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viernes, 19 de junio de 2009

Las Señoritas de Rochefort. 4: La belleza de la imperfección

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(Entrevista imaginaria con Jonathan Rosenbaum a partir de Not the Same Old Song and Dance, su estudio sobre Las Señoritas de Rochefort en el libro Essential Cinema. Traducción y transposición por Pablot)

Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4


- Desde que la vi hace un año y medio en el cine y en copia impecable, se ha convertido en mi película favorita; y que no ha sido una pasión efímera se corrobora cada vez que vuelvo a verla. Conclusión: no puedo ser muy “objetivo” analizándola. ¿Las Señoritas de Rochefort es una obra maestra?

- Las obras maestras normalmente connotan perfección, pero podría argumentarse que algunas de las imperfecciones de Las Señoritas… realzan la totalidad de la experiencia al acercarla más a la vida, haciendo a los actores más vulnerables. (Otras imperfecciones, como los “chivos” de productos durante la climática feria – otro paralelo con Playtime, dado algunos carteles de neón – son simplemente recordatorios de las dificultades para hacer películas francesas de gran presupuesto). Darrieux, por ejemplo, es la única del elenco que escuchamos cantar con su propia voz, si bien el doblaje de los otros se lleva a cabo bien en general, con las voces que los doblan cuidadosamente coordinadas (incluyendo el francés de Gene Kelly). Más artificiales son las performances de Delphine y Solange en trompeta y flauta.


- Absolutamente adorables.
¡ Y esas miradas de ironía cómplice de Solange hacia nosotros cuando se sienta al piano y pareciera decirnos: “ojo, no se lo crean demasiado, sólo finjo que toco realmente" !
Puro y maravilloso metalenguaje.

- Ya me doy cuenta de que, tal como usted admitió, la objetividad no es lo suyo.
Pero déjeme decirle que, en relación a los planes originales de Demy para la película, es un milagro que haya resultado tan bien como resultó. Antes de seleccionar Rochefort como su locación él consideraba hacer Las Señoritas de Avignon, Las Señoritas de Hyeres, Las Señoritas de Toulouse y las Señoritas de La Rochelle, entre otras. Rochefort terminó ganando por el tamaño de su plaza central, a pesar de que el diseñador de producción Bernard Evein halló necesario repintar 40.000 metros cuadrados de fachadas de la ciudad (y a pesar de eso André Téchiné ha citado a la película como una de las mejores hechas alguna vez sobre esta parte de Francia).
Más improbable aun, Demy pensaba originalmente en reclutar a Brigitte Bardot y a Geradine Chaplin para hacer de las hermanas gemelas.

- ¿Encuentra ecos y motivos de obras anteriores de Demy en este film?


- Demy planeaba ampliar las referencias a Los Paraguas de Cherburgo contratando a Nino Castelnuovo, el héroe de esa película, como Bill. Castelnuovo no estaba disponible y entonces Demy tuvo que cambiar el guión.


Pero vale la pena señalar que la víctima – que no vemos – del asesino del hacha es Lola, la heroína del primer largo que realizó. Y hay muchas otras alusiones a sus films más tempranos.


De acuerdo al crítico Jean-Pierre Berthome, los tres finales sucesivos de Las Señoritas… replican los planos finales de Bahía de Ángeles, Los Paraguas de Cherburgo y Lola.
Ambas, Lola y Las Señoritas de Rochefort asocian a los americanos con convertibles blancos.


- Para terminar, ¿qué aportan Gene Kelly y los otros bailarines norteamericanos al sabor francés que destila Las Señoritas de Rochefort?

- Dado el extraordinario impulso que Kelly le da a la película, es apenas sorprendente que Demy lo quisiera a él desde el vamos, a pesar de que tuvo que esperarlo dos años debido a sus compromisos previos.
Realmente Kelly trae la clase de euforia sin límites que los musicales viven para producir, como lo hacen, aunque en menor medida, Chakiris y Dale, los otros dos bailarines americanos.
Es la combinación de ese espíritu con el alma del elenco francés lo que le da a Las Señoritas de Rochefort su sabor distintivo.
Como la pareja formada por Jean Seberg con Jean-Paul Belmondo en Sin Aliento de Godard, o la unión de una trama de David Goodis con la cara de Charles Aznavour en Disparen sobre el Pianista de Truffaut, esta combinación provee el tipo de combustión que potenció a la Nouvelle Vague francesa y reinventó la energía cinematográfica en los 60´s.
Godard y Truffaut pudieron haber regado sus raíces, pero fue Demy quien produjo este relativamente tardío florecimiento, combinando las virtudes del musical de Hollywood con el realismo poético francés para producir estos frescos, coloridos pétalos.

- Con todo respeto, Sr Rosenbaum, usted tampoco parece del todo objetivo. Y es una gran satisfacción para mí percibirlo tan seducido como yo por este regalo cinematográfico. Gracias.


Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4.
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martes, 16 de junio de 2009

Las Señoritas de Rochefort. 3: Deconstruyendo a Descartes

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(Entrevista imaginaria con Jonathan Rosenbaum a partir de Not the Same Old Song and Dance, su estudio sobre Las Señoritas de Rochefort en el libro Essential Cinema. Traducción y transposición por Pablot)
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Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4 .


- En Las Señoritas de Rochefort los espectadores todo el tiempo estamos deseando que los enamorados finalmente se encuentren y por eso sufrimos un poco. ¿No flota una sensación pesimista en el ambiente?

- Aun cuando Las Señoritas de Rochefort es, bajo todo punto de vista, el film más optimista de Demy, el único en que cada personaje finalmente encuentra a quien ha estado buscando, los contactos fallidos que preceden a esta resolución son incesantes, y uno aun puede quedarse con un sentimiento de desesperanza a pesar del sobredeterminado final feliz.
De hecho, el segundito por el que antes de marcharse definitivamente Maxence pierde la posibilidad de cruzarse con Delphine en el café, bien podría ser el mayor momento trágico de todo el corpus de Demy, acaso sobrepasando al suicidio del final de Un Chambre En Ville. En contraste, cuando la “pareja ideal” sí finalmente se encuentra – una situación sólo representada oblicuamente en la toma final del film -, resulta una simple concesión a las convenciones de la comedia musical, registrándose sólo como una especie de ligero arreglo de postdata; porque lo que reverbera de manera más decisiva es la sensación de que los sueños simplemente perdieron la ocasión de concretarse.

- Sí, una sensación ambigua de plenitud y tristeza melancólica.

- De hecho, la totalidad de la película lo deja a uno en un único estado maníaco-depresivo, una especie de fuga poética en la que la desesperación sin límites y el exuberante optimismo coexisten. Ésta es la visión de Demy sobre la vida – Lola y Los Paraguas de Cherburgo están rellenas de la misma mixtura -, pero gracias a la optimista partitura de Legrand y al tamaño del lienzo, Las Señoritas… la transmite con una vibración y una luminosidad sin paralelo.
Si las danzas y las canciones representan la fantasía y las actividades cotidianas la realidad, no puede decirse que Demy alguna vez privilegie una sobre otra; él está más interesado en cómo fantasía y realidad interactúan o fallan en interactuar.
Uno podría decir que los contactos frustrados en la película representan la realidad – los personajes están demasiado enajenados por su vida cotidiana como para ver que sus sueños más preciados son obstaculizados o algo así -, y que los eventuales contactos exitosos representan la fantasía, la ensoñación que cierra las comedias musicales. Pero en realidad Demy es un dialéctico mucho más sutil, al convertir el principio cartesiano de la vida y cultura francesa “pienso, luego existo” a “sueño, y soñar es parte de la vida, por consiguiente: vivo”. Y esto Demy lo refuerza al colocar deliberadamente todos los números musicales en locaciones reales más que en sets o en estudios, llegando a un resultado en el que las conexiones fallidas entre los personajes se dan tanto en función de la mise en scène como de los encuentros casuales.
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- Usted escribió que, en este sentido, Demy es tanto un realista poético como un soñador. Tal vez esa imposibilidad de encasillarlo en una sola etiqueta incomodaba, ¿no cree?

- Demy confundió a ciertos críticos y públicos a lo largo de su carrera, tanto como lo hizo su mentor Tati, puesto que mantenía un pie muy firme en las realidades que filmaba, respecto de lo que varios estaban preparados para notar en esa época.
A espectadores acostumbrados a considerar a la fantasía como algo alternativo a la realidad más que como parte de la realidad de la consciencia, esta mezcla de Demy les termina pareciendo discordante, si bien también puede sacudirlo a uno el percibir una realidad mucho más rica de lo que la mayoría de los entretenimientos suele admitir.


- Volvamos un poco al trabajo conjunto entre Michelle Legrand y Jacques Demy para la plasmación de ese universo tan particular…

- Los encuentros azarosos y los contactos fallidos entre personajes son expresados no sólo espacial sino musicalmente en la banda musical compuesta por Legrand y en las delicadamente artesanales letras de Demy. La canción de Maxence sobre su búsqueda está replicada como canción de Delphine acerca de su propio vívido deseo; el relato de Simon Dame relativo a su amor perdido se transforma, con una apropiada alteración de su letra, en el lamento de la mismísima Yvonne por haberlo abandonado; el concierto de piano de Solange adopta letra luego de que Andy intercepta la partitura.


Muchas otras repeticiones son menos obvias que éstas. La canción que suena con la vigilancia policial de la multitud, por ejemplo, replica y agrega letra al tema secundario del número danzado en el comienzo del film situado en la plaza de la ciudad. Ambas secuencias enfatizan la preeminencia de lo comunitario sobre el destino individual: aquí, como en cualquier otro momento del metraje, Legrand y Demy enriquecen el sentido de otras escenas al jugar con los efectos emocionales y temáticos de la rima.


Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4 .
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domingo, 14 de junio de 2009

Las Señoritas de Rochefort. 2: El amor en el laberinto

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(Entrevista imaginaria con Jonathan Rosenbaum a partir de Not the Same Old Song and Dance, su estudio sobre Las Señoritas de Rochefort en el libro Essential Cinema. Traducción y transposición por Pablot )

Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4


- Hablemos un poco del argumento…

- El film, como usted sabe, se desarrolla en un único fin de semana. Un viernes a la mañana, un equipo de vendedores de botes, bicletas y motos llega en camiones, motocicletas y caballos a Rochefort en ferry, entre ellos Etienne (George Chakiris) y Hill (Grover Dale). A medida que fijan sus stands y escenarios en la plaza principal de la ciudad para la feria del domingo a la tarde, la cámara panea, se eleva con grua y nuevamente panea hacia el estudio donde Delphine (Catherine Deneuve) y su hermana melliza Solange (Francoise Dorleac) están dando clase combinada de música y danza a unos chicos.
Descubrimos que Delphine es profesora de ballet y bailarina, que Solange es compositora y cantante, y que ambas sueñan encontrar su ideal romántico y mudarse a París.

- Deneuve y Dorleac eran hermanas en la vida real…

- Sí, pero no mellizas. Dorleac, que muere el mismo año del estreno de Las Señoritas…, era un año mayor que Deneuve, y éste fue el único film en que aparecieron juntas.


Prosigo. Resulta que el hombre ideal de Delphine, al que ella nunca conoció, es un artista y marinero en ese momento de paso por Rochefort, Maxence (Jacques Perrin), y la mujer ideal que pintó en un cuadro - a la que ha estado buscando a través del globo -, es un calco perfecto de Delphine. Este lienzo está colgado en una galería de arte local manejada por el nada exitoso pretendiente de Delphine, Guillaume (Jacques Riberolles).
Las hermanas tienen un medio hermano de 10 años llamado Boubou, y la madre de los tres, Ivonne (Danielle Darrieux), administra un café-restaurante en la plaza de la ciudad, que tiene a Maxence, a Etienne y a Hill como clientes frecuentes. Sin saberlo la familia, el papá de Boubou ha regresado a Rochefort para dirigir una tienda de instrumentos musicales; Ivonne había reculado en la posibilidad de casarse con él años atrás, porque no podía enfrentar la perspectiva de se llamada Madame Dame.
Si bien Simon sabía que ella había tenido mellizas de un amor anterior nunca las había llegado a ver, por eso cuando Solange llega a su negocio y se vuelven conocidos no tiene idea de que ella es una de las hijas de Ivonne.


- El único que sabe todo en esta trama laberíntica de búsqueda de amores ideales es el espectador.

- Pasa también cuando Solange tropieza en la calle con un viejo amigo de Simon Dame, el famoso compositor y concertista de piano Andy Miller (Gene Kelly). Ella no tiene idea de que ese hombre es Miller, a quien quería conocer para hacerle escuchar el concierto que compuso. No intercambian nombres ni direcciones pero él se queda con una página de la partitura que ella olvida.
Mientras tanto, cuando dos de las jóvenes del show planeado para la feria del domingo escapan con una pareja de marineros, Etienne y Bill convencen a Delphine y a Solange para bailar un número en su lugar, prometiéndoles llevarlas posteriormente a París.
Aparte del asesino del hacha y los oscuros recordatorios periódicos de la cercanía de soldados entrenándose, esos son básicamente los elementos de la trama, y el café de Yvonne es el centro de todas las complejas idas y venidas.
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- Es curioso, pero todas esas idas y vueltas en el café, con personajes hablando, bailando, entrando o saliendo, sumadas a esa profundidad de campo que permite ver al mismo tiempo el movimiento cotidiano en la gran plaza, hicieron que evocara vagamente Playtime de Tati.
Tiempo después leí un artículo suyo en que lo asociaba en forma explícita.

- Como muchos de los edificios en Playtime, la estructura independiente del café posee unas ventanas gigantescas que posibilitan ver mucho del tráfico de las inmediaciones.
Pero, volviendo al argumento, resumamos diciendo que en sus movimientos intrincados, personajes que son uno para el otro se mantienen desencontrados mientras continúan sus rutinas diarias; en la mayoría de los casos ni siquiera se dan cuenta de que están ocupando la misma ciudad.


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viernes, 12 de junio de 2009

Las Señoritas de Rochefort. 1: Un jazz film incomprendido

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(Entrevista imaginaria con Jonathan Rosenbaum a partir de Not the Same Old Song and Dance, su estudio sobre Las Señoritas de Rochefort en el libro Essential Cinema. Traducción y transposición por Pablot)

Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4


- ¿Las Señoritas de Rochefort es su film musical favorito?

- Sí, a pesar de mi adicción de 30 años al disco doble de su banda de sonido recién hace poco tiempo pude verla subtitulada en inglés, y es ciertamente un musical excepcional tanto por su singularidad como por su reputación en EEUU. Además, rodado integramente en Rochefort, al sudoeste de Francia, es tanto un tributo a los grandes musicales hollywoodenses como una glorificación romántica quintaescencialmente francesa a la energía y al optimismo americano.

- ¿Qué opina del score de Michel Legrand?

- El mejor que compuso, ofreciendo una continua sucesión de canciones con letras de Jacques Demy, todas escritas en alejandrinos, como en el climático momento de la cena, más hablada que cantada.

- ¿La coreografía?

- Respecto de eso debo decir que va de la mediocridad, en las imitaciones afrancesadas de Norman Maen de las coreografías americanas de Jerome Robbins, a lo sublime: las de Gene Kelly sobre sus propios números. En definitiva, quizá el mejor ensamblaje de conexiones logradas y fallidas, aparte de Shakespeare y Playtime de Jacques Tati.

- ¿Y la razón por la que incluyó a Las Señoritas… como uno de los 10 mejores “jazz films”?

- Ud dice bien, no entre los mejores films de jazz ni entre aquellos sobre jazz filmado, sino rankeando alto como película en la que la estética del jazz y la del film encuentran un feliz lugar de encuentro mutuamente colaborativo.

- ¿Podría especificar un poco más este punto, ejemplificar?

- Por supuesto. Desde las improvisaciones en piano de Legrand hasta los tramos de scat cantado, pasando por las alusiones de Demy a Louis Armstrong, Count Basie, Duke Ellington y Lionel Hampton, esta película es puro swing.
Aun cuando su coreografía es menos de lo que pudo haber sido, las gruas rasantes, los prolongados paneos y la intrincada puesta en escena la hacen tan contagiosa como una sección rítmica de primera línea.


- Ud opina también que “desfamiliariza”, que “hace extraña” la forma del musical…

- Porque se la pasa desafiando la obsesiva simetría y frontalidad de los números musicales de Hollywood, con extras bailarines que aquí, en algunas tomas, se mueven en la periferia del marco . Más: hay dos alegres canciones sobre el asesino del hacha: “La mujer cortada en trozos” y otra justo después, cuando la policía controla a la multitud cerca de la escena del crimen. Y más aun: esos evidentes homenajes de Demy a musicales hollywoodenses tales como Un Americano en París o Los Caballeros las Prefieren Rubias que acaban haciendo que la película se vea más francesa que americana.

- Y de paso logrando, en mi opinión, una gran originalidad respecto de los musicales conocidos…

- ¡Claro!: la mayoría de ellos van de acá para allá alternando entre la historia - el diálogo hablado - y los números de danza y canto, creando a veces transiciones un poco fastidiosas. Pero Las Señoritas… , a menudo de una manera muy audaz, pone la historia y los números musicales al mismo tiempo, mezclándolos de varias formas y en diferentes proporciones. Por ejemplo, una de sus protagonistas puede estar caminando por la calle con transeúntes repentinamente bailando a su alrededor, entrar momentáneamente en la coreografía del grupo y luego continuar con su caminata.
Este curioso mix produce poderosas emociones profundamente vívidas, algo así como una exuberancia combinada con un sublime sentido de lo absurdo, atravesado por un casi constante sentido de pérdida, melancolía e inclusive tragedia.

- Pasión y distanciamiento, un oxímoron difícil de concebir pero constatable aquí, ¿verdad?

- Sí, pero la coexistencia de esa intensidad y ese extrañamiento genera inevitablemente que algunos espectadores norteamericanos incrédulos se rían burlándose y consideren todo el espectáculo como una pieza esotérica camp. Digamos que el espectador típico norteamericano encuentra dificultoso abrirse a esa estética sobrecargada.

- ¿Y el francés?

- En Francia este film del ´67 fue regularmente repuesto aun antes de la restauración que hiciera en 1996 su viuda Agnes Varda, quien, permítame comentarle, aparece allí brevemente personificada como monja. Justamente, en su maravilloso documental Las Señoritas Cumplen 25 Años, que vi en el Chicago International Film Festival en 1993, encontramos una adolescente francesa portando mochila que, orgullosa y calma, comenta que donde quiera que vaya lleva el cd de La Pasión según San Mateo de Bach y el video de Las Señoritas de Rochefort, no dispuesta siquiera a pasar una noche sin ellos. Tal grado de pasión respecto del arte parece demencial en una sociedad “utilitaria” y obsesionada con el dinero como la nuestra, pero es enteramente compatible con el grado de pasión expresado por el film en sí.


- Siguiendo con la recepción que tuvo esta película al momento de estrenarse en EEUU, ¿cuáles cree que fueron los motivos por los que Las Señoritas… tampoco fue bien tratada por la crítica?

- Un tema complejo. La opinión estatuida en mi país es que los más grandes logros de filmes musicales tales como los de Astaire-Rogers o Cantando Bajo la Lluvia son triunfos de ingeniería, coordinación y pericia; esto es casi como si juzgáramos este arte de la misma manera en que juzgamos nuestras bombas inteligentes y nuestros eventos deportivos. Esta estética cuantitativa no da lugar a la posibilidad de que un músico de técnica limitada como Thelonious Monk pueda ser mejor pianista que un virtuoso como Oscar Peterson. Y a menos que usted concluya que la única razón para la “técnica” es expresar lo que usted quiere expresar, los defectos técnicos de Las Señoritas de Rochefort estarán destinados a ser decepcionantes.
Fíjese, el veredicto del crítico Gary Carey a fines de los 70´s es característico, se lo leo: “Desafortunadamente Demy, que había sido tan bueno coreografiando los movimientos de la gente común a través de su cámara, no conoce cómo fotografiar la coreografía de bailarines; el film se desarma cuando alguno comienza a danzar y, puesto que siempre hay uno bailando, termina como una pila de muy bonitos escombros”.

- ¿La influyente crítica Pauline Kael también opinaba parecido?

- Igual, si bien expresado más elegantemente, escribió que una película como Las Señoritas… demostraba cómo aun un dotado francés que adoraba los musicales americanos malinterpretaba sus convenciones.

- No entiendo. Demy venía del batacazo de Los Paraguas de Cherburgo y ¿qué le pedían a su nuevo film?, ¿que imitara bien el estilo de los films musicales norteamericanos?

- Después de Los Paraguas… que, efectivamente, disfrutó de un éxito mundial, esta extravagancia – que tenía mayor presupuesto – bien podía ser considerada un intento de hacer lo imposible si uno la viera como una imitación del musical de Hollywood más que como una inspirada apropiación de algunos de sus elementos. Sería irrazonable esperar la réplica de un musical hollywoodense de un director sin experiencia en obras o films de ese tipo (fuera de Los Paraguas…), y sin los recursos de un estudio de Hollywood ni una tradición autóctona. Pero no hay razón para creer que Demy, un director con estilo completamente desarrollado y visión propia cuando hizo Las Señoritas…, había intentado reproducir algo que ya teníamos. En fin, la cuestión es que fue tan pobremente acogida en lo comercial cuando se estrenó en Nueva York en abril del ´68 que la carrera de Demy nunca se recuperó totalmente, y tuvimos que esperar 30 años para ver la película de nuevo.

miércoles, 10 de junio de 2009

Prólogo al desafío de traducir y transponer

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El asunto fue más o menos así. Tomado por Las Señoritas de Rochefort- ya aburro, ¿no? - intentaba una y otra vez destilar sus valores objetivos a partir de mi embelesamiento, justificar la pasión con una coartada racional, explicar el efecto de la droga por la acción sinérgica de sus componentes químicos. Menuda estupidez.
Hoy, luego de haberla vuelto a ver cuatro veces - solo, con Maré, con amigos - y de haber evangelizado inclusive a mi mamá, repensado parte del cine francés a la luz de su influjo y adoptada su música como banda de sonido de mi vida, sólo atino a dibujar un concepto indisociable de signos de admiración: "¡irrepetible!". O sea, mucho no logré avanzar en aquel proyecto de fundamentación neutral.

Sin embargo - parafraseando una vieja película de Richard Lester - algo gracioso ocurrió camino a Chicago. Hace unos meses mi esposa debió ir a esa ciudad por temas laborales y barajé mentalmente la posibilidad de que me trajera "de regalo" Essential Cinema, un libro del 2004 inexistente en Argentina y de momento sin traducción al español. Ni siquiera allí estaba muy disponible que digamos, pero el amor fue más fuerte y Maré volvió al hogar con ese pan bajo el brazo.


Escrito por Jonathan Rosenbaum, a la sazón crítico del Chicago Reader, cuya contundente demostracion de cómo la ideología de las fuerzas dominantes del mercado audiovisual conspira para limitar las películas que la gente puede ver - Movie Wars - ya había leído, defiende aquí, en esa misma línea y con fines educativos, la necesidad de pensar cánones; claro que unos alternativos a los de los ejecutivos publicitarios y los comentaristas mediáticos (que no críticos), generalmente armados de acuerdo a los rankings de los films en la taquilla.
Además, propone un canon personal abierto al cine de todos los países del mundo, con películas conocidas o acaso ignotas pero que en este momento - beneficio de la globalización tecnológica - están mucho más disponibles que décadas atrás para quienes deseen hallarlas.


Obra de casi 450 páginas que justifica todas sus inclusiones (de M a Rosetta, de Inteligencia Artificial a Kikujiro), y que no excluye la variable del gusto propio en un Apéndice con 1000 favoritas listadas por año (de 1895 al 2003), no pudo menos que emocionarme al incluir (¡sorpresa!):

- Una imagen de Las Señoritas de Rochefort compartiendo portada con las de Archangel de Maddin, La Ventana Indiscreta de Hitchcock y El Desprecio de Godard.

- Un asterisco que precede al título de Demy cuando Rosenbaum lista los 1000 favoritos personales, indicador de sus "100 films predilectos, una formación que [...] actualmente representa la crème de la crème" (Rosenbaum dixit, guarda).

Y...

- Un estudio de 7 páginas, Not the Same Old Song and Dance, que contextualiza y analiza Las Señoritas... desmenuzando tanto componentes (argumento, banda de sonido, puesta en escena, casting) como mixturas genéricas, cruces culturales Francia-Hollywood, y su "defamiliarización" de los típicos films musicales.
Este texto, pensé cuando lo leí por primera vez, me aportaba pistas para decodificar aquello que - tal como describí en los primeros párrafos - había estado intentando explicar por mis propios medios sin éxito: las claves de la magia, la fórmula del encanto del film que más amaba.

Y es verdad que la prosa de Rosenbaum ilumina muchos de sus aspectos pero, interesantemente, su búsqueda de fundamentaciones termina chocando, creo, con un muro infranqueable: su propia fascinación por Las Señoritas de Rochefort.
Conclusión 1: ¡Es que el todo es más que la suma de sus partes!
Conclusión 2: A Rosenbaum ya lo respetaba en lo intelectual...¡pero ahora lo quiero!

Bien, mi aporte al mundo: desde pasado mañana, día por medio, iré posteando en plan superproducción 4 notas consecutivas, resultado no sólo del desafío de traducir completo el lúcido Not the Same Old Song and Dance, sino de asumir otro aun mayor: su transposición a pieza conversacional, la entrevista imaginaria a Rosenbaum de un "periodista" muy poco objetivo.

Este acto de amor - acompañado por la sensación de emprendimiento absurdo - así, de prepo, estará inaugurando una mundialmente improbable Semana Internacional de Las Señoritas de Rochefort.


Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4
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