
Había olvidado la intensidad de Happy Together.
Gracias a esos momentos que solemos precipitar los que amamos compartir las películas que amamos ("sí, tenés razón, yo ya la vi, pero vos no y quiero acompañarte"), volví a recorrer esas callecitas de Buenos Aires que tienen un no sé qué...
. ...cuando las hace suyas un tremendo artista chino y las transforma en devenires del corazón anhelante.
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Wong Kar-wai filma aquí personas muy solas con ánimo de amar que supuran los escenarios de sus imposibilidades.
Un frío puente sobre el Riachuelo, veredas de tanguerías a la hora del desamparo, cines porno albergando un polvo casual, pensiones que asemejan conventillos: lugares que, al igual que el faro del fin del mundo en Usuahia o cataratas del Iguazú idealizadas, sólo existen como excrecencias del alma. Así, el sentimentalismo anega cada plano.
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. Pero como lo triste no quita lo furioso, la inevitable relación entre Lai Yu-Fai y Ho Po-Wing se expresará en el combate de los saturados colores pop contra el blanco y negro, y en los ralentis que buscan compensar momentos de estridente aceleración.
La ausencia del otro como cuchillo - ¡nadie capta las esperas del fumador, las volutas de humo elevándose, como el director de fotografía Christopher Doyle! – se suma a la necesidad de seguir buscando(se). Todo en una ciudad que, siendo uno gay, pobre, chino (o las tres cosas a la vez), condena a trabajos precarios, invisibiliza.
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. Y si bien la acción del film, en sincronía con su realización, transcurre en pleno menemismo, una de sus escenas, vista a la luz del omnipresente Mundial de Fútbol, me trajo una cuestión puntual. Que disfrute de los partidos no me impide considerar el carácter fascista del evento; ¿qué contradicción hay en esto? Justo ahora, cuando los sucesivos triunfos de nuestros gladiadores millonarios fogonean el aprovechamiento político, y cuando la euforia que identifica patria con camiseta impone un uniforme celeste y blanco sin matices, volví a toparme con esos segundos de picadito callejero rasca jugado por Tony Leung en San Telmo.
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Un momento de fútbol como catarsis y lugar de encuentro genuino, libre de ser el instrumento corporativo que direcciona y achata los sueños del mundo.
Afortunadamente, tal como los Zappas, Caetanos y Piazzollas que conviven en la banda de sonido de Happy Together, nuestro mundo seguirá siendo una ensalada de personas distintas que, en mayor o menor medida, tratan de salirse del casillero que les fijan.
Afortunadamente, tal como los Zappas, Caetanos y Piazzollas que conviven en la banda de sonido de Happy Together, nuestro mundo seguirá siendo una ensalada de personas distintas que, en mayor o menor medida, tratan de salirse del casillero que les fijan.
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