Independientemente de la estima que se les pueda tener a los Kirchner y a su construcción del bando enemigo, no es posible dudar de una verdad a todas luces visible: el menú del día está guionado por el Grupo Clarín.
Así, "la gente" (esa entelequia utilizada por el multimedios para imponer su decir como universal y necesario para todo el mundo), ha naturalizado el hábito de ser hablada por otros mientras emite, orgullosa, opiniones que imagina propias.

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Generalizaciones como las del párrafo anterior son, lo sé, un poco groseras, pero ocurre que en mi cotidianeidad la omnipresencia de su bajada de línea editorial (en todos sus formatos y canales de repetición) me obliga al esfuerzo extra de intentar eludirla, lo que a veces toma ribetes de cruzada obsesiva.
Los titulares del diario Clarín, leídos en forma distraída al pasar por el kiosko rumbo al subte, proveerán desde temprano el leit motiv conversacional de muchísimas personas, a quienes se les reforzará la papilla con la entrega gratuita del matutino La Razón.
Y a esto puede sumársele una probable dosis del canal TN recibida al despertar cuando, prendida la tele para ver la temperatura, cumple en advertir sobre "lo que hay que saber" antes de salir de casa.
Sorteadas esas trampas, uno todavía puede ser tomado por asalto por las múltiples teles de los bares. Suena la música característica, las cabezas giran hacia arriba, interrumpimos nuestra importante o banal charla y voilà, nuestras prioridades en letra de molde: ¡todos con el Campo! ¡repudiemos el puro populismo del futbol para todos (que le sacó el negocio a nuestro TyC Sports)! ¡qué impresentable esta Cristina, nunca estuvo peor el país!, etc...
Conclusión fácilmente perceptible: " la gente" operando a favor de los intereses del Grupo, dándole quorum.
¿Veo demasiadas películas? ¿tengo poca fe en la inteligencia del individuo para repensar lo que le vomitan los medios?
They live (John Carpenter, 1988, USA), con aquellos lentes inolvidables que permitían decodificar el sentido oculto de los mensajes cotidianos del Establishment lo ilustra con perfección metafórica..
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La cosa no mejora cuando luego -momento de gran soledad- los compañeros/as de trabajo presuponen que uno vió "lo de ayer".
¿Y qué es "lo de ayer"?
Pues, generalmente, el programa de Tinelli - misterio insondable para mí: ¿cómo es posible soportar que nos griten antes de acostarnos? - y, ultimamente, Valientes, novela exitosísima que hasta mi esposa estuvo consumiendo en dosis homeopáticas.
Como sea, siempre "estamos en Casa": un slogan de Canal 13 que, visto a la luz de la permanente radiación a la que nos somete su Grupo Clarín, suena en verdad perverso.
(¿Mencioné que mi hijo tiene la colección de Olé y a veces le publican allí sus cartas velezanas?)
Compartamos la declaración de sus principios y valores sita en su Home Page:
"En un mundo cada vez más globalizado, nuestro compromiso como grupo de comunicaciones se resume en una premisa: servir a la gente todos los días. Asumiendo la función de informar, opinar y entretener con identidad, los valores que nos caracterizan"
¿Quién podría estar en desacuerdo con estas bellas palabras, tan asépticas como escondedoras de prácticas monopólicas?
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En fin, lo que leyeron hasta acá fue un prólogo para comentarles que yo también sucumbí a esos tentáculos.
Y la culpa la tuvo el Corto Maltés.

Por una promo para comprar más barata la reedición de sus aventuras empecé a recibir la Eñe, revista cultural del Grupo.
Esta Eñe -¡qué aburrida es!- viene a suplir la anulación del suplemento de cultura gratuito que aparecía en el Clarín. Su competencia es la revista ADN, parte inescindible de la edición de los sábados del conservador diario La Nación que, por el solo hecho de no pagarse aparte, podría estar indicando un mayor compromiso por democratizar el acceso a la cultura ( -Risas aquí-)
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Por cierto, ubicar al Corto Maltés como cumbre de la historieta no es inexacto (a los fines del marketing) pero sí levemente anacrónico. Casi en simultáneo con los últimos periplos de la criatura de Hugo Pratt se editaba Watchmen de Moore/Gibbons, y del ´89 en adelante terminaría de conformarse, por ejemplo, ese increíble universo que Neil Gaiman delineó para su Sandman.
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Eso sí, por más placer que proporcione releer hoy al Corto bajo el formato de unos elegantes libritos que parecen colorizados artificialmente por Ted Turner, La Balada del Mar Salado siempre será quintaesencialmente blanco y negro. También en estos casos la memoria acude a la resistencia. Sépanlo.
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