
¿Es El Origen de Christopher Nolan una obra de Arte con A mayúscula?
No.
¿Es una película con una historia para contar, consigue hacerlo en forma correcta y entretenida, haciéndonos querer saber como va a terminar?
Si.
¿Es necesario pedirle algo más?
La respuesta la da cada espectador, según su gusto, aún cuando el film sí nos dé algo más.
La primera discrepancia que tengo con todas las críticas que he leído, reside en cual es el tema principal de la película, que no es ni El Sueño, ni mucho menos Lo Onírico.
A mi me gusta más pensarla como una exploración de lo laberíntico y creo que a Nolan también. A la peli me remito y, fíjense que cuando Di Caprio-Cobb debe contratar a una nueva arquitecta del sueño, Ariadne, no le audita los sueños, sino que le pide que le haga en dos minutos un laberinto que él tarde un mínimo de un minuto en resolver.
En una película llena de efectos especiales que van desde la suspensión de la gravedad hasta el plegado del espacio, la imagen se simplifica en una Ariadne dibujando en un papel un laberinto plano, primero con rectas al estilo de los que aparecían en la Anteojito (aquí es donde perdí a los lectores jóvenes) que, por supuesto, no le sirven para obtener el trabajo, para luego pasar a uno curvo mucho más efectivo, de círculos concéntricos que se enroscan sobre si mismos.
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Siguiendo con lo laberíntico, notemos que el supuesto objetivo final, la caja fuerte a abrir en el tercer nivel de realidad (o de sueño, si así quieren llamarlo), tiene un asombroso parecido con la pared de una caja china.
Este objetivo final es ficticio, por supuesto.
Porque el tema central gira sobre el sentido último de la realidad, parásito más resistente que una bacteria o un virus: la idea.
No cualquier idea, sin embargo, sino la que infecta la mente de Mal
¿Lo que percibo es real o me lo estoy inventando?
En eso si se emparenta con Matrix, sólo que donde los Wachowski recitan filosofía de texto, Nolan presenta acción pura.
El Sueño es un mero fondo, un teatro donde disponer la acción y no se trata del sueño ordinario, individual, sino de algo nuevo, diseñado y programado. ¿Cómo? Sólo se nos dan unos pocos elementos para saberlo. Se trata de algo desarrollado por el ejército para entrenar a sus soldados en el dolor, la gente se conecta con cables, los comparte, se usa una máquina transportable en una valija en donde algunos botones cilíndricos son presionados.
De nuevo las analogías y las diferencias con Matrix, en lugar de las sesiones de entrenamiento en donde escenarios y habilidades se cargan desde un disquette, apenas si damos un paseo por un París que se dobla sobre sí mismo. ¿Cómo diseña Ariadne sus laberintos? ¿Cómo les da textura?
Yo opto por imaginar que la máquina de la valija es programable y que esos programas son introducidos en las mentes de los durmientes, ustedes pueden imaginar cualquier otra cosa.
Lo que está claro es que estos sueños programados nada tienen que ver con desmesuras oníricas lyncheanas o de Dalí, jamás fue esa la intención de Nolan y su función en la historia es meramente decorativa, de soporte. Nos dan unas reglas arbitrarias pero fijas (como por ejemplo la de las correlaciones temporales sucesivamente crecientes entre capas cada vez más profundas de sueño) sobre las que se construyen los laberintos.
Una vez construido este universo propio, con una lógica interna sin fisuras, si usted espectador decide dar el “salto de fé” (y yo lo hice sin dudarlo) olvídese del sueño. La cosa va por otro lado.
Hay como mínimo dos niveles de lectura.
Por un lado tenemos la película pochoclera, con efectos especiales, persecuciones en auto, tiros, explosiones, fortalezas que conquistar y una caja-fuerte-voluntad-del-heredero que violentar. Sin embargo noten que a diferencia de las pelis pochocleras, no hay buenos y malos (y si no me creen díganme entonces qué es Saito ¿un codicioso empresario que quiere destruir a la competencia o alguien que quiere poner un límite a una multinacional que amenaza con monopolizar la energía? La clásica paradoja Néstor-Magnetto).
O, la idea inceptada (a falta de un mejor verbo) ¿va a destruir un imperio o a reconciliar a un pobre niño rico con su difunto padre?
La acción está allí para vender entradas, como no, pero también para solidificar con imágenes y no discursivamente, el transcurrir del tiempo entre los distintos niveles de realidad; mientras en el nivel más superficial todo es frenético, corren los autos, llueven las balas, en el más profundo la gente vive una vida, construye un mundo propio y envejece hasta la decrepitud.
En otro nivel de lectura, estamos en un universo dickeano (de Philip K. Dick) paranoico, en donde es necesario llevar un totem, una pieza de forma, textura y peso inusual y solamente conocida por su dueño, que ningún otro debe tan siquiera tocar so pena de convertir la realidad y el sueño en indistinguibles.
Pero como en todo universo dickeano, la duda es intrínseca, estructural. El trompo-totem de Cobb, el supuesto soñador en cuyo sueño están todos inmersos, no es de Cobb sino de su esposa Mal, supuestamente muerta. Pero entonces, ¿dentro de que sueño estamos?
Al final, cuando Cobb vuelve a casa y después de tantas nucas repetidas consigue ver la cara de los hijos que, en la supuesta realidad, se hallan exactamente en el lugar y con la actitud que se repite en todos sus sueños, todo parece arreglarse y la película pochoclera tiene su final feliz. Es justo en ese momento cuando Cobb hace girar el trompo.
En ese universo tan poco onírico y de reglas tan precisas y establecidas, si el trompo deja de girar y cae, estamos despiertos, pero si gira ad infinitum estamos dentro de otra de las capas de la cebolla dibujadas en el papel por Ariadne, dentro del sueño de alguien, alguien que incluso puede ser la quizá no tan muerta Mal.
Y en el instante en que el giro del trompo se hace trastabillante, justo cuando puede caer y detenerse o enderezarse y seguir con su giro infinito, justo en ese momento la película termina.
No es una película extraordinaria, aunque sí entretenida. Si se la critica, que no sea porque los sueños son otros que los que soñamos ni porque nos dé todo masticado.
Lo que me parece interesante, al igual que en la primer Matrix, es cómo en un producto con todos los elementos del mainstream, cuelan con habilidad ideas y temáticas personales completamente por fuera de la estrechísima agenda del showbiz.
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viernes, 12 de noviembre de 2010
Volviendo a El Origen
Por: Rody
Etiquetas:
Christopher Nolan,
Colaboradores: Rody,
El origen
viernes, 6 de agosto de 2010
Usted está en un sueño
Ud está en un sueño, pero en uno de alta definición, estructurado en niveles delimitados a los que se accede escalonadamente por claves. Quédese tranquilo, aquí no se va a perder como en esos delirios que le quieren hacer pasar por lo que a usted le sucede mientras duerme y que no se entienden nada. Nuestra empresa posee un pulcro micro ejército de profesionales con el expertise necesario para diseñar, modificar y, sobre todo, explicar todo lo que erróneamente se cree inmanejable o, peor, libre.
Por eso es que usted puede repantigarse en la butaca confiado, porque ya nos contrató otras veces y sabe que eludimos esos sueños que se muerden la cola ad infinitum y pueden volvernos tan paranóicos. No. Con nosotros, cuando el sueño se acaba se acaba y uno puede volver a su vida conservadora y previsible.
Hay personas masoquistas que insisten en contratar técnicos que trabajan por fuera de nuestra Compañía, obteniendo así unos sueños que, sea por la ineficiencia o la veleidad de esos outsiders, terminan deviniendo tensos, cuando no totalmente incomprensibles; viaje con un Maddin, con un Lynch, después me cuenta...
Cabe aclarar que si bien nos guía un espíritu comercial, nuestra visión y misión es garantizar sueños mullidos para la mayor parte de la humanidad, gente que sólo pretende pasar el rato disfrutando del vértigo y de las historias sin componentes ideológicos. Por eso, el retorno de nuestras millonarias inversiones es, al mismo tiempo, una profunda satisfacción espiritual.
Por eso es que usted puede repantigarse en la butaca confiado, porque ya nos contrató otras veces y sabe que eludimos esos sueños que se muerden la cola ad infinitum y pueden volvernos tan paranóicos. No. Con nosotros, cuando el sueño se acaba se acaba y uno puede volver a su vida conservadora y previsible.
Hay personas masoquistas que insisten en contratar técnicos que trabajan por fuera de nuestra Compañía, obteniendo así unos sueños que, sea por la ineficiencia o la veleidad de esos outsiders, terminan deviniendo tensos, cuando no totalmente incomprensibles; viaje con un Maddin, con un Lynch, después me cuenta...
Cabe aclarar que si bien nos guía un espíritu comercial, nuestra visión y misión es garantizar sueños mullidos para la mayor parte de la humanidad, gente que sólo pretende pasar el rato disfrutando del vértigo y de las historias sin componentes ideológicos. Por eso, el retorno de nuestras millonarias inversiones es, al mismo tiempo, una profunda satisfacción espiritual.
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Pero no somos necios y, headhunters al fin, intentamos atraer a los artesanos más capaces para que trabajen con nosotros: en algunos casos lo logramos a costa de permitirles algún exabrupto (¿eran necesarios todos esos reptiles en Un maldito policía en Nueva Orleans, herr Herzog?), mas en general suelen adaptarse lo más bien a nuestra manera de contar y producir sueños, aggiornando sus particularidades en aras de llegar a multitudes. Y no les pagamos nada mal, convengamos.
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Nos enorgullece haber tenido ya en 1945 a un colaborador como Dalí diseñando una secuencia onírica en Spellbound aunque, por supuesto, no le permitimos desatar sus excentricidades sin enmarcarlas previamente con la introducción de un personaje psiquiatra que facilitara su total comprensión:
"Bien, aquí es donde intervienen los sueños, ellos nos dicen lo que estamos intentando ocultar, pero lo dicen todo muy claro, como las piezas de un rompecabezas sin armar. El problema del psiquiatra es examinar este rompecabezas, unir las piezas en los sitios que corresponden y averiguar qué diablos está usted intentando decirse a sí mismo"

En sintonía con esa diáfana precisión que indica con ánimo constructivo cómo deben leerse las imágenes del sueño que inmediatamente sucede a continuación, creemos igualmente que el corto de 1929 Un perro andaluz hubiera ganado espectadores si Buñuel hubiera precedido el plano del ojo tajeado por la navaja con un intertítulo explicativo : "Tajear el ojo para entrar al reino maravilloso del subconsciente", o similar.
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Volviendo al presente sueño en el que usted está embarcado y que tiene como cicerone a Leonardo Di Caprio podemos asegurarle que:
1) Se halla descontaminado de las confusas aspiraciónes filosóficas que lastraban nuestra franquicia Matrix.
2) No va a perderse en símbolos: a cada porción de contenido manifiesto le sucederá un segmento aclaratorio del contenido latente, a manera de Freud para dummies.
3) Tendrá a disposición toneladas de imágenes asombrosas generadas por CGI, así como todas las escenas de acción que, conforme a la reglamentación blockbuster, no pueden saltearse.
(Y hemos liquidado a más de un traidor pro-japonés que insinuaba que el animé Paprika, con su adminículo grabador de sueños, era sustancialmente mejor. Pero esto recordado entre paréntesis usted nunca lo sabrá).
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FOTOS:
El origen/Inception, Un maldito policía en Nueva Orleans de Werner Herzog (rodaje), Spellbound de Alfred Hitchcock, El perro andaluz de Luis Buñuel, otra de El Origen/Inception, y Paprika de Satoshi Kon.
NOTA:
Post escrito bajo los efluvios del film El origen/Inception de Christopher Nolan y la novela satírica Nuestra pandilla de Phillip Roth que estoy leyendo por estos días.
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Etiquetas:
Christopher Nolan,
El origen
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