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martes, 13 de julio de 2010

Música, danza...¡film!


Por: Sebastián Elvino



El domingo proyectaron en la Sala Lugones, en el marco del Ciclo “Festival de Festivales” la película/documental: Eldorado / Preljocaj (Francia, 2008), de Olivier Assayas.
El director filma el encuentro entre el músico y compositor Stockhausen y el coreógrafo Angelin Preljocaj, ambos trabajando en paralelo en la creación de la música y coreografía respectivamente para la pieza de ballet contemporáneo “Eldorado”.

La música
que compuso Stockhausen para esta obra está compuesta por varias capas que se van superponiendo y deformando en forma repetitiva y aleatoria, creando una atmósfera que recuerda enseguida a las composiciones de Steve Reich o más lejos, a las de John Cage (como para darse una idea). Y la composición del coreógrafo responde al mismo concepto. Fue interesante escucharlos dialogar acerca de sus procesos creativos y de sus statements conceptuales.

Y lo más increíble: el trabajo del coreógrafo con sus doce bailarines.
En ese sentido la película -acá se impone la obra del tercero de este equipo: el Director- se transforma progresivamente en una repetición alternada de diálogos, ensayos, y cuerpos que se van entremezclando (en planos bien cortos) y quebrando con esa gracia y cadencia tan característica de la danza contemporánea: cayendo al suelo, rodando, desvaneciéndose, adoptando una velocidad ínfima y agitándose enérgicos de pronto.

Así es como O. Assayas parte del formato documental y crea una película que cuenta mediante la edición del sonido y la imagen un diálogo entre su obra, la del músico y la obra del coreógrafo.


Y al final Assayas se manda una guachada genial.
Porque nos tuvo disfrutando durante 90 minutos de todos los preparativos para el estreno de Eldorado , su música, vestuario, coreografías, nervios de los bailarines, (no puedo no decirlo, me estuve conteniendo hasta ahora) belleza absoluta de los bailarines… ¡para al final no mostrarnos nada!
Cuando el telón se abre el día del estreno, empieza la música y los bailarines están listos para salir a escena, el director baja el telón de sus títulos de crédito y nos deja con unas ganas tremendas de viajar urgente, urgentísimo a ver el resultado de ese trabajo que nos dejó espiar por un rato.

Y yo quería aplaudirlos, pero para eso tendré que seguir buscando en Internet alguna eventual copia de lo que me quedó fuera de campo.
Acá hago mi llamado a la solidaridad.

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miércoles, 20 de enero de 2010

Let

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Por: Sebastián Elvino


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(Sobre Let the Right One In, Tomas Alfredson, Suecia, 2008)
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Oskar es un chico de 12 años que vive solo con su mamá, divorciada, en un departamento en los suburbios de Estocolmo. El escenario principal es un juego de plaza, frente a la casa de Oskar, donde conocerá a Eli, una nena de su edad que se mudó al departamento de al lado.
El director presenta a Eli inmediatamente como a un personaje al cual le sucede algo extraño, aparentemente está enferma, pero no se mueve, ni luce, ni huele del todo como un ser humano.
Oskar tiene problemas para relacionarse: padece constantes agresiones por parte de sus compañeros de escuela. Llega a fantasear con asesinarlos, y Eli podría ser parte de esta solución. Eli, aunque es real, parece provenir de las fantasías de Oskar, representa una excusa, un justificativo habilitante de los instintos violentos de un niño. Pero Eli es principalmente una nena que quiere ser amada y aceptada, igual que Oskar.
También Eli es un canal de escape, da paso a la fantasía tan común en un niño de convertirse en un superhéroe o un monstruo temible, para poder escapar de sus problemas. Y los tiene de sobra: está solo, su papá cambió a su mamá por un muchacho (esto está sutilmente sugerido y es una escena genial), sus compañeros de escuela quieren asesinarlo, y para peor: se enamora de una nena vampiro.
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Un dato sacado de IMDB: cuentan que en la novela original, Eli era en principio un varón y fue castrada por el vampiro que la inició.
Este dato justifica varias elecciones estilísticas del director: los personajes andróginos, la homosexualidad del papá, que Eli se meta desnuda en la cama de Oskar y le diga “yo no soy una chica” y a Oskar no le pase naranja. Y es que los vampiros no tienen sexo ni sexualidad, y mucho menos los que tienen apenas doce años. Pero Eli tiene una ventaja: hace 200 años que tiene 12. Y se nota: hay cosas que ella sabe resolver con agilidad y Oskar no. Cuando ella descifra en pocos segundos el complejo cubo de colores es una magnífica metáfora.
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Algo que sí saben estos dos chicos es cómo confiar en el otro, cómo quererse y acompañarse y cómo enternecer sin cursilería.
Y algo que sí supo lograr el director es contar una bellísima historia de vampiros sin recurrir a adolescentes de casting tipo boyband, ni emos, ni reminiscencias al Gothic Rock o al New Romantic que tanto hemos visto en los ochenta.
Hablando de los vampiros de los ochenta, me acordé un poquito de El Ansia, una peli bien hitera con David Bowie, Catherine Deneuve y Susan Sarandon, en la que el problema central es envejecer, y no tanto encontrar alguien a quien amar.
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jueves, 2 de abril de 2009

Bafici: Archangel (Guy Maddin, Canadá, 1990)

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Por: Sebastián Elvino


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Como en la mayoría (o en todas) sus películas, Guy Maddin recrea en "Archangel" la atmósfera extrañísima y bastante teatral de las películas del expresionismo de los años veinte o treinta, con muchas influencias adoptadas del cine y la gráfica, en general, del comunismo ruso de los primeros tiempos. Pero no sólo se trata de una recreación o una reproducción de aquello; las películas de Guy Maddin son parte de un arte completamente contemporáneo, con un gran sentido del humor y una logradísima sensibilidad trágica. La nostalgia y la pérdida, de personas o tiempos pasados, son el eje central.

El presente (en plena guerra) es un momento que debe transcurrir lo antes posible, y si se tiene suerte, aún con vida.
"Archangel" es una tragedia de la Gran Guerra.
El protagonista, un combatiente del sector defensista en la I Guerra ha perdido en batalla no sólo su pierna, sino también a su amor, Iris. A partir de esto, desembarca en la ciudad (quizás rusa) de Archangel, para combatir contra los bolcheviques.
Allí conocerá a Veronka, en la cual verá una reencarnación de su amada Iris. Pero Veronka es la prometida de otro soldado que, a su vez, sufre de una extraña amnesia.
En el plan de reconquistarla, comienza una enorme confusión, no tanto para el protagonista, sino para el espectador.

La película a medida que avanza se torna además de hermosa, bastante absurda, hipnótica, trágica, otra vez nostálgica, otra vez hermosa.


Puntaje: 9
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lunes, 30 de marzo de 2009

Bafici: Encarnação do Demônio (José Mojica Marins, Brasil, 2008)

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Por: Sebastián Elvino


Ayer fui a ver "Encarnação do Demônio", de José Mojica Marins, quien interpreta al mítico Zé do Caixão (no puedo encontrar el significado, sólo que Caixão significa ataúd).
Es una película muy interesante, trabaja mucho los símbolos heredados de la religión Thelémica, del Umbanda, de la Ordo templi Orientis y toda un maravilloso mundillo que personalmente me fascina.
Lo hace muy bien, la pantalla se viste de Pomba Gira, se adorna con imágenes de Baphomet, hay unos altares bellísimos, dos brujas ciegas (no tan geniales como las de "Don´t look now", pero ahí andan).

Claro, no todo es maravilloso, ni siquiera para un satanista como Zé do Caixão... porque también, aparte de los fetiches, había que hacer una buena película y en lo posible, contar una buena historia... y aún más: ¡hubiera sido magnífico que también actuaran bien!.
Nada de todo eso sucedió. La película no tiene ningún sentido, es contradictoria todo el tiempo: Zé do Caixão era capaz de torturar, asesinar, violar, pero ante la visión de una serpiente o unas tarántulas se estremecía como loco y gritaba de pavor. Muy gracioso... y por momentos, parecía una película argentina de los 80, más específicamente, "Mingo y Aníbal contra los Fantasmas".

Y el más desastroso de todos era él. Los personajes secundarios: su ayudante jorobado, las brujas antes mencionadas, un grupo de Emos seguidores (espantosos), un oficial de policía con un parche en el ojo que parecía Federico Luppi (faltaba que dijera: "Qué país de mierda, la puta que lo parió" aunque por ahí andaba...).
Un momento bastante logrado (muy digno de Alejandro Jodorowsky) fue cuando Zé do Caixão va al purgatorio (no pregunten por qué, no se entiende); momento fue muy lindo: se mostraban crucifixiones, gente que se cosía los ojos y los labios (eso era real), canibalismo (eso no era real) y mucho, mucho simbolismo... como en el caso de Jodorowsky, muy bien trabajado ese aspecto, pero lo demás... te lo debo.

La última perlita: José Mojica Marins (el director) hizo una breve presentación en persona de su película, con una hermosa performance en la cual habló brevemente de numerología, de los tres productores que murieron durante el rodaje que llevó cuarenta años (!)... en fin, trató de generar un mito.
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Es una película para ver con muchos amigos, porque sino no tenés con quien reirte y es muy frustrante.
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Puntaje: 6
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