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viernes, 8 de enero de 2010

5 escenas refulgentes

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Complementando la entrada anterior sobre lo más destacable que vi en el 2009, algunos momentos de antología...



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En Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans (Werner Herzog, EEUU, 2009) Nicholas Cage recontradrogado instando a seguir disparándole a un tipo que acaba de morir porque - tal como vemos desde la subjetividad de Cage - “su alma sigue bailando" .





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En Love Exposure (Sono Sion, Japón, 2008) el chico protagonista, que debe pecar mucho para congraciarse con su padre sacerdote (¡!), se une a una bandita dedicada a sacar fotos a las chicas que pasan por la calle; más precisamente a las bombachitas debajo de sus polleras. El ballet acrobático y los adminículos que utilizan para que ellas no lo noten es un puro goce.





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En El Romance de Astrea y Celadón (Eric Rohmer, Francia, 2007) el escarceo juvenil rohmeriano cambia la ciudad contemporánea por campos y aldeas del siglo XVII. Y en un complejo juego casi vodevilesco donde el pastorcito Celadón debe travestirse para volver a estar con su amada Astrea, se produce con naturalidad pasmosa una situación de erotismo que cada uno de ustedes definirá si hétero, lésbica o qué.
No puedo dar más detalles puesto que es el final de la película, pero dejen que llame pasión a la legión de hormiguitas que en ese momento me recorrieron el cuerpo.





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En Süden (Gastón Solnicki, Argentina, 2008) a la soprano polaca no le queda otra que ver urgente a un odontólogo porteño: pocas horas restan para el concierto en el teatro Colón que la tiene como cantante y se le acaba de estropear un arreglo dental, hay que emparchar rápido.
El problema en el consultorio es que ella no consigue hacerse entender, y el dentista, que se la da de bilingüe, parece más que dispuesto a hacerle un tratamiento complejísimo.
Como con los falsos italianos de Bastardos sin Gloria, se comprueba que la comedia resulta una cuestión de idiomas.






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En Un año de 13 lunas (Rainer Werner Fassbinder, Alemania, 1978) veníamos sufriendo con el maltrato verbal y físico que le infligían al desamparado transexual Elvira - otro personaje netamente fassbinderiano que sólo quiere que lo amen - cuando, avanzado el metraje, consigue ubicar las oficinas de Anton Saitz, aquel por quien años antes había cambiado su sexo.
Imaginamos un inminente momento catárquico. Pero no sucede.
El tal Anton, mirando en la tele un viejo film con Dean Martin y Jerry Lewis, comienza a imitar la saltarina coreografía acompañado por sus custodios, ¡y Elvira llega y se une al show!
Perturbadora y divertida, esta escena no desentonaría en Blue Velvet de David Lynch.
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miércoles, 1 de abril de 2009

Bafici: Love Exposure (Sono Sion, Japón, 2008)

. Un grupo de colegialas adolescentes, polleritas cortas y frescura muy Saylor Moon, tomadas de la mano al borde del andén en una estación tokyota, hasta que llega el tren y, cómplices, saltan a la muerte todas juntas.
Una secuencia poderosa que mi memoria retiene hace años desde que vi "Suicide Club"; del resto de esa película no recuerdo nada.

Me dije: si en esta "Love Exposure" que dura cuatro horas, Sono Sion vuelve a desarrolar al menos una sola idea como esa, habrá valido la pena. Y la verdad es que hay mucho y un poco mejor armado.
¿Qué escena va a permanecer conmigo esta vez?
Sin duda, la de la performance acrobática, (encarada como disciplina enseñable con sensei y todo), por la cual el protagonista y su banda sacan múltiples fotos a bombachas y entrepiernas de chicas sin que ellas lo noten, y en plena vía pública.
"¡Qué ridículez!" - pensarán ustedes. A lo que me apresuro a replicar que descuiden, que ésa es la parte más lógica del relato.
Porque esta película-río, que pasa por cada género existente para pervertirlo rápido, es muy disfrutable siempre y cuando nos abandonemos al juego. Un poco como lo que pasa en "El Sabor del Té" o en "Funky Forest" de Katsuhito Ishii, que construyen personajes sólidos para ponerlos a derivar por situaciones más o menos arbitrarias, saltando de a ratos el eje de la verosimilitud.

Justo es decirlo, aquí la cosa empieza muy firme, con un potente melodrama familiar religioso atiborrado de culpas y traumas, que harían palidecer al mismísimo Ingmar Bergman.
Pero, al rato, se desquicia para brindarnos sadismo masoquista, comedia estudiantil, sectas ominosas, gore, piñas, patadas, drama psiquiátrico, incesto, lesbianismo, seccionamiento de penes y catolicismo explícito.


Puntaje: 7
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