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lunes, 22 de junio de 2009

CINECLUB LUNARIA - "Las Señoritas de Rochefort" de Jacques Demy - Viernes 26/06 - 21hs

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Créase o no, como si jugueteando con una (me cito) "improbable Semana Internacional de Las Señoritas de Rochefort" la hubiera terminado invocando, ocurrió que los amigos del Cineclub Lunaria cometieron la imprudencia de preguntarme si no me animaba a programar algo para el próximo viernes 26 de junio y a co-coordinar con ellos el debate posterior.
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Vayan, no se la pierdan.
No quiero condicionarlos, sólo sepan que para quien esto escribe Las Señoritas... es su película favorita.
Aquí abajo los links a todas las notas que escribí sobre ella en orden cronológico de publicación.
Y, más abajo, la invitación "formal" con un dialoguito introductorio pergeñado para la ocasión. Nos vemos allí !!!!

AMIGAS/OS:

El próximo Viernes 26 de Junio - 21hs, estaremos proyectando Las Señoritas de Rochefort (1967), del francés Jacques Demy, un tesoro cinéfilo que combina arte, popularidad e...invisibilidad (en nuestro país no se editó ni en VHS ni en DVD y, más allá de su lejano estreno, sólo fue posible volver a verla el año pasado en un Ciclo dedicado a su director, en la Sala Lugones del TGSM)
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- ¿Quéee?, ¿un film musical en Lunaria?
- Sí, no sólo de Herzog, Hitchcock o Assayas vive el hombre.
- ¿Y qué tiene de especial?
- Bueno, en principio, Jonathan Rosenbaum, uno de los mayores referentes mundiales actuales en el campo de la crítica de cine, dice que Las Señoritas de Rochefort es su musical favorito, y escribe de ella cosas como ésta (dejame traducirte el final del extenso estudio que le dedicó):
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"Realmente Kelly [Gene] trae la clase de euforia sin límites que los musicales viven para producir, como lo hacen (...) los otros dos bailarines americanos en el film.
Es la combinación de ese espíritu con el alma del elenco francés lo que le da a Las Señoritas de Rochefort su sabor distintivo.
Como la pareja formada por Jean Seberg con Jean-Paul Belmondo en Sin Aliento de Godard, o la unión de una trama de David Goodis con la cara de Charles Aznavour en Disparen sobre el Pianista de Truffaut, esta combinación provee el tipo de combustión que potenció a la Nouvelle Vague francesa y reinventó la energía cinematográfica en los 60´s.
Godard y Truffaut pudieron haber regado sus raíces, pero fue Demy quien produjo este relativamente tardío florecimiento, combinando las virtudes del musical de Hollywood con el realismo poético francés para producir estos frescos, coloridos pétalos."
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- Suena prometedor, ¿y vos qué opinás?
- No puedo ser objetivo con esta película (ni con otra), pero digamos que reune un elenco irrepetible para contar una historia de amores desencontrados en una Rochefort danzante y laberíntica, que trabaja el color y la banda de sonido de una manera absolutamente original y, además, como toda gran comedia, esconde una tristeza infinita.
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Como es costumbre, para los que se quieran quedar, luego de la Proyección realizaremos un debate sobre el Film.
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Ya se encuentran abiertas las reservas.
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Confirmar asistencias vía mail o por teléfono al 4704-5254.

Muchas Gracias por su participación!
Saludos!

CINECLUB LUNARIA
Iberá 1629 (entre Montañeses y Arribeños) – Nuñez
Tel: 4704-5254
Bono Contribución $10 (incluye Vino, Té o Café)


TITULO ORIGINAL Les demoiselles de Rochefort
AÑO1967
DURACIÓN 125 min.
PAÍS Francia
DIRECTOR Jacques Demy
GUIÓN Jacques Demy
MÚSICA Michel Legrand
FOTOGRAFÍA Ghislain Cloquet
REPARTO Catherine Deneuve, François Dorléac, Danielle Darrieux, George Chakiris, Gene Kelly, Michel Piccoli, Jacques Perrin, Henri CrémieuxPRODUCTORAMadeleine Films / Parc Film
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EL DIRECTOR

Jacques Demy (Pontchâteau, cerca de Nantes, en Loire-Atlantique, 5 de junio de 1931-París, 27 de octubre de 1990) fue un cineasta francés, uno de los más destacados representantes de la Nouvelle Vague. Dentro de este movimiento, su obra es bastante inusual, ya que no se interesó demasiado por la experimentación formal, como Alain Resnais, ni por la agitación política, como Jean-Luc Godard. Entre sus obras hay musicales (género en el que alcanzó éxito internacional, sobre todo con la película Los paraguas de Cherburgo), cuentos de hadas y homenajes a la edad dorada de Hollywood. Su mundo tiene ciertas similitudes con el de otro gran cineasta de la Nouvelle Vague, François Truffaut.

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viernes, 19 de junio de 2009

Las Señoritas de Rochefort. 4: La belleza de la imperfección

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(Entrevista imaginaria con Jonathan Rosenbaum a partir de Not the Same Old Song and Dance, su estudio sobre Las Señoritas de Rochefort en el libro Essential Cinema. Traducción y transposición por Pablot)

Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4


- Desde que la vi hace un año y medio en el cine y en copia impecable, se ha convertido en mi película favorita; y que no ha sido una pasión efímera se corrobora cada vez que vuelvo a verla. Conclusión: no puedo ser muy “objetivo” analizándola. ¿Las Señoritas de Rochefort es una obra maestra?

- Las obras maestras normalmente connotan perfección, pero podría argumentarse que algunas de las imperfecciones de Las Señoritas… realzan la totalidad de la experiencia al acercarla más a la vida, haciendo a los actores más vulnerables. (Otras imperfecciones, como los “chivos” de productos durante la climática feria – otro paralelo con Playtime, dado algunos carteles de neón – son simplemente recordatorios de las dificultades para hacer películas francesas de gran presupuesto). Darrieux, por ejemplo, es la única del elenco que escuchamos cantar con su propia voz, si bien el doblaje de los otros se lleva a cabo bien en general, con las voces que los doblan cuidadosamente coordinadas (incluyendo el francés de Gene Kelly). Más artificiales son las performances de Delphine y Solange en trompeta y flauta.


- Absolutamente adorables.
¡ Y esas miradas de ironía cómplice de Solange hacia nosotros cuando se sienta al piano y pareciera decirnos: “ojo, no se lo crean demasiado, sólo finjo que toco realmente" !
Puro y maravilloso metalenguaje.

- Ya me doy cuenta de que, tal como usted admitió, la objetividad no es lo suyo.
Pero déjeme decirle que, en relación a los planes originales de Demy para la película, es un milagro que haya resultado tan bien como resultó. Antes de seleccionar Rochefort como su locación él consideraba hacer Las Señoritas de Avignon, Las Señoritas de Hyeres, Las Señoritas de Toulouse y las Señoritas de La Rochelle, entre otras. Rochefort terminó ganando por el tamaño de su plaza central, a pesar de que el diseñador de producción Bernard Evein halló necesario repintar 40.000 metros cuadrados de fachadas de la ciudad (y a pesar de eso André Téchiné ha citado a la película como una de las mejores hechas alguna vez sobre esta parte de Francia).
Más improbable aun, Demy pensaba originalmente en reclutar a Brigitte Bardot y a Geradine Chaplin para hacer de las hermanas gemelas.

- ¿Encuentra ecos y motivos de obras anteriores de Demy en este film?


- Demy planeaba ampliar las referencias a Los Paraguas de Cherburgo contratando a Nino Castelnuovo, el héroe de esa película, como Bill. Castelnuovo no estaba disponible y entonces Demy tuvo que cambiar el guión.


Pero vale la pena señalar que la víctima – que no vemos – del asesino del hacha es Lola, la heroína del primer largo que realizó. Y hay muchas otras alusiones a sus films más tempranos.


De acuerdo al crítico Jean-Pierre Berthome, los tres finales sucesivos de Las Señoritas… replican los planos finales de Bahía de Ángeles, Los Paraguas de Cherburgo y Lola.
Ambas, Lola y Las Señoritas de Rochefort asocian a los americanos con convertibles blancos.


- Para terminar, ¿qué aportan Gene Kelly y los otros bailarines norteamericanos al sabor francés que destila Las Señoritas de Rochefort?

- Dado el extraordinario impulso que Kelly le da a la película, es apenas sorprendente que Demy lo quisiera a él desde el vamos, a pesar de que tuvo que esperarlo dos años debido a sus compromisos previos.
Realmente Kelly trae la clase de euforia sin límites que los musicales viven para producir, como lo hacen, aunque en menor medida, Chakiris y Dale, los otros dos bailarines americanos.
Es la combinación de ese espíritu con el alma del elenco francés lo que le da a Las Señoritas de Rochefort su sabor distintivo.
Como la pareja formada por Jean Seberg con Jean-Paul Belmondo en Sin Aliento de Godard, o la unión de una trama de David Goodis con la cara de Charles Aznavour en Disparen sobre el Pianista de Truffaut, esta combinación provee el tipo de combustión que potenció a la Nouvelle Vague francesa y reinventó la energía cinematográfica en los 60´s.
Godard y Truffaut pudieron haber regado sus raíces, pero fue Demy quien produjo este relativamente tardío florecimiento, combinando las virtudes del musical de Hollywood con el realismo poético francés para producir estos frescos, coloridos pétalos.

- Con todo respeto, Sr Rosenbaum, usted tampoco parece del todo objetivo. Y es una gran satisfacción para mí percibirlo tan seducido como yo por este regalo cinematográfico. Gracias.


Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4.
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martes, 16 de junio de 2009

Las Señoritas de Rochefort. 3: Deconstruyendo a Descartes

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(Entrevista imaginaria con Jonathan Rosenbaum a partir de Not the Same Old Song and Dance, su estudio sobre Las Señoritas de Rochefort en el libro Essential Cinema. Traducción y transposición por Pablot)
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Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4 .


- En Las Señoritas de Rochefort los espectadores todo el tiempo estamos deseando que los enamorados finalmente se encuentren y por eso sufrimos un poco. ¿No flota una sensación pesimista en el ambiente?

- Aun cuando Las Señoritas de Rochefort es, bajo todo punto de vista, el film más optimista de Demy, el único en que cada personaje finalmente encuentra a quien ha estado buscando, los contactos fallidos que preceden a esta resolución son incesantes, y uno aun puede quedarse con un sentimiento de desesperanza a pesar del sobredeterminado final feliz.
De hecho, el segundito por el que antes de marcharse definitivamente Maxence pierde la posibilidad de cruzarse con Delphine en el café, bien podría ser el mayor momento trágico de todo el corpus de Demy, acaso sobrepasando al suicidio del final de Un Chambre En Ville. En contraste, cuando la “pareja ideal” sí finalmente se encuentra – una situación sólo representada oblicuamente en la toma final del film -, resulta una simple concesión a las convenciones de la comedia musical, registrándose sólo como una especie de ligero arreglo de postdata; porque lo que reverbera de manera más decisiva es la sensación de que los sueños simplemente perdieron la ocasión de concretarse.

- Sí, una sensación ambigua de plenitud y tristeza melancólica.

- De hecho, la totalidad de la película lo deja a uno en un único estado maníaco-depresivo, una especie de fuga poética en la que la desesperación sin límites y el exuberante optimismo coexisten. Ésta es la visión de Demy sobre la vida – Lola y Los Paraguas de Cherburgo están rellenas de la misma mixtura -, pero gracias a la optimista partitura de Legrand y al tamaño del lienzo, Las Señoritas… la transmite con una vibración y una luminosidad sin paralelo.
Si las danzas y las canciones representan la fantasía y las actividades cotidianas la realidad, no puede decirse que Demy alguna vez privilegie una sobre otra; él está más interesado en cómo fantasía y realidad interactúan o fallan en interactuar.
Uno podría decir que los contactos frustrados en la película representan la realidad – los personajes están demasiado enajenados por su vida cotidiana como para ver que sus sueños más preciados son obstaculizados o algo así -, y que los eventuales contactos exitosos representan la fantasía, la ensoñación que cierra las comedias musicales. Pero en realidad Demy es un dialéctico mucho más sutil, al convertir el principio cartesiano de la vida y cultura francesa “pienso, luego existo” a “sueño, y soñar es parte de la vida, por consiguiente: vivo”. Y esto Demy lo refuerza al colocar deliberadamente todos los números musicales en locaciones reales más que en sets o en estudios, llegando a un resultado en el que las conexiones fallidas entre los personajes se dan tanto en función de la mise en scène como de los encuentros casuales.
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- Usted escribió que, en este sentido, Demy es tanto un realista poético como un soñador. Tal vez esa imposibilidad de encasillarlo en una sola etiqueta incomodaba, ¿no cree?

- Demy confundió a ciertos críticos y públicos a lo largo de su carrera, tanto como lo hizo su mentor Tati, puesto que mantenía un pie muy firme en las realidades que filmaba, respecto de lo que varios estaban preparados para notar en esa época.
A espectadores acostumbrados a considerar a la fantasía como algo alternativo a la realidad más que como parte de la realidad de la consciencia, esta mezcla de Demy les termina pareciendo discordante, si bien también puede sacudirlo a uno el percibir una realidad mucho más rica de lo que la mayoría de los entretenimientos suele admitir.


- Volvamos un poco al trabajo conjunto entre Michelle Legrand y Jacques Demy para la plasmación de ese universo tan particular…

- Los encuentros azarosos y los contactos fallidos entre personajes son expresados no sólo espacial sino musicalmente en la banda musical compuesta por Legrand y en las delicadamente artesanales letras de Demy. La canción de Maxence sobre su búsqueda está replicada como canción de Delphine acerca de su propio vívido deseo; el relato de Simon Dame relativo a su amor perdido se transforma, con una apropiada alteración de su letra, en el lamento de la mismísima Yvonne por haberlo abandonado; el concierto de piano de Solange adopta letra luego de que Andy intercepta la partitura.


Muchas otras repeticiones son menos obvias que éstas. La canción que suena con la vigilancia policial de la multitud, por ejemplo, replica y agrega letra al tema secundario del número danzado en el comienzo del film situado en la plaza de la ciudad. Ambas secuencias enfatizan la preeminencia de lo comunitario sobre el destino individual: aquí, como en cualquier otro momento del metraje, Legrand y Demy enriquecen el sentido de otras escenas al jugar con los efectos emocionales y temáticos de la rima.


Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4 .
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domingo, 14 de junio de 2009

Las Señoritas de Rochefort. 2: El amor en el laberinto

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(Entrevista imaginaria con Jonathan Rosenbaum a partir de Not the Same Old Song and Dance, su estudio sobre Las Señoritas de Rochefort en el libro Essential Cinema. Traducción y transposición por Pablot )

Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4


- Hablemos un poco del argumento…

- El film, como usted sabe, se desarrolla en un único fin de semana. Un viernes a la mañana, un equipo de vendedores de botes, bicletas y motos llega en camiones, motocicletas y caballos a Rochefort en ferry, entre ellos Etienne (George Chakiris) y Hill (Grover Dale). A medida que fijan sus stands y escenarios en la plaza principal de la ciudad para la feria del domingo a la tarde, la cámara panea, se eleva con grua y nuevamente panea hacia el estudio donde Delphine (Catherine Deneuve) y su hermana melliza Solange (Francoise Dorleac) están dando clase combinada de música y danza a unos chicos.
Descubrimos que Delphine es profesora de ballet y bailarina, que Solange es compositora y cantante, y que ambas sueñan encontrar su ideal romántico y mudarse a París.

- Deneuve y Dorleac eran hermanas en la vida real…

- Sí, pero no mellizas. Dorleac, que muere el mismo año del estreno de Las Señoritas…, era un año mayor que Deneuve, y éste fue el único film en que aparecieron juntas.


Prosigo. Resulta que el hombre ideal de Delphine, al que ella nunca conoció, es un artista y marinero en ese momento de paso por Rochefort, Maxence (Jacques Perrin), y la mujer ideal que pintó en un cuadro - a la que ha estado buscando a través del globo -, es un calco perfecto de Delphine. Este lienzo está colgado en una galería de arte local manejada por el nada exitoso pretendiente de Delphine, Guillaume (Jacques Riberolles).
Las hermanas tienen un medio hermano de 10 años llamado Boubou, y la madre de los tres, Ivonne (Danielle Darrieux), administra un café-restaurante en la plaza de la ciudad, que tiene a Maxence, a Etienne y a Hill como clientes frecuentes. Sin saberlo la familia, el papá de Boubou ha regresado a Rochefort para dirigir una tienda de instrumentos musicales; Ivonne había reculado en la posibilidad de casarse con él años atrás, porque no podía enfrentar la perspectiva de se llamada Madame Dame.
Si bien Simon sabía que ella había tenido mellizas de un amor anterior nunca las había llegado a ver, por eso cuando Solange llega a su negocio y se vuelven conocidos no tiene idea de que ella es una de las hijas de Ivonne.


- El único que sabe todo en esta trama laberíntica de búsqueda de amores ideales es el espectador.

- Pasa también cuando Solange tropieza en la calle con un viejo amigo de Simon Dame, el famoso compositor y concertista de piano Andy Miller (Gene Kelly). Ella no tiene idea de que ese hombre es Miller, a quien quería conocer para hacerle escuchar el concierto que compuso. No intercambian nombres ni direcciones pero él se queda con una página de la partitura que ella olvida.
Mientras tanto, cuando dos de las jóvenes del show planeado para la feria del domingo escapan con una pareja de marineros, Etienne y Bill convencen a Delphine y a Solange para bailar un número en su lugar, prometiéndoles llevarlas posteriormente a París.
Aparte del asesino del hacha y los oscuros recordatorios periódicos de la cercanía de soldados entrenándose, esos son básicamente los elementos de la trama, y el café de Yvonne es el centro de todas las complejas idas y venidas.
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- Es curioso, pero todas esas idas y vueltas en el café, con personajes hablando, bailando, entrando o saliendo, sumadas a esa profundidad de campo que permite ver al mismo tiempo el movimiento cotidiano en la gran plaza, hicieron que evocara vagamente Playtime de Tati.
Tiempo después leí un artículo suyo en que lo asociaba en forma explícita.

- Como muchos de los edificios en Playtime, la estructura independiente del café posee unas ventanas gigantescas que posibilitan ver mucho del tráfico de las inmediaciones.
Pero, volviendo al argumento, resumamos diciendo que en sus movimientos intrincados, personajes que son uno para el otro se mantienen desencontrados mientras continúan sus rutinas diarias; en la mayoría de los casos ni siquiera se dan cuenta de que están ocupando la misma ciudad.


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viernes, 12 de junio de 2009

Las Señoritas de Rochefort. 1: Un jazz film incomprendido

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(Entrevista imaginaria con Jonathan Rosenbaum a partir de Not the Same Old Song and Dance, su estudio sobre Las Señoritas de Rochefort en el libro Essential Cinema. Traducción y transposición por Pablot)

Prólogo. Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4


- ¿Las Señoritas de Rochefort es su film musical favorito?

- Sí, a pesar de mi adicción de 30 años al disco doble de su banda de sonido recién hace poco tiempo pude verla subtitulada en inglés, y es ciertamente un musical excepcional tanto por su singularidad como por su reputación en EEUU. Además, rodado integramente en Rochefort, al sudoeste de Francia, es tanto un tributo a los grandes musicales hollywoodenses como una glorificación romántica quintaescencialmente francesa a la energía y al optimismo americano.

- ¿Qué opina del score de Michel Legrand?

- El mejor que compuso, ofreciendo una continua sucesión de canciones con letras de Jacques Demy, todas escritas en alejandrinos, como en el climático momento de la cena, más hablada que cantada.

- ¿La coreografía?

- Respecto de eso debo decir que va de la mediocridad, en las imitaciones afrancesadas de Norman Maen de las coreografías americanas de Jerome Robbins, a lo sublime: las de Gene Kelly sobre sus propios números. En definitiva, quizá el mejor ensamblaje de conexiones logradas y fallidas, aparte de Shakespeare y Playtime de Jacques Tati.

- ¿Y la razón por la que incluyó a Las Señoritas… como uno de los 10 mejores “jazz films”?

- Ud dice bien, no entre los mejores films de jazz ni entre aquellos sobre jazz filmado, sino rankeando alto como película en la que la estética del jazz y la del film encuentran un feliz lugar de encuentro mutuamente colaborativo.

- ¿Podría especificar un poco más este punto, ejemplificar?

- Por supuesto. Desde las improvisaciones en piano de Legrand hasta los tramos de scat cantado, pasando por las alusiones de Demy a Louis Armstrong, Count Basie, Duke Ellington y Lionel Hampton, esta película es puro swing.
Aun cuando su coreografía es menos de lo que pudo haber sido, las gruas rasantes, los prolongados paneos y la intrincada puesta en escena la hacen tan contagiosa como una sección rítmica de primera línea.


- Ud opina también que “desfamiliariza”, que “hace extraña” la forma del musical…

- Porque se la pasa desafiando la obsesiva simetría y frontalidad de los números musicales de Hollywood, con extras bailarines que aquí, en algunas tomas, se mueven en la periferia del marco . Más: hay dos alegres canciones sobre el asesino del hacha: “La mujer cortada en trozos” y otra justo después, cuando la policía controla a la multitud cerca de la escena del crimen. Y más aun: esos evidentes homenajes de Demy a musicales hollywoodenses tales como Un Americano en París o Los Caballeros las Prefieren Rubias que acaban haciendo que la película se vea más francesa que americana.

- Y de paso logrando, en mi opinión, una gran originalidad respecto de los musicales conocidos…

- ¡Claro!: la mayoría de ellos van de acá para allá alternando entre la historia - el diálogo hablado - y los números de danza y canto, creando a veces transiciones un poco fastidiosas. Pero Las Señoritas… , a menudo de una manera muy audaz, pone la historia y los números musicales al mismo tiempo, mezclándolos de varias formas y en diferentes proporciones. Por ejemplo, una de sus protagonistas puede estar caminando por la calle con transeúntes repentinamente bailando a su alrededor, entrar momentáneamente en la coreografía del grupo y luego continuar con su caminata.
Este curioso mix produce poderosas emociones profundamente vívidas, algo así como una exuberancia combinada con un sublime sentido de lo absurdo, atravesado por un casi constante sentido de pérdida, melancolía e inclusive tragedia.

- Pasión y distanciamiento, un oxímoron difícil de concebir pero constatable aquí, ¿verdad?

- Sí, pero la coexistencia de esa intensidad y ese extrañamiento genera inevitablemente que algunos espectadores norteamericanos incrédulos se rían burlándose y consideren todo el espectáculo como una pieza esotérica camp. Digamos que el espectador típico norteamericano encuentra dificultoso abrirse a esa estética sobrecargada.

- ¿Y el francés?

- En Francia este film del ´67 fue regularmente repuesto aun antes de la restauración que hiciera en 1996 su viuda Agnes Varda, quien, permítame comentarle, aparece allí brevemente personificada como monja. Justamente, en su maravilloso documental Las Señoritas Cumplen 25 Años, que vi en el Chicago International Film Festival en 1993, encontramos una adolescente francesa portando mochila que, orgullosa y calma, comenta que donde quiera que vaya lleva el cd de La Pasión según San Mateo de Bach y el video de Las Señoritas de Rochefort, no dispuesta siquiera a pasar una noche sin ellos. Tal grado de pasión respecto del arte parece demencial en una sociedad “utilitaria” y obsesionada con el dinero como la nuestra, pero es enteramente compatible con el grado de pasión expresado por el film en sí.


- Siguiendo con la recepción que tuvo esta película al momento de estrenarse en EEUU, ¿cuáles cree que fueron los motivos por los que Las Señoritas… tampoco fue bien tratada por la crítica?

- Un tema complejo. La opinión estatuida en mi país es que los más grandes logros de filmes musicales tales como los de Astaire-Rogers o Cantando Bajo la Lluvia son triunfos de ingeniería, coordinación y pericia; esto es casi como si juzgáramos este arte de la misma manera en que juzgamos nuestras bombas inteligentes y nuestros eventos deportivos. Esta estética cuantitativa no da lugar a la posibilidad de que un músico de técnica limitada como Thelonious Monk pueda ser mejor pianista que un virtuoso como Oscar Peterson. Y a menos que usted concluya que la única razón para la “técnica” es expresar lo que usted quiere expresar, los defectos técnicos de Las Señoritas de Rochefort estarán destinados a ser decepcionantes.
Fíjese, el veredicto del crítico Gary Carey a fines de los 70´s es característico, se lo leo: “Desafortunadamente Demy, que había sido tan bueno coreografiando los movimientos de la gente común a través de su cámara, no conoce cómo fotografiar la coreografía de bailarines; el film se desarma cuando alguno comienza a danzar y, puesto que siempre hay uno bailando, termina como una pila de muy bonitos escombros”.

- ¿La influyente crítica Pauline Kael también opinaba parecido?

- Igual, si bien expresado más elegantemente, escribió que una película como Las Señoritas… demostraba cómo aun un dotado francés que adoraba los musicales americanos malinterpretaba sus convenciones.

- No entiendo. Demy venía del batacazo de Los Paraguas de Cherburgo y ¿qué le pedían a su nuevo film?, ¿que imitara bien el estilo de los films musicales norteamericanos?

- Después de Los Paraguas… que, efectivamente, disfrutó de un éxito mundial, esta extravagancia – que tenía mayor presupuesto – bien podía ser considerada un intento de hacer lo imposible si uno la viera como una imitación del musical de Hollywood más que como una inspirada apropiación de algunos de sus elementos. Sería irrazonable esperar la réplica de un musical hollywoodense de un director sin experiencia en obras o films de ese tipo (fuera de Los Paraguas…), y sin los recursos de un estudio de Hollywood ni una tradición autóctona. Pero no hay razón para creer que Demy, un director con estilo completamente desarrollado y visión propia cuando hizo Las Señoritas…, había intentado reproducir algo que ya teníamos. En fin, la cuestión es que fue tan pobremente acogida en lo comercial cuando se estrenó en Nueva York en abril del ´68 que la carrera de Demy nunca se recuperó totalmente, y tuvimos que esperar 30 años para ver la película de nuevo.

miércoles, 10 de junio de 2009

Prólogo al desafío de traducir y transponer

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El asunto fue más o menos así. Tomado por Las Señoritas de Rochefort- ya aburro, ¿no? - intentaba una y otra vez destilar sus valores objetivos a partir de mi embelesamiento, justificar la pasión con una coartada racional, explicar el efecto de la droga por la acción sinérgica de sus componentes químicos. Menuda estupidez.
Hoy, luego de haberla vuelto a ver cuatro veces - solo, con Maré, con amigos - y de haber evangelizado inclusive a mi mamá, repensado parte del cine francés a la luz de su influjo y adoptada su música como banda de sonido de mi vida, sólo atino a dibujar un concepto indisociable de signos de admiración: "¡irrepetible!". O sea, mucho no logré avanzar en aquel proyecto de fundamentación neutral.

Sin embargo - parafraseando una vieja película de Richard Lester - algo gracioso ocurrió camino a Chicago. Hace unos meses mi esposa debió ir a esa ciudad por temas laborales y barajé mentalmente la posibilidad de que me trajera "de regalo" Essential Cinema, un libro del 2004 inexistente en Argentina y de momento sin traducción al español. Ni siquiera allí estaba muy disponible que digamos, pero el amor fue más fuerte y Maré volvió al hogar con ese pan bajo el brazo.


Escrito por Jonathan Rosenbaum, a la sazón crítico del Chicago Reader, cuya contundente demostracion de cómo la ideología de las fuerzas dominantes del mercado audiovisual conspira para limitar las películas que la gente puede ver - Movie Wars - ya había leído, defiende aquí, en esa misma línea y con fines educativos, la necesidad de pensar cánones; claro que unos alternativos a los de los ejecutivos publicitarios y los comentaristas mediáticos (que no críticos), generalmente armados de acuerdo a los rankings de los films en la taquilla.
Además, propone un canon personal abierto al cine de todos los países del mundo, con películas conocidas o acaso ignotas pero que en este momento - beneficio de la globalización tecnológica - están mucho más disponibles que décadas atrás para quienes deseen hallarlas.


Obra de casi 450 páginas que justifica todas sus inclusiones (de M a Rosetta, de Inteligencia Artificial a Kikujiro), y que no excluye la variable del gusto propio en un Apéndice con 1000 favoritas listadas por año (de 1895 al 2003), no pudo menos que emocionarme al incluir (¡sorpresa!):

- Una imagen de Las Señoritas de Rochefort compartiendo portada con las de Archangel de Maddin, La Ventana Indiscreta de Hitchcock y El Desprecio de Godard.

- Un asterisco que precede al título de Demy cuando Rosenbaum lista los 1000 favoritos personales, indicador de sus "100 films predilectos, una formación que [...] actualmente representa la crème de la crème" (Rosenbaum dixit, guarda).

Y...

- Un estudio de 7 páginas, Not the Same Old Song and Dance, que contextualiza y analiza Las Señoritas... desmenuzando tanto componentes (argumento, banda de sonido, puesta en escena, casting) como mixturas genéricas, cruces culturales Francia-Hollywood, y su "defamiliarización" de los típicos films musicales.
Este texto, pensé cuando lo leí por primera vez, me aportaba pistas para decodificar aquello que - tal como describí en los primeros párrafos - había estado intentando explicar por mis propios medios sin éxito: las claves de la magia, la fórmula del encanto del film que más amaba.

Y es verdad que la prosa de Rosenbaum ilumina muchos de sus aspectos pero, interesantemente, su búsqueda de fundamentaciones termina chocando, creo, con un muro infranqueable: su propia fascinación por Las Señoritas de Rochefort.
Conclusión 1: ¡Es que el todo es más que la suma de sus partes!
Conclusión 2: A Rosenbaum ya lo respetaba en lo intelectual...¡pero ahora lo quiero!

Bien, mi aporte al mundo: desde pasado mañana, día por medio, iré posteando en plan superproducción 4 notas consecutivas, resultado no sólo del desafío de traducir completo el lúcido Not the Same Old Song and Dance, sino de asumir otro aun mayor: su transposición a pieza conversacional, la entrevista imaginaria a Rosenbaum de un "periodista" muy poco objetivo.

Este acto de amor - acompañado por la sensación de emprendimiento absurdo - así, de prepo, estará inaugurando una mundialmente improbable Semana Internacional de Las Señoritas de Rochefort.


Parte 1. Parte 2 . Parte 3 . Parte 4
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viernes, 6 de marzo de 2009

Un plano vale más que mil palabras

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¿Para qué abundar en la pasión que me genera “Las Señoritas de Rochefort”, si ya escribí un homenaje al respecto acá, y la vengo mencionando en un tercio de los posts?
La respuesta: como sucede con toda gran obra, en una segunda o tercera visión seguimos descubriéndole cosas.

En esta ocasión no me propongo ahondar en su madeja dramática, ni en la embriagadora puesta en escena, ni en Michel Legrand y su música. No, niente.

Sólo quiero detenerme en un plano. Concretamente, el que puede verse aquí abajo.


Es que, parafraseando el título de lo que están leyendo, esta imagen en plano general resume, en sus pocos segundos en pantalla, toda la información contextual necesaria -y más- para ubicarnos en el lugar geográfico y el momento histórico en que transcurrirá el relato. Un resumen perfecto, sin palabreríos ni sobreexplicaciones, que será el trampolín hacia el agridulce cuento de los amores desencontrados.

La vemos, aproximadamente, a los cuatro minutos del inicio.

El film comienza con títulos en negro, sonidos de gaviotas, campanas, ladridos, y una primera imagen del puente de Rochefort - tan siglo XIX, tan torre Eiffel - al atardecer.
Luego, de los camiones y las motos que van a atravesar el puente vía transbordador, bajan los sonrientes bailarines - Legrand anticipa el clima con un pianito jazzero – que se estiran, se preparan y comienzan a bailar, con el título principal sobreimpreso. Cuando el buque los transborde a ellos y a sus vehículos, se abra la barrera de entrada al pueblo y un rótulo indique "vendredi matin" (viernes por la mañana), la música se irá desvaneciendo para dar preponderancia a los ruidos de los motores, de los galopes, etc, y la cámara girará 90° acompañando la entrada de los camiones por la ruta hacia la ciudad.

En este punto, el susodicho plano de referencia:
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Construido simétricamente, presenta una línea imaginaria que divide las dos direcciones de la ruta oponiendo soldados y feriantes, y a todos los enmarca con un pasacalles, que también nos pone en situación: es la fiesta del mar en Rochefort.

El paisaje arbolado y las pocas casitas bajas, que también encuadran por ambos lados a estos sujetos colectivos, sugiere parsimonia, somnolencia pueblerina; podría decirse que el paso militar, con su disciplinado ritmo mecánico visible y audible, encaja perfectamente en esa armonía geométrica.

Pero el elemento vital, irregular y caótico por definición, rompe la uniformidad rectilínea del cuadro: los feriantes con sus caballos, sus camiones, sus lanchas y su dinamismo llegan a la fiesta, expulsando simbólicamente a los soldados, que marchan en sentido contrario. Notamos que algo chirria, que no pueden convivir, y que, al menos hasta que finalice la feria, Rochefort olvidará el sopor y estará tomada por la alegría.

Visto en el conjunto general de toda la obra, ese plano se olvida rápidamente; sin embargo, como un arquitecto discreto, ha puesto el cimiento sólido sobre el que se edificará la historia que Jacques Demy nos tiene reservada. .

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lunes, 23 de febrero de 2009

Mi obsesión con "Las Señoritas de Rochefort"



(Dedicated to Maré, my Chicago girl)

Flashback al 22 de enero del 2008

Enero húmedo, caliente y pegajoso en Buenos Aires, como siempre.
El mismo mes del año pasado, hastiado por un día particularmente cargado de jergas y demás abstracciones corporativas, huí rápido de la Gran Torre hacia el subte.

Sólo que, cuando su boca engullidora de estresados intentó abducirme, giré mecánicamente cambiando de dirección – como un basquetbolista mientras driblea la pelota – para tomar Diagonal Norte, cruzar la línea divisoria Cerrito/Pellegrini, e ingresar en otro ambiente: el que cubre Corrientes desde el Obelisco hasta Callao, un territorio repleto de resonancias ligadas a mi adolescencia de flaneur por veredas de cafés, cines y librerías.
Muchos lugares queridos fueron mutando o desapareciendo, conforme a las décadas y a las políticas, pero la Meca a la que instintivamente me dirigía, aún, increíblemente, viene resistiendo. La sala Lugones del TGSM, algo así como la reserva moral de la cinefilia porteña.

Flashback al 19 de enero del 2008
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Días atrás había estado allí a causa de "Los Paraguas de Cherburgo", parte del ciclo "Reencuentro con Jacques Demy", que permitía ver flamantes copias nuevas en 35mm de aquellos clásicos franceses tan populares en los sesentas.
Es que mi aparato compulsivo-respiratorio, sensible al detector de figuritas para el imposible album abarcativo de todas las peliculas del mundo me había instado a ir (y a la solidaria Maré a acompañarme).
No me gustó demasiado, si bien imaginaba las razones por las que pudo haber sintonizado con el espíritu de aquella época: un amor imposible contextualizado por la guerra en Argelia, diálogos cantados, colores refulgentes, y todo espolvoreado con el archiconocido, pegajoso, leit motiv musical de Michel Legrand.

Consecuencia: deseché cualquier atisbo de concurrencia al resto del ciclo. Además, de chico, ya había visto "Piel de Asno" (con mis hermanos, en el hoy inexistente Ritz de la calle Cabildo, en doble programa junto a "El Distraído" con Pierre Richard; maldito detallismo...)

Ojo, me seguía tentando no dejar pasar "Jacquot de Nantes", el cariñoso homenaje apenas ficcionalizado que Agnes Varda tributara a su compañero Demy un año después de su muerte, pero no, para qué, "Los Paraguas..." había desactivado todo deseo al respecto.

Y, no obstante...
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¿Qué ocurrió, entonces, tres días después, el martes 22?, ¿qué fuerza magnética me atrajo a no volver a casa, recorrer un trayecto, sacar mecanicamente una entrada y ver "Las Señoritas de Rochefort"?, ¿cómo pude intuir tan a priori que DEBÍA verla?

Sucede que, a veces, nuestra intuición es más sabia que nosotros y, evidentemente, ella había percibido que la energía vital de ese film iba a convertirse en mi reserva de optimismo durante el año que apenas comenzaba.

Argumento (contado erráticamente)

Delphine y Solange, dos hermanas mellizas, profesora de danza y compositora respectivamente, buscan su "amor ideal"; Ivonne, la madre, suspira, a su vez, por el que abandonó años atrás al borde del casamiento;


también el marinero Maxence quiere encontrarlo en algún lugar del mundo a partir del dibujo de la mujer de sus sueños que él mismo pintó; pero ¡ momento! , Simón Dame, desde su tienda de música, no está exento, y vive en la nostalgia por la mujer de su vida.

En suma, todos soñadores, todos buscando el "amor ideal", real y abstracto a la vez, pero siempre apasionado. ¿Ustedes no sintieron algo así alguna vez ?
Yo, cuando era adolescente, sí.
Sí, sí, con toda mi alma.
Y, por supuesto, sufría muchísimo.


La trama se desarrolla a lo largo de un fin de semana en el pueblito de Rochefort, en los preparativos de una feria que culminará el domingo. Allí llegan vendedores a montar stands, bailarines y, entre ellos, Bill y Etienne:

dos danzantes libres y optimistas que, no, estos no buscan el Amor, sino chicas con las que pasar el rato.

Qué cosa, esta película es tan grande, la quiero tanto, que siento que cada línea argumental que voy escribiendo traiciona todo lo que es en su conjunto.

Porque no les estoy pudiendo transmitir el juego coreográfico de azares que hace que, constantemente, los deseos románticos de los personajes estén a un tris de cumplirse y no puedan consumarse; porque hay que ver cómo en el microcosmos que resulta ese pueblito, con su plaza central, su café de baqueanos y sus callecitas, se encubre un laberinto en donde se cruzan sin reconocerse aquellos predestinados el uno al otro.

Cómo cuenta este argumento Jacques Demy

La puesta en escena, apenas comenzado el metraje, aprovecha todo el espacio de esa plaza central y presenta otra manera de filmar gente bailando, tal vez imperfecta si la juzgamos con el paradigma canónico del cine musical norteamericano de aquellos tiempos.
Luego, esa cámara que acompaña o registra en plano general, de repente se eleva - con grua, obviamente no existía ni la steadycam ni el efecto digital - hasta llegar a la habitación que da a esa plaza, en donde Delphine y Solange dan clase de danza y música a unos niños.

No teman, no voy a describir cada forma narrativa que adopta el relato, porque para muestra basta un botón, y esa secuencia es modélica porque, además, enhebra productivamente otros recursos. Por ejemplo, la melodía que acompaña a los bailarines de la primera escena - un jazz vigoroso con ecos de big band alla Count Basie - deja lugar sutilmente, cuando entramos por la ventana al estudio de las hermanas, a la música "clásica" con la que trabajan.
Del vigor y la energía de los feriantes, que se deslizan por amplios espacios, a la contención melancólica de las hermanas soñadoras que dan clase en un cuarto cerrado (pero con una ventana hacia el afuera), la música también narra, nos introduce en el mood de los personajes y sus lugares, hace progresar la acción.

A años luz de las tortuosas repeticiones del motivo musical de “Los Paraguas…”, aquí todas las canciones revisten un status democrático: se interpenetran, cambian su letra según el personaje, se atorbellinan en un medley similar a los que armaría, mucho más acá en el tiempo, Andrew Lloyd Webber en sus comedias musicales.

La cuestión, volviendo a esa primera secuencia que va después de los títulos, es que ese es solamente el comienzo de un film repleto de maravillas formales y argumentales.

Y actorales:

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Catherine Deneuve, nunca tan hermosa.
Su hermana Françoise Dorléac , a quien mucho no le interesa que creamos que “toca” piano o flauta, nos mira cómplices mientras suena la música que, se supone, interpreta.


Un Jacques Perrin que, a pura actuación antinaturalista, logra nuestra solidaridad en su búsqueda del “amor ideal”.

Michel Piccoli : ¡ hay que verlo en este registro tan lejano a la ironía anárquica de sus papeles con Buñuel o Ferreri!.


La otoñal Danielle Darrieux, especie de centro de gravedad en el film (la única cuyo canto no está doblado).
Y, junto a George Chakiris y Grover Dale, el otro norteamericano del elenco, la frutilla de este ensamble perfecto…

¡Gene Kelly!.
El referente de la destreza atlética yanqui – la otra cara de la luna del elegante Fred Astaire – tensiona aquí la uniformidad coreográfica de todos los bailes en los que no aparece, generando un efecto de intromisión productiva: dinamismo musical MGM en un film por demás francés.
Cuando su personaje, el compositor americano Andy Miller, recoge la partitura que Solange - su amor a primera vista - olvidó en la calle, hay que ajustarse los cinturones y prepararse para gozar de uno de los mejores números de la carrera de Kelly, con el mundo alrededor acompasándolo, y con esos travellings callejeros de Demy, tan funcionales a una narración que nunca deja de avanzar.


(Lo opuesto a lo que me está pasando mientras escribo esto, que a lo mejor viene derivando en un texto farragoso.

Yo se que más a veces es menos, que en los blogs hay que escribir corto porque sino el lector supuesto (¿?) linkea a otro lado y se va. Con perdón de los que llegaron hasta acá y todavía están leyendo, me tiene sin cuidado; porque una de las cosas que me propulsó, hace ya un mes, a poner las manos en la masa escritural fue, en rigor, homenajear a la joie du vivre que me inyectó esta película.
De hecho, uno de los nombres que barajé para el blog fue El Señorito de Rochefort).
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Más personajes desfilan, como el simpático y amable Subtil Dutrouz (¡sutil destrozo!): viejecito descuartizador de mujeres; o el materialista pintor ex amante de Delphine, cuyo método creativo consiste en disparar a bolsitas de pintura colgantes sobre un lienzo.

¿Y las locaciones?: la omnipresente plaza, de cara a ese café/microcosmos que, por la interrelación entre los personajes, sugiere "La Colmena" , las callecitas con danza propia;
más los espacios off (es decir, no mostrados sino implícitos):

Paris, como idea obsesiva en la fantasía de las pueblerinas de Rochefort, y un mundo que es la suma de todos las ciudades y pinturas; un planeta abierto para todos, sin ilegalidad ni visas, donde es posible perderse, buscarse, encontrarse, volverse a perder,

Nous voyageons de ville en ville
Nous représentons des motos
Des bicyclettes et des bateaux
La route est notre domicile
Un jour ici, un jour ailleurs
Nous vivons libres et sans attache
Lutins farfelus et potaches
Courant de bonheur en bonheur (1)

y practicar una suerte de cosmopolitismo en pos del amor.
Canta Maxence:

Je l'ai cherchée partout j'ai fait le tour du monde
De Venise à Java de Manille à Hankor
De Jeanne à Victoria de Vénus en Joconde
Je ne l'ai pas trouvée et je la cherche encore (2)



Seré naif pero...transmitir estas cosas, ¿no es hermoso?,¿no hace que abramos los poros y respiremos mejor?

Porque durante la proyección, en el cine...

...eso fue exactamente lo que me pasó. Gradualmente el hastío acarreado durante ese día se fue purgando con el correr del metraje, y transformando en una excitación entre agridulce y optimista, de la cual iba tomando conciencia con mis primeras lágrimas.

Y después

Con el último credit en la pantalla, los espectadores debíamos empezar a pensar en irnos yendo, ¡pero no queríamos!; o tal vez era que, en mi estado, proyectaba en los demás lo mismo que sentía yo. Vi, o creí ver, que todos nos sonreíamos.

Bajar del piso 10, salir por las puertas vidriadas hacia Corrientes, el subte, volver a casa: en ningún momento dejé de estar a diez centímetros del suelo.

Para un cinéfilo con tantas películas encima, se imponía darle algunas vueltas al asunto. ¿Qué había pasado?, ¿había asistido a una obra maestra?, ¿o "Las Señoritas..." provocaba en mí lo que "Hello, Dolly!" en Wall-E?
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Febrero del 2009, hoy

Tengo el film, obviamente, y no fue sencillo conseguirlo (en Argentina no se editó ni en VHS, en TV5 la pasaron sin subtítulos: se me empujó al delito). Lo suelo rever en su totalidad o por secuencias, es uno de los que siempre me hacen llorar un poco (en la estela de "El Viaje de Chihiro" o "Historia de Tokyo" ).


Con cada visión, además, va sedimentando un cierto concepto de "obra maestra": remanentes de significación a descubrir, uso particular del sonido, una paleta de colores que sólo remite al film mismo, y hasta cierta imperfección kitsch muy funcional al relato.

Su fragancia continúa acompañándome, sus canciones suenan en el equipo de casa y en todos los soportes musicales portátiles; mi estoica familia, por otra parte, padece mis súbitos arranques canoros como Maxence, Bill, Etienne, y en especial Delphine y Solange cuando, en mi francés inexistente, arremeto con

Nous sommes deux soeurs jumelles
Nées sous le signe des gémeaux
Mi fa sol la mi ré,
ré mi fa sol sol sol ré do
Toutes deux demoiselles
Ayant eu des amants très
Mi fa sol la mi ré, ré mi fa sol sol sol ré do (3)

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Último flashback al 22 de enero del 2008

Hacia la medianoche de aquel día, todavía conmovido pero con el sueño en las pestañas, me sacaba la camisa, tomaba del bolsillo el programa del ciclo de la Lugones y leía por primera vez:

"Quería hacer una película que despertara un sentimiento de felicidad, lograr que después de la proyección el espectador saliera menos triste que cuando entró en la sala" (Jacques Demy)


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(1)Vamos de villa en villa, representamos motocicletas, barcos y bicicletas, la ruta es nuestro domicilio. Un día aquí, otro allá, vivimos libres, sin apegos, duendes locos y colegiales, corriendo de dicha en dicha.

(2) La busqué por todo, di la vuelta al mundo, de Venecia a Java, de Angkor a Manila, de Juana a Victoria, de Venus a Joconda. Aún no la encontré, la busco todavía.

(3) Hermanas gemelas somos, bajo Géminis nacimos, las dos somos solteras, pero pronto amantes tuvimos.


"Las Señoritas de Rochefort", de Jacques Demy,1967


Films citados:


"Los Paraguas de Cherburgo”, de Jacques Demy, 1964;
“Piel de Asno”, de Jacques Demy, 1970;
“El Distraido”, de Pierre Richard, 1970;
“Jacquot de Nantes”, Agnes Varda, 1991;
"La Colmena", Mario Camus, 1982;
"Hello, Dolly!", Gene Kelly, 1969;
“Wall-E”, Andrew Stanton, 1986;
"El Viaje de Chihiro", Hayao Miyazaki, 2001;
"Historia de Tokyo", Yazujiro Ozu, 1953.
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