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El trailer de Red Social es engañoso: mucha acción física, omnipresencia de pantallas de computadoras, clicks hacia el sexo. De los dos minutos y medio que dura, el primero se compone de imágenes que no aparecen en la película, y el resto de sus partes más kinéticas, como para captar al que busca una de suspenso o una de adolescentes en fiestas salvajes.
Verla estimulado por su avance implicará, entonces, la ligera decepción de chocar con otra cosa.
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Esto no significa que lo que promete no esté presente, toda la excitación multirrelacional de los usuarios de Facebook flota en el film, pero la cámara se enfoca en su contracampo, el drama tribunalicio: un envase genérico ideal para indagar la génesis, la propiedad y la capitalización literal y metafórica de una idea.
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Que esa idea haya germinado en nuestro mundo -aquí sí cabe el rótulo "historia basada en hechos reales"- para convertirse luego en referencia ineludible de la conexión global con los demás, es un hecho meramente anecdótico: uno ya sabe antes de entrar al cine que va a encontrarse con la creación de Facebook.
Pero si Red Social se limitara a la epopeya del emprendedor que con voluntad de hierro logra el éxito a pesar de las dificultades, sólo estaríamos ante otro de esos films glorificadores del sistema (como En busca de la felicidad: ¿no era edificante ver cómo el negro, pobre y con un hijito a cuestas lo lograba a pura perseverancia?). Por suerte, eso no sucede.
.Aquí más bien asistimos a la descarnada rapiña entre unos respetables harvardianos por el crédito de lo que empieza a diseñar uno para que se lo apropie el otro, mecanismo que se acelera con la puja legal a medida que van llegando los millones de dólares.
Y, claro, como el micromundo universitario de Harvard es un restrictivo sistema de clases en sí -ver, ejem, Legalmente rubia-, lógicamente nos ponemos del lado del nerd, del más débil. Sin embargo, vaya incomodidad, este nerd que a falta de roce cuenta con su iq, no puede apartarse de la dinámica y también él traiciona a un amigo (si bien, en su caso, más por la alienación con el fetiche "Facebook" que por el dinero).
En tal sentido, esta oscura historia del alienado (perdón: del chico con capacidades diferentes), que crea algo que termina definiendo la estructuración actual de las relaciones virtuales mientras por el camino se hace multimillonario, es, digámoslo, la película ejemplar que el cine nos estaba debiendo sobre el capitalismo del siglo XXI.
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.1.1
Su vertiginosidad, a diferencia de la del trailer, no va por el lado de las imágenes sino de los diálogos, que parecen espadeos verbales de esgrimistas irónicos.
Imaginen una comedia de Sony Entertainment pasada por ácido.
El mismo ímpetu oral de Studio 60 on the Sunset Strip de Aaaron Sorkin -el guionista de Red...- , ambientada en un canal de televisión en eterna lucha por el rating, y a la que casi nadie vio y yo amaba.
(Bueh, admito que a la que amaba era a la lindísima Amanda Peet).
(Bueh, admito que a la que amaba era a la lindísima Amanda Peet).
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Varios momentos de Red Social muestran el perfecto amoldamiento del timing conversacional de Sorkin al universo descripto, en especial cuando Mark Zuckerberg, el personaje principal, debe interactuar con los demás. Ahí, mientras sus interlocutores creen que tienen toda su atención, se deja entrever que Mark puede pensar en varios planos paralelos, lo cual será tanto virtud de una mente brillante como disfunción a la hora de encabalgar frases sin ser malinterpretado (o acusado de asshole por la chica que le gusta).
1.2
Inflexión autobiográfica:
No soy usuario de Facebook, pero gente muy querida me estimula a serlo aduciendo que podría tener más lectores en el blog, mayor cantidad de amigos.
¿Qué puedo decirles? Si escribiera pensando en cuánta gente me va a leer estaría frito.
Por otra parte, descreo del millón de amigos tanto como de las mayorías automáticas en el Congreso.
Por otra parte, descreo del millón de amigos tanto como de las mayorías automáticas en el Congreso.
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