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miércoles, 13 de enero de 2010

Paradoja tecnológica de Avatar

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Los efectos digi-virtuales asombran, pero el guión, incluyendo la construcción de personajes, involuciona.

Leer completitos los credits finales es revelador, puesto que encontramos, en cantidades industriales, funciones tales como
“lead effects technical director”,
“art department coordinator”,
“senior facial motion capture artist”
o “virtual art department lead”.
Ciertamente, cada centavo invertido en ese management de la abstracción puede corroborarse ante los diversos artilugios mecánicos que inundan la pantalla, y en la verosimilitud geográfica del planeta Pandora, con su casi palpable flora y fauna.
Entonces...

- ¿Por qué se respira el déjà vu de un argumento ya transitado mil veces y mejor?
(Algunos lo llaman "clásico": palabra que a veces obra de coartada para la clonación)

- ¿ Y esos buenos y malos tan estereotipados, tan de una sola pieza?
No hay tridimensionalidad en esto por más lentecito que nos calcemos.
La corporación = todos malos.
Los indígenas, que aquí son los na´vi = buenísimos e integrados a la holística del planeta (es decir, políticamente correctos).
Consecuentemente, el Coronel que lidera el ataque a los buenos salvajes es musculoso, cruel, insensible (y de aspecto nazi alla Cazadores del Arca Perdida), el ejecutivo corporativo que hace Giovanni Ribisi no puede ser otra cosa que un esmirriado que come mientras da órdenes (connotación negativa en todo film norteamericano mainstream de los ´80 en adelante), y el cambio de bando de la soldado Michelle Rodriguez - Ana Lucía en Lost - es notoriamente forzado, sin más lógica que un repentino "¡no me enrolé para esto!"

- ¿Y las escenas de acción, terreno donde, lo sabemos, James Cameron tiene pocos rivales?
Acúsenme de no entregarme al devenir del vértigo, pero en el crescendo de la pelea entre Jake Sully y los casi prehistóricos animales salvajes no podía dejar de reconocer tomas calcadas de la única secuencia atrapante del King Kong de Peter Jackson, ¡climax en las mega cataratas incluído!
Por lo demás, en los momentos trepidantes hay ecos de rambos, jurasics, apocalypses y, sí, claro, de todo el cine anterior de Cameron: ¿alguien quiere ponerse a catalogar?

Pero la paradoja de una tecnología magnificente acompañando a un guión decididamente pobre alcanza también a la banda de sonido...
¿Cómo es posible que un film que se pretende "revolucionario" musicalice bajo normas tan conservadoras y anacrónicas?
Doy dos ejemplos irritantes.
Cada plano national geographic de la vegetación de Pandora o de su natural ecosistema viene acompañada por una flautita new age (y nuestro perro de Pavlov interno saliva: ahhhh, ¡ecología!), cada reunión del concejo na´vi para tratar un tema grave sale con guarnición sonora de coro en registro bajo (ahhhh, ¡sabiduría ancestral!)



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Y, no sé ustedes, a mí ya me hartaron las metáforas obvias supuestamente esclarecidas sobre Irak. Post Bush circulan por decenas, y a ningún liberal tildan de traidor o talibán por producirlas, ¿me equivoco?
(Mientras tanto, por esa región asiática algo cambia para que todo siga igual: menos tropas en Irak, más en Afganistán y, a partir del reciente y fallido atentado al avión con destino a Detroit, luz, cámara...¡Yemen!)

En cuanto a la alegoría suprema del film...
¿Por qué la sociedad norteamericana -Obama y la Fox inclusive- no deja la retórica y, en lugar de lavar culpas con estos productos, acciona realmente para detener la destrucción concreta del hábitat humano? ¿no es, acaso, la máxima responsable de haber incrementado las emisiones de carbono y el calentamiento global?
O, si esta presión le parece inaceptable, un plan B que reíte de Kyoto o Copenhague: convertirnos a todos en avatares y darnos otro planeta.
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