Mostrando las entradas con la etiqueta John Carpenter. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta John Carpenter. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de marzo de 2010

La balada del mar mediático

.
Independientemente de la estima que se les pueda tener a los Kirchner y a su construcción del bando enemigo, no es posible dudar de una verdad a todas luces visible: el menú del día está guionado por el Grupo Clarín.
Así, "la gente" (esa entelequia utilizada por el multimedios para imponer su decir como universal y necesario para todo el mundo), ha naturalizado el hábito de ser hablada por otros mientras emite, orgullosa, opiniones que imagina propias.


















.
.
.

.
Generalizaciones como las del párrafo anterior son, lo sé, un poco groseras, pero ocurre que en mi cotidianeidad la omnipresencia de su bajada de línea editorial (en todos sus formatos y canales de repetición) me obliga al esfuerzo extra de intentar eludirla, lo que a veces toma ribetes de cruzada obsesiva.

Los titulares del diario Clarín, leídos en forma distraída al pasar por el kiosko rumbo al subte, proveerán desde temprano el leit motiv conversacional de muchísimas personas, a quienes se les reforzará la papilla con la entrega gratuita del matutino La Razón.
Y a esto puede sumársele una probable dosis del canal TN recibida al despertar cuando, prendida la tele para ver la temperatura, cumple en advertir sobre "lo que hay que saber" antes de salir de casa.

Sorteadas esas trampas, uno todavía puede ser tomado por asalto por las múltiples teles de los bares. Suena la música característica, las cabezas giran hacia arriba, interrumpimos nuestra importante o banal charla y voilà, nuestras prioridades en letra de molde: ¡todos con el Campo! ¡repudiemos el puro populismo del futbol para todos (que le sacó el negocio a nuestro TyC Sports)! ¡qué impresentable esta Cristina, nunca estuvo peor el país!, etc...
Conclusión fácilmente perceptible: " la gente" operando a favor de los intereses del Grupo, dándole quorum.

¿Veo demasiadas películas? ¿tengo poca fe en la inteligencia del individuo para repensar lo que le vomitan los medios?


They live (John Carpenter, 1988, USA), con aquellos lentes inolvidables que permitían decodificar el sentido oculto de los mensajes cotidianos del Establishment lo ilustra con perfección metafórica.











.
.
.
.

La cosa no mejora cuando luego -momento de gran soledad- los compañeros/as de trabajo presuponen que uno vió "lo de ayer".
¿Y qué es "lo de ayer"?
Pues, generalmente, el programa de Tinelli - misterio insondable para mí: ¿cómo es posible soportar que nos griten antes de acostarnos? - y, ultimamente, Valientes, novela exitosísima que hasta mi esposa estuvo consumiendo en dosis homeopáticas.
Como sea, siempre "estamos en Casa": un slogan de Canal 13 que, visto a la luz de la permanente radiación a la que nos somete su Grupo Clarín, suena en verdad perverso.

(¿Mencioné que mi hijo tiene la colección de Olé y a veces le publican allí sus cartas velezanas?)

Compartamos la declaración de sus principios y valores sita en su Home Page:

"En un mundo cada vez más globalizado, nuestro compromiso como grupo de comunicaciones se resume en una premisa: servir a la gente todos los días. Asumiendo la función de informar, opinar y entretener con identidad, los valores que nos caracterizan"

¿Quién podría estar en desacuerdo con estas bellas palabras, tan asépticas como escondedoras de prácticas monopólicas?

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

En fin, lo que leyeron hasta acá fue un prólogo para comentarles que yo también sucumbí a esos tentáculos.
Y la culpa la tuvo el Corto Maltés.




















Por una promo para comprar más barata la reedición de sus aventuras empecé a recibir la Eñe, revista cultural del Grupo.
Esta Eñe -¡qué aburrida es!- viene a suplir la anulación del suplemento de cultura gratuito que aparecía en el Clarín. Su competencia es la revista ADN, parte inescindible de la edición de los sábados del conservador diario La Nación que, por el solo hecho de no pagarse aparte, podría estar indicando un mayor compromiso por democratizar el acceso a la cultura ( -Risas aquí-)



.

.

.

.

.

.

Por cierto, ubicar al Corto Maltés como cumbre de la historieta no es inexacto (a los fines del marketing) pero sí levemente anacrónico. Casi en simultáneo con los últimos periplos de la criatura de Hugo Pratt se editaba Watchmen de Moore/Gibbons, y del ´89 en adelante terminaría de conformarse, por ejemplo, ese increíble universo que Neil Gaiman delineó para su Sandman.



.

.

.

.

.

.

.

Eso sí, por más placer que proporcione releer hoy al Corto bajo el formato de unos elegantes libritos que parecen colorizados artificialmente por Ted Turner, La Balada del Mar Salado siempre será quintaesencialmente blanco y negro. También en estos casos la memoria acude a la resistencia. Sépanlo.

.

domingo, 16 de agosto de 2009

¿Pelota playera con garras? ¿bombas filosóficas?














.
Si hay un eslabón perdido – en el sentido de poco conocido - en la dinastía de los alien que en la pantalla han sido, ese es el bicho de la super setentosa Dark Star de John Carpenter. Por varias razones: hacia atrás, por estar atravesado por una estética pop entre psicodélica y lisérgica (¡vean la foto!); hacia adelante, porque anticipa en cinco años, sólo que de un modo más juguetón, la amenaza del Alien en las entrañas de la nave espacial.

Ya vuelvo con esa alimaña de apariencia inofensiva, antes déjenme contarles de qué va este poco conocido Carpenter cosecha ´74:

Los barbudos astronautas de la Dark Star se dedican a destruir planetas para despejar caminos intergalácticos, mientras desde la tierra declaran estar orgullosos de “sus muchachos”, los felicitan, ponen banderas a media asta ante la muerte de uno de ellos, y les comunican que, lamentablemente, no pueden enviarles ayuda a causa de recortes presupuestarios.
Presenciamos sus rutinas: fumar, divagar, escuchar la música relajante que les provee la Computadora a cargo, enfrentar el dilema de la falta de papel higiénico y, esporadicamente, detonar bombas. Hasta que algo falla y todo, incluyéndolos a ellos, explota. The End.
( También “This is the end, my only friend, the end” porque, coherentemente, aquí en el espacio como en la mirada helicóptera de Martin Sheen en la posterior Apocalypse Now, el tema de los Doors podría reforzar la clara alusión a la hecatombe intervencionista de Vietnam, sugerida en el gradual aislamiento de los astronautas en terra incognita por el propio Congreso que los envió)

Por la mitad de la trama, hay que dar de comer al alien “mascota” (!).
Pero esa especie de pelota de plástico playera con garras no quiere tomar la sopa (!!), y empieza a esconderse por ahí, sin ánimo de volver a su reducto.
El sargento Pinback – rulo del rulo: Dan O´Bannon, guionista tanto de Dark Star como de Alien – intenta convencerlo: “Mira perrito, ¿quieres tu ratón de juguete?, ven, perrito…”(!!!), pero el maldito se le sube en la espalda, le hace cosquillas y se escabulle por los conductos de la nave.
Una situación naif que poco a poco se le va volviendo extremadamente difícil al astronauta, con peligros tales como avanzar por un borde sinuoso que da al vacío o terminar aplastado por un ascensor.

La otra gran invención del film es la pensante Bomba Nro 20.
.











.
.
- ¿Cuál es tu primer objetivo en la vida?
- Explotar, evidentemente.

Esta Bomba, tan cercana a la computadora HAL 9000 de la 6 años anterior 2001, consigue parodiarla y a la vez trascenderla, puesto que no sólo es igualmente autónoma y potencialmente asesina de la tripulación a partir de una – supuesta - malfunction sino que, dialogando socráticamente con quien intenta desactivarla, logra que palpitemos una de las secuencias más explícitamente filosóficas de la historia del cine.
La Nro 20, intuitivamente convencida de su existencia (“Pienso, luego existo”), sale a la rampa e inicia el conteo para su explosión; el astronauta Doolittle intenta disuadirla argumentando que las evidencias que le revelan sus sensores podrían no ser correctas; ella, entonces, duda sobre su existir al comprender que cuanto sabe del mundo exterior le llega a través de conexiones eléctricas. Pero cuando la amenaza parece conjurada - ¿quién dijo que el suspense está reñido con las preguntas fundamentales de la fenomenología? – la Nro 20 concluye que Doolittle le estuvo dando premisas falsas y decide ignorarlo para realizar su Ser…

¡Lo único que existe soy yo! Al principio todo estaba oscuro y la oscuridad no tenía forma…y desde dentro de la oscuridad, ¡aparecí yo! Y separé las tinieblas y creé la luz…y vi que la luz estaba sola.

…que consiste en reventar.

¡Hágase la luz!

Con el parafraseo bizarro del Genesis bíblico o, mejor, con la puesta en acto del concepto nietzscheano de “voluntad de poder” que busca expandir su fuerza aun en detrimento de la propia existencia, lo cierto es que esta Nro 20, tan verosímil como Dios, es un gran personaje.

Y hay más en esta película de escaso presupuesto y duración, tan inteligente como profunda y divertida (no tiene por qué haber contradicción en los términos).




.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
No olvidemos que era la época en que comenzaban a descollar nuevos directores narradores que bebían en el estilo clásico de Ford, Hawks o Walsh, con personajes delineados a partir de la acción, montaje paralelo de situaciones para crear suspenso, e historias fuertes enmarcadas por géneros.
- Walter Hill en El Peleador Callejero (1973) dirigiendo a Charles Bronson en un relato de la Depresión;
- Brian De Palma despuntando a Hitchcock en Sisters (1973);
- el mismo Carpenter, apenas iniciándose y ya asomando aquí los pilares del estilo que terminaría de fijar en la hawksiana Asalto al Precinto 13 (1976).
¡Cuanta expectativa, cuanto puro entusiasmo generaba la visión de estas películas en los cines de estreno o cuando las volvíamos a rever en las cinematecas (independientemente de la calidad de las copias)!
Había, en general, más sustancia y menos packaging, ¿no?
.