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jueves, 30 de junio de 2011

Miradas (otras miradas)

Por: Maré

La experiencia turística es maravillosa; nos expone a un papel de voyeuristas que nos permite inventar historias y sobre todo, creer que son ciertas.
Vemos a través de nuestros ojos, pero observamos desde nuestros mundos y desde allí apreciamos, juzgamos, nos sentimos más cerca o más lejos.

  
Pero no perdemos esa inmunidad que nos da el “ser turista”. Ese perdón por no ser del lugar y creer que uno entiende lo que pasa, cuando en verdad uno está afuera, muy afuera, apreciando una cáscara que alguien puso allí para hacernos creer que vemos y que entendemos. Cuando en verdad apenas podemos captar partículas de ese equilibrio obligado entre cantidad / tiempo disponible, que no es infinito y que reclama cierta urgencia al mirar.
Podemos hacer un juego –nos divierte, pero no nos gusta tanto-: hacer una larga lista de lugares y tildar (þ) aquellos por los que pasamos. Eso nos da un cierto alivio de deber cumplido (“¿fuiste a….?”, “me imagino que no te perdiste….”). Pero… ¿es lo mismo pasar por la puerta rapidito, que haber entrado y permanecido, mirando detenidamente? O… ¿Qué ocurre en el caso de llegar al lugar media hora antes de que cierre? ¿Se cuenta o no se cuenta, se tilda o no?



¿Y qué decir de ese “entender–como-vive-la–gente-aquí”. Subimos a un colectivo, leemos un diario gratuito, vamos a un sitio de moda o visitamos una casa amiga. Y entonces decimos que la vida en ese lugar parece más o parece menos (más o menos, ¿comparado con qué? ¡¡con nuestras propias vidas!!).



Nos llevamos a casa un “baño de entendimiento”, de creer que sabemos cómo es la gente allí, cómo se vive en ese lugar, pero apenitas vimos la punta de iceberg y no sé si alguna vez veremos más que eso.
La mirada turística nos conecta también –desaforadamente- con el arte. Nos convierte en asiduos cultores de museos y exposiciones a las que cotidianamente no iríamos. Nos coloca en el lugar de admiradores y expertos observadores de obras, algunas de las cuales nos provocarán inmensa emoción, reconocimiento, gracia, hasta temor y respeto; nos pondrá también en el contador número quichicientos de los miles de transeúntes que han pasado ese mismo día por allí. Y las obras de arte se estarán riendo de nosotros, pensando: - otro más, y van….
Pero nosotros no, porque creemos que somos diferentes y que nuestras miradas son particulares y únicas, que tenemos vivencias que ningún otro de los mortales podrá repetir.
En fin, que la mirada turística es como un gran cine continuado al que uno entra a ver que le cuenten una historia; y uno se deja encantar, sueña e imagina, y cree… cree que lo que ve es cierto….

Pero los museos cierran, las luces se apagan, la gente se va a dormir. 
Y quienes conviven día a día con esos objetos [1] que se nos ofrecen cual joyas, quienes pasan el trapo a los cuadros, limpian los baños de los museos, ven pedazos de telas pintados o “cachos” de monumentos que hay que correr de un lado a otro, paredes vacías que hay que llenar, pilas de cuadros que no se sabe dónde colgar, ciudades enteras que hay que limpiar, residuos de baguettes, pilas de cámaras de fotos, vasos de coca cola vacíos, puchos tirados, también encuentran por ahí algún sueño perdido, de algún turista que creyó encontrar el paraíso, ese día que tomó el barquito, que vio las luces encendidas, que se encontró cara a cara con esa escultura, que caminó por esas calles, que creyó que por un día, la vida era realmente bella.




[1] Gracias a la peli La Ville Louvre, dirigida por Nicolas Phillibert, 1990, que me permitió acceder a una mirada diferente…
Nota: Excepto la de La Ville... (levantada de un sitio) todas las fotos son de nuestra autoría. 

lunes, 25 de mayo de 2009

Z32, Entre los Muros y Ultima Parada 174: nada o todo que ver

.Por: Maré
Por: Maré

Tres películas bien diferentes y sin embargo, me llevan al mismo punto de interrogación: ¿hasta qué punto estamos condenados por la sociedad en que vivimos y somos producto de ella? ¿Es posible salir de ese condicionamiento ciego?

Estas tres películas hablan de la violencia:
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- Z32 (Avi Mograbi, Israel/Francia, 2008), a través de un soldado israelí que cuenta su participación en la matanza de unos policías palestinos por vengarse de una masacre de la que ni siquiera estos policías tuvieron noticias.

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- Entre los Muros (Laurent Cantet, Francia, 2008) nos muestra la violencia del sistema educativo en el que es imposible enseñar, aprender, dialogar, comprender.

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- Última Parada - 174 (Bruno Barreto, Brasil, 2008) nos relata la historia de un chico brasileño que llega a secuestrar un ómnibus durante 7 horas y luego él mismo muere asfixiado por la multitud vengativa…

Y uno se pregunta, más allá de la calidad cinematográfica de cada una de estas películas: ¿podrían, cada uno de estos personajes –todos cercanos a la vida real- haber actuado de otra manera?

Y sí, todos sabemos (o queremos creer) que en cada uno de nosotros está la voluntad de decir que NO, de no hacer juego a lo que “nos proponen” (todos podemos elegir no ver a Tinelli), pero me pregunto sobre la posibilidad real de cada uno de estos personajes de salirse de su cotidianeidad y de “reflexionar críticamente” sobre lo que están haciendo. Acaso la lógica de su día a día no les permita pensar / pensarse de otra manera.

¿Qué posibilidades tiene el soldado de Z32 de pensar que no está bien salir a matar personas (palestinos, en este caso) cuando en el ejército le lavan la cabeza (¡y qué buen shampú deben estar usando!), como para hacerles creer que la experiencia más excitante de su vida es ir a la guerra y matar a sus “enemigos de siempre”?

¿Pueden los chicos de Entre los Muros actuar de un modo diferente cuando son hijos de inmigrantes en país que vive excluyéndolos, en el que saben que no van a tener oportunidades de desarrollarse y en el que viven el peligro permanente de ser deportados? ¿Y pueden esos docentes no explotar de vez en cuando, preguntándose una y otra vez cómo intentar que algo finalmente pueda interesarle a esos chicos?

¿Y podría Sandro no haber llegado a secuestrar el ómnibus cuando su vida estuvo signada por la muerte violenta, la vida infantil en la calle con matanzas a cargo de los Escuadrones de la Muerte, el acceso cotidiano a las drogas facilitado por los mismos adultos que luego lo condenaron a morir por represalia?

¿Cómo llegaron todos ellos hasta ahí?
¿Y de quién es la responsabilidad de que esto no siga sucediendo?

No se trata de “echar culpas”, pero sí de pensar con inteligencia que en la vida y en este mundo, por mucho que nos pese, las cosas no son blancas o negras, que hay muchas variables que la hacen más compleja y que por lo tanto, las soluciones no son simples. Por eso, en estas tres películas se hace difícil identificarse con uno de los personajes, todos tienen su lado oscuro, y todos tienen sus razones.
A veces estamos del lado de los “buenos” y a veces pensamos que los “malos” por algo lo son. Pero ni eso importa tanto…

Porque lo que mejor logran es que nos preguntemos: ¿cómo es que llegamos a construir este mundo tan nefasto? ¿será posible cambiarlo?
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jueves, 2 de abril de 2009

Bafici: Aquele Querido Mês de Agosto (Miguel Gomes, Portugal, 2008)

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(Nota 1) Por: Maré


"Aquele..." comienza pareciendo un documental sobre grupos de música que tocan en las fiestas pueblerinas (luces de colores, banderines, comida típica, parejas y chicos bailando al son de música popular-romántica; si estuviera filmada en la Argentina serían grupos y cantantes como César Banana Pueyrredón, La Joven Guardia, Vilma Palma, y hasta un Pimpinela venido a menos).
Y uno va siguiendo las historias que allí se cuentan sobre ciertos personajes típicos del pueblo: el que mató a hachazos a su mujer, el que se tira todos los años al río desde un puente alto, el que filmó una versión terrorífica de Caperucita Roja con personajes del pueblo, etc.
Entre todas esas historias aparece una, la de la película que tenía que ser filmada y que, por alguna razón, al director se le complica hacerla; no están los actores, existen algunos temas con el guión, y se dedica entonces a recorrer los lugares, conocer a la gente y a sus historias de vida.
De repente... no nos damos cuenta y estamos metidos en la historia que debía ser filmada, con personas que devienen en personajes viviendo cosas entre ellos. Que estaban ahí antes, pero en otro lugar.
  • La cuidadora del puesto de incendios a la que le gusta cantar y el jugador de hockey sobre patines al que le gusta tocar la guitarra. Ambos están hablando de sus vidas y al rato "nos enteramos" de que son primos, que tocan juntos en una banda y que tendrán una historia de amor prohibida...
  • Las amigas que van a ofrecerse al casting de la película y de repente ya están en ella, como la prima y su amiga que conocen a unos belgas, que viven historias, que sufren...
  • Dos invitados del pueblo a participar como actores que, en diálogo informal captado secretamente por la cámara , se quejan de que siempre les cambian el guión ; caminan y se encuentran con la abuela de la Caperucita Roja pueblerina, quien dedica un saludo especial mirando a la cámara que sigue a estos personajes que...¡supuestamente estaban conversando fuera de guión!
  • La triste despedida entre primos, ella llorando desconsoladamente hasta que se da vuelta y, mirando a la cámara, rie sin parar (¿terminó la ficción?).
  • Y la música... porque al final es una peli que sigue a una banda musical, las "Estrelas do Alva" compuesta por los primos en cuestión, un padre celosísimo (por ahí se entrevé una posible historia de incesto, no sabemos si reprimido), y los extras que antes conversaban "fuera de cámara".

Esas canciones insufribles, que el director nos hace escuchar enteritas, me pregunto por qué. Porque esa música te hace querer que el metraje avance un poco más rápidamente; otra canción nooooo, por favor!!

En fin, ¿qué puedo concluir?
Hablando con un compañero del gym - también fanático del BAFICI , a quien esta peli no le gustó nada - le dije que me a mí sí me pareció interesante...
Y él me dijo: - bueno, pero "interesante" no quiere decir que te haya gustado, que la hayas disfrutado, que hayas salido diciendo "¡qué bueno lo que acabo de ver, me dio vuelta!".
Y es cierto... el paso del tiempo me fue sorprendiendo con estas reflexiones, y sigo pensando: ¡qué película interesante!

El puntaje se lo dejo a Pablot, que es el experto.

domingo, 29 de marzo de 2009

Bafici: Four Nights with Anna (Jerzy Skolimowski, Polonia, 2008)

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Por: Maré


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Película sombría para comenzar mi Bafici.
Demasiada oscuridad (prácticamente filmada en madrugadas, anocheceres y amaneceres de unas afueras nevadas dePolonia). No sabemos si estamos en un campo de concentración, en una cárcel, o en un hospicio.

Leon Okrasa, el personaje principal de esta peli de Jerzy Skolimowski, es un pobre hombre que trabaja en la morgue de un hospital, que cuida a su abuela enferma, que es acusado de robar, de violar a una mujer, y que vive resignado en su mundo, un lugar donde nada es posible para él. Efectivamente, pasa 4 noches con Anna, entrando por su ventana y contemplándola dormir, jugando a participar de su cumpleaños mientras ella duerme profundamente y no se entera de nada. Esa es su manera de expresar su obsesivo amor por ella.
Típico personaje frustrado y frustrante, se intuye que la historia no va a terminar bien para él. Y tal vez por eso, cuando pasa su segunda noche "con" Anna, uno -que sabe que faltan dos noches más-, dice basta, que termine esta oscuridad y este sufrimiento.
Decididamente, Anna nunca compartirá una noche con él.

Puntaje: 7
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