que este Capitán Simonini tenga en el abate Dalla Piccola un doble complementario y que ambos, desde su esquizofrenia, sean alternadamente los narradores de peripecias enclavadas en circunstancias históricas precisas, sumado a la supervisión de un macro-narrador que aparece de cuando en cuando, es signo inequívoco de otro tablero de piezas superpuestas made in Eco, hiperdetallista y demandante de lectores activos.

Además, divertido en sus propios términos. Es decir: no en la acepción cualunque de "lectura liviana" sino en el sentido de diversificar productivamente las puertas que va abriendo. Hacia adentro y hacia afuera del libro.
La trama satiriza el proceso de construcción de falsificaciones verosímiles (con base en los prejuicios colectivos) cuyo alcance impacta en la vida de millones de personas.
A riesgo de reduccionismo mencionemos, en términos de proyección en el siglo XX, el más significativo de estos embustes: el eje conspirativo judeo-masónico-comunista mundial. Su sola unión en un sintagma, ¿no es ya desternillante?.
O lo sería si pudiéramos ceñirnos a la inconsistencia estructurante del líbelo antisemita de 1903 denominado Los protocolos de los sabios de Sión e ignorar los millones de asesinatos que lo usaron como coartada justificatoria.
Eco, siempre erudito, rastrea fuentes y desmenuza cómo Los protocolos..., ubicando en un cementerio conspiradoras figuras rabínicas, plagiando párrafos enteros de un libro contra Napoleón III, y salando todo con aroma de folletín, cristaliza la imagen del judío universal que porta Plan para dominar al mundo. Un texto útil para amedrentar campesinos rusos frente al canto bolchevique; lectura escolar obligatoria durante Hitler, desde ya.
¡Y hay que ser de iglesias o sinagogas muy estúpidas para concluir que hacernos identificar con el desagradable protagonista que cose los pedazos de este documento Frankenstein -un recurso narrativo de alta efectividad a la hora de incomodarnos- convierte a El Cementerio de Praga en una novela racista!
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Siempre es una alegría la huída de un tirano. La pregunta es por qué recién ahora Occidente - EEUU a la cabeza- adjetiva a Mubarak así, además de déspota, corrupto, torturador e inviable. La respuesta está implícita en los 30 años de silencio que mantuvo acerca de su reinado; permítaseme graficarlo con lo que dicen que Roosevelt decía sobre Somoza: "Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta".

Desde el tratado de paz Sadat-Beguin a fines de los setentas, Egipto es el aliado estratégico de Israel y EEUU para frenar el fundamentalismo islámico, al menos eso es lo que dice la leyenda. Y el Canal de Suez el lugar desde el cual el petróleo fluye, of course. Ambas, razones más que suficientes para dejar pasar excesos dictatoriales sin mencionar los usuales argumentos estadounidenses para invadir países díscolos: llevar la democracia, por ejemplo.
Eco, en su libro, refiere a la elaboración artesanal de la mentira política durante el siglo XIX. Da miedo cómo el XX la tecnologizó: ¿quién es hoy el equivalente real de su nefasto protagonista? ¿es una persona o una corporación la que creó la exitosa coartada de las armas químicas en Irak?

Por lo pronto, EEUU debería esforzarse y conseguir mejores confeccionadores de argumentos, porque fue grotesco ver cómo durante las últimas semanas la Casa Blanca cambiaba minuto a minuto su postura respecto del amigo Hosni hasta que le soltó la mano.

Porque, además, alguien podría preguntarse cómo es que el garante de la transición hacia la democracia egipcia -que recibirá prolijamente los 1.300 millones de euros anualmente destinados al ahora recatalogado como dictador-, termina siendo una casta militar entrenada por la U.S. Army y enriquecida durante los 30 años del régimen.

Y porque, quien sabe, acaso alguna vez, también Arabia Saudita...

Obama debería leer a Umberto Eco y mejorar la estrategia de la ilusión.
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miércoles, 15 de diciembre de 2010

El Cementerio de Praga: 1- Eco de Dumas

Por: Rody


Los azares que me hacen recorrer mi biblioteca me llevaron a principio de este año a rescatar del olvido a los 7 libros en los que devino el folletín de Alejando Dumas “José Bálsamo (Memorias de un Médico)”, folletín que junta (y a veces amontona) la liturgia masónica con la teoría del Magnetismo Animal de Cagliostro, la vida en la corte de Luis XVI, María Antonieta y la Revolución Francesa, con varios ingredientes más, enhebrados todos ellos, en una historia de amor imposible entre un plebeyo y una desdeñosa noble, y decorado por un desfile de personajes históricos como Rousseau, Marat o Roberspierre junto a todos los nobles de renombre de la época.

Quiso también el azar que justo este diciembre, antes de finalizar el año, se publique en Argentina la última obra de Umberto Eco “El Cementerio de Praga” en la que se combina ideas ya desarrolladas previamente en sus dos novelas anteriores.
Esta vez, en lugar de reciclar los elementos del pulp como en “La misteriosa llama de la Reina Loana”, toma justamente los elementos del folletín de Dumas para relatar la historia de un falsificador, pero no de reliquias sagradas como en “Baudolino” sino de los “Protocolos de los sabios de Sión” y otras desmesuras y documentos que sirvieran para “demostrar” las terribles maquinaciones que judíos, jesuitas o masones (y a veces todos ellos juntos) tramaban contra las distintas potencias europeas del siglo XIX, según fuera la necesidad del servicio secreto interesado en adquirir la falsa evidencia.

La novela, contada en retrospectiva desde una fecha cercana al 1900, va recorriendo la historia del recrudecimiento de los nacionalismos europeos a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Está escrita en forma de diario por el capitán Simonini con acotaciones de el abate Dalla Piccola (su alter ego: nuestro protagonista es diagnosticado como esquizofrénico por el mismísimo Froïde) y de un Narrador que usa Eco para agilizar el relato.

Y nos hace pasear tanto por la Italia de Victor Manuel como por la campaña de Garibaldi en el sur italiano (más Dumas como personaje secundario), para luego llevarnos al Paris del 2do Imperio a presenciar la declinación, la caída de Napoleón III y el surgimiento de la 3ra República.
Lejos de las aventuras de capa y espada tan habituales en los citados folletines, el libro rápidamente toma el tono de un informe casi académico sobre el estudio de los antecedentes, le deformación y la lisa y llana invención de los documentos que “certifican” las grandes teorías conspirativas de la época.

CONTINUARÁ...
No se pierda la apasionante continuación de este post en:
“El Cementerio de Praga 2- Los protocolos de lo Políticamente-Correcto”


Nota
El libro fue publicado en Argentina por Sudamericana bajo el sello LUMEN/Futura hace unos pocos días en Diciembre de 2010. Se consigue en todas las librerías al módico precio de $85 (10% de descuento en Librerías Hernández comprando con tarjeta de débito del Banco Francés) por lo que, comparando con los 23 € con que vende en España, podemos concluir que los Kirchner han cumplido parcialmente el sueño del Simio Libanés: si bien no hemos entrado de lleno al Primer Mundo, por lo menos pagamos casi los mismos precios. ¿No es chic?
Eso si, el papel y la tapa tal vez no sean muy del primer mundo. No he visto la edición española de "El Cementerio de Praga" pero, comparada con la edición de "Baudolino", ésta es cualitativamente inferior.
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