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Fuera las medias tintas: junto a La Pivellina, la mejor de las que vi en el festival.
Rigurosa, pensada al milímetro, las primeras tres cuartas partes del film te hacen experimentar hasta físicamente el tedio apelmazante de la mediocridad, los tiempos de espera y la burocracia del trabajo policial (cero glamour Hollywood), y el último cuarto, en el plano secuencia más sorprendente, vira hacia una distancia para analizar conceptualmente el significado de términos como "conciencia", "policía", "ley" y "moral", a través de una situación entre absurda y desternillante.
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La anécdota argumental es mínima: el banal héroe, un policía de provincias, se la pasa siguiendo a un estudiante que a la salida del instituto fuma haschís. Anota horarios, recorridos, se oculta en las esquinas, llena carpetas en la dependencia, intercambia frases rutinarias con sus colegas, soporta las bajadas de línea de sus superiores y, a veces, hasta llega a cenar acompañado por su mujer.
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Si bien a la rumana, como en la serie norteamericana The Wire, la necesidad de la línea jerárquica por cerrar "casos" mostrando rápidos resultados -capitalizables en ascensos- presiona a las bases para que arresten a los perejiles y dejen de lado a la ruta del dinero que es la cadena de distribución, una acción que demandaría más tiempo pero podría dar con los peces gordos.
Y el nudo gordiano de la trama es la conciencia del policía, que no está dispuesto a que pese sobre él la condena a siete años de un pibe por fumarse un fasito.
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"Be patient" - sugería a la audiencia la productora de Police... en la breve presentación previa; y terminada la proyección volvía a abrir el paraguas comentando que había discutido con el director para cortar algunas partes. Por suerte ganó Porumboiu, porque no le sobra nada, hay una coherencia total entre contenido y forma.
El asunto es que la inmersión que nos propone requiere vivirse en un cine, donde resulta más difícil escabullirse de sus necesarios tiempos largos que hacerlo frente a la pantalla hogareña, donde -comprobado no científicamente- hay más distracciones alivianantes a mano (el mate, la heladera, qué comer a la noche, las facturas a pagar, etc).
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