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viernes, 13 de febrero de 2009

Otras mujeres que amé durante el 2008

(Título alternativo: ¿Alguien dijo sublimar...?)
.

Sylvia - que no era Sylvia..."quel désastre!" - en En la Ciudad de Sylvia, de José Luis Guerin

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¿Está suficientemente capacitado el optimismo para ser seductor? Hmmmm…
Y, sin embargo… imposible no rendirse al optimismo seductor de Poppy (Sally Hawkins en Happy Go Lucky , de Mike Leigh, 2008).

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Uno siempre está “con ánimo de amar” a Maggie Cheung, sea como action heroine (en The Heroic Trio, de Johnny To, 1993), enfundada en leather gatuno (en Irma Vep de Olivier Assayas, 1996),



o como la dulce primita cuyo amor podría alejarnos de las tríadas hongkongesas (en As Tears Go By, de Wong Kar-Wai, 1988)

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Jeanne Moreau llena la pantalla y compensa uno de los films más torpes de Francois Truffaut.
(La Novia Vestía de Negro,1968)
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Asia Argento siempre parece querer vampirizarte.

Estos dos personajes (Sandra, en Boarding Gate, de Olivier Assayas, 2007; y Vellini, en The Last Mistress, de Catherine Breillat, 2007) disfrazados como víctimas, se agazapan, te atrapan, y terminan dejándote exangüe.
En el tercer personaje (Monroe, en Go Go Tales, de Abel Ferrara, 2007) ya no hay disfraz.

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A ese único ojo sano, punto de vista a través del cual el director intenta forzar nuestra identificación con su lisiado protagonista, sólo le es dado sufrir la visión de esta belleza; Jean-Do (y nosotros) sólo podremos amarla platónicamente. (Marie-Josée Croze en La Escafandra y la Mariposa, de Julian Schnabel, 2007)

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En cada plano de la Constance personificada por Marina Hands, en su caminar deseante por el bosque, se respira un erotismo natural libre de la impostación de todas las Chaterleys anteriores.(El Amante de Lady Chatterley, de Pascale Ferran, 2006)

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Nunca me sedujo como la femme fatale que envolvía a Fred MacMurray en Double Indemnity del ´44, en parte porque no podía despegarme de su imagen de matrona en la adormilante serie de los ´60 Valle de Pasiones, pero es posible rever los juicios de la Historia.
La autoconciente sensualidad de sus artimañas seductoras para “cazar” al inocentón millonario (en The Lady Eve, de Preston Sturges, 1941) me descubrió una Bárbara Stanwick a la que querría revisitar.

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Las Garnier anhelan el amor: Solange (Francoise Dorleac), arrobada por una melodía que lo va a llevar al compositor, pronto va a encontrarlo. Su hermana Delphine (Catherine Deneuve), sufre un poco más y lo encuentra en los últimos segundos. El director de Los Paraguas de Cherburgo, tal vez por pudor, prefiere no compartir ese momento con nosotros. (Las Señoritas de Rochefort, de Jacques Demy, 1967)
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Mako acompaña el viaje del anciano con todo su cuerpo, en la lluvia, a la intemperie, en una especie de erotismo de la protección (Kanako Masuda en El Bosque de Luto, de Naomi Kawase, 2007)

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La cámara está enamorada de Lydia (Sara Forestier) y se nota. Su desparpajo, su cabellera y sus ojos permanecen con nosotros mucho tiempo después de terminada la película. (Juegos de Amor Esquivo, de Abdel Kechiche, 2003)
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De cuando en cuando aparecen chicas reales en la pantalla, gente encontrable cerca de nuestra casa, como Hafsia Herzi o como la mencionada Sara Forestier, que demuelen con su sola presencia las capas de adolescentes glamorizadas como ideal de belleza uniforme (y artificial) hacia el que todas deberían tender.
En Le Grain et le Mulet, también de Abdel Kechiche, del 2007, Rym hace largo rato que viene asumiendo responsabilidades de adulta. Amorosa, estoica y pragmática por necesidad de ayudar, inesperadamente se derrumba.
Esa escena, un monólogo en plano secuencia con su rostro cargado de furia llorosa, es uno de los momentos más intensos del cine que vi en los últimos años.

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Año a año necesito reencontrarme con Setsuko Hara. A veces la quiero como una amiga, otras como una hermana, y no pocas veces busco su templanza, su mirada comprensiva, su discreción, como antídoto en la lucha cotidiana. Esta vez la hallé, con sus cualidades intactas, en Otoño Tardío (de Yasujiro Ozu, 1960), siendo Akiko, una viuda que, sacrificándose silenciosamente por su hija, terminará viviendo en soledad.


Igual que en Tokyo Monogatari (también de Ozu, 1953) - una de mis 10 mejores pelis de todos los tiempos - donde como Noriko, la nuera que reconforta a sus suegros frente a la desidia de su propia familia, redime al mundo con su bondad. Adoro su “pequeña risa japonesa” de autocontrol [1]

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......................................................................... Christiane Paul (Juli),


.............................................................. Sandra Borgmann (Marion),

................................................................ Branka Katic (Luna).

Oscilar entre ellas buscando el camino más directo hacia un supuesto único amor es propio de necios. ¡Deberíamos quererlas a todas!. (Im Juli, de Fatih Akin, 2000)

- Nota al margen: esta película generó a lo largo del año un pequeño culto familiar que continúa expandiéndose hacia los amigos, déjense atrapar -

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Marisa Tomei siempre destiló una sensualidad absolutamente natural. Sus personajes no suelen “hacer el amor” como corolario permitido del amor idealizado, sino que cogen, transpiran, ponen todo el cuerpo. Aquí, en una historia de resonancias shakespearianas, oscila entre hermanos patéticos. (Before the Devil Knows You're Dead, de Sidney Lumet, 2007)

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Privilegio que nos regalan pocas obras: vivenciar amorosamente la comunión entre personas cuyas coyunturas y motivaciones no pueden ser más diferentes.
De Alemania a Turquía, y allí, por el estrecho del Bósforo que separa el sector europeo del asiático, siempre anduvieron circulando, ida y vuelta los personajes de Fatih Akin (en Contra la Pared, en Im Juli, en Crossing the Bridge: the Sound of Istambul).
En Edge of Heaven, Ayten, la joven militante turca y Lotte, la estudiante alemana, no escapan de esta dinámica, los azares las ligan y las comprometen a apoyarse, a quererse de todas las maneras posibles, con riesgos.
El nivel de pasión y emotividad que transmiten todos los personajes, reclama por la injusticia de aquellas voces que compararon al último film de Akin con la gélida, maniquea, Babel.



Además, bonus track para los viejos cinéfilos: asoma y entrega grandes momentos Hanna Schygulla. También a ella la sigo amando.

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[1] Observación de Lafcadio Hearn sobre la sonrisa de los japoneses y sus matices, mencionada en el libro Gestualidad Japonesa de Michitaro Sata, traducido por Tomiko Sasagawa Stahl y Anna Kazuni Stahl. Adriana Hidalgo Editora. 2006.

Nota: todas las fotos corresponden a films que vi en el 2008.


La Empresa agradece infinitamente a Seba Elvino por su colaboración desinteresada en el diseño final de este post