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miércoles, 27 de mayo de 2009

Entre los Muros: Dos películas y una duda


Por: Norberto G.
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La muy buena película de Laurent Cantet puede ser leída como dos películas.
La primera de ellas desde el comienzo hasta el insulto del profesor a Sandra una de sus alumnas, llamándola pétasse que significa algo así como trola, y la segunda sobre cómo este hecho es vivido por los actores del relato y las consecuencias que origina.

El film transcurre en el colegio Dolto en un barrio de París (20e Arrondissement) y no como erróneamente se mencionó en la banlieue parisiense, es decir que la mezcla de razas y la marginalidad se da en el corazón de la ciudad lumière y no en los barrios más postergados de las afueras.
En esa primera parte se describen las relaciones entre François Bégaudeau, el autor del libro sobre el que se basa el film, que hace de sí mismo, y los alumnos en su mayoría inmigrantes venidos de las ex colonias francesas.
Las dificultades del maestro para intentar que los alumnos se interesen en los temas que lleva a la clase y los alumnos que sienten que la mayoría de ellos están muy lejos de su vida cotidiana (y que además los ven inútiles para sacarlos de la situación de exclusión en las que viven), son el centro de una dinámica rica en anécdotas que se cuentan lejos de cualquier esquematismo.
Apenas aparece un evento que ya prefigura la segunda parte cuando en el medio de una reunión de profesores se menciona la amenaza de expulsión (por falta de papeles) que pende sobre el padre de uno de los alumnos. Si bien la reacción de los maestros es comprensiva no se organiza ninguna reacción ni institucional ni grupal.
Muy interesante cómo los alumnos muestran las facetas de sus personalidades desde el racismo entre pares (el narcisismo de las pequeñas diferencias) hasta el ingenio y la diversión adolescente y cómo el profesor interactúa intentando la comprensión y la empatía. (Como nota de color diremos que en la vida diaria del colegio Dolto los profesores fueron muy críticos con la propuesta pedagógica de Bégaudeau).

Luego llega el insulto y se delinea otra película o, cómo veremos, los límites de la primera parte, ya que una vez que el profesor llama trola a la alumna en lugar de disculparse e intentar circunscribir el evento a una furia pasajera, se justifica y nunca da la razón a Sandra; es decir: toda la orientación comprensiva sobre el otro y la intención de darles voz a los alumnos inmigrantes se hace astillas, ya que condena a la alumna al silencio o peor a la impotencia de no ser escuchada.

Después llega el proceso escolar a uno de los alumnos que accidentalmente o no golpea a Sandra, pero más allá del perdón de sus pares, la escuela como institución da inicio a un proceso de expulsión. El Director le pide al maestro que escriba en su descargo que había insultado a una alumna solo con el fin de no dejar cabos sueltos a la defensa que hace la institución de uno de sus miembros
Hermosa metáfora la escena de la madre del alumno de Mali que va a la escuela a escuchar la acusación contra su hijo, la mujer no sabe francés y el alegato es traducido por su hijo, la falta de voz de los inmigrantes en la sociedad de los países centrales queda en evidencia sin una sola palabra, sólo con la fuerza de su mirada.

El profesor más allá de su punto de vista progresista y empático con los alumnos frente al conflicto se repliega y se encierra en su razón de clase tratando de minimizar el incidente en tanto que Sandra le dice que no es normal el ser insultada por un maestro.

Lo concreto es que no solo él niega lo sucedido sino la institución lo hace en su conjunto.
¿Será por esta toma de posición que la derecha ha elogiado el film además del oportunismo que le es característico? Christine Albanel ministra de cultura pidió que el film sea divulgado en las escuelas y el mismo Nicolás Sarkozi alabó el tacto y la finesa del director al retratar a los profesores, desde luego para él los inmigrantes no tienen el mismo peso protagónico que los maestros.

Creo entonces que es un film que permite varias lecturas, pero ¿cómo un film de comprensión e inclusión y otro de castigo y exclusión pueden convivir en una sola cinta?
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lunes, 25 de mayo de 2009

Z32, Entre los Muros y Ultima Parada 174: nada o todo que ver

.Por: Maré
Por: Maré

Tres películas bien diferentes y sin embargo, me llevan al mismo punto de interrogación: ¿hasta qué punto estamos condenados por la sociedad en que vivimos y somos producto de ella? ¿Es posible salir de ese condicionamiento ciego?

Estas tres películas hablan de la violencia:
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- Z32 (Avi Mograbi, Israel/Francia, 2008), a través de un soldado israelí que cuenta su participación en la matanza de unos policías palestinos por vengarse de una masacre de la que ni siquiera estos policías tuvieron noticias.

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- Entre los Muros (Laurent Cantet, Francia, 2008) nos muestra la violencia del sistema educativo en el que es imposible enseñar, aprender, dialogar, comprender.

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- Última Parada - 174 (Bruno Barreto, Brasil, 2008) nos relata la historia de un chico brasileño que llega a secuestrar un ómnibus durante 7 horas y luego él mismo muere asfixiado por la multitud vengativa…

Y uno se pregunta, más allá de la calidad cinematográfica de cada una de estas películas: ¿podrían, cada uno de estos personajes –todos cercanos a la vida real- haber actuado de otra manera?

Y sí, todos sabemos (o queremos creer) que en cada uno de nosotros está la voluntad de decir que NO, de no hacer juego a lo que “nos proponen” (todos podemos elegir no ver a Tinelli), pero me pregunto sobre la posibilidad real de cada uno de estos personajes de salirse de su cotidianeidad y de “reflexionar críticamente” sobre lo que están haciendo. Acaso la lógica de su día a día no les permita pensar / pensarse de otra manera.

¿Qué posibilidades tiene el soldado de Z32 de pensar que no está bien salir a matar personas (palestinos, en este caso) cuando en el ejército le lavan la cabeza (¡y qué buen shampú deben estar usando!), como para hacerles creer que la experiencia más excitante de su vida es ir a la guerra y matar a sus “enemigos de siempre”?

¿Pueden los chicos de Entre los Muros actuar de un modo diferente cuando son hijos de inmigrantes en país que vive excluyéndolos, en el que saben que no van a tener oportunidades de desarrollarse y en el que viven el peligro permanente de ser deportados? ¿Y pueden esos docentes no explotar de vez en cuando, preguntándose una y otra vez cómo intentar que algo finalmente pueda interesarle a esos chicos?

¿Y podría Sandro no haber llegado a secuestrar el ómnibus cuando su vida estuvo signada por la muerte violenta, la vida infantil en la calle con matanzas a cargo de los Escuadrones de la Muerte, el acceso cotidiano a las drogas facilitado por los mismos adultos que luego lo condenaron a morir por represalia?

¿Cómo llegaron todos ellos hasta ahí?
¿Y de quién es la responsabilidad de que esto no siga sucediendo?

No se trata de “echar culpas”, pero sí de pensar con inteligencia que en la vida y en este mundo, por mucho que nos pese, las cosas no son blancas o negras, que hay muchas variables que la hacen más compleja y que por lo tanto, las soluciones no son simples. Por eso, en estas tres películas se hace difícil identificarse con uno de los personajes, todos tienen su lado oscuro, y todos tienen sus razones.
A veces estamos del lado de los “buenos” y a veces pensamos que los “malos” por algo lo son. Pero ni eso importa tanto…

Porque lo que mejor logran es que nos preguntemos: ¿cómo es que llegamos a construir este mundo tan nefasto? ¿será posible cambiarlo?
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viernes, 22 de mayo de 2009

Entre los muros: un poco más del lado de los alumnos

.Hace poco una amiga me contaba que, discutiendo fuerte con su hijo adolescente, él se mando un exabrupto cuestionándole elecciones absolutamente personales e íntimas. Estaban en un bar y mi amiga, explotando, se levantó y se fue.
Luego llevó este episodio a su terapia, y lo que le devolvió el analista fue que como madre y adulta, ella tenía más responsabilidades en el manejo de ese momento tenso que su hija, por lo que no debía estallar cortando toda posibilidad de diálogo sino, simplemente, decirle: "ese es un tema mío y no corresponde que te metas", y enfilar la discusión hacia asuntos relacionados con ambos.


Episodio perfecto para ilustrar la relación profesores-alumnos en esta película (y en la vida).

¡A François no se le puede soltar la cadena y decirle "¡zorra!" a una alumna! (esto en la traducción, porque según mi amigo Norberto la palabra "¡pétasse!" del original es mucho más fuerte y refiere a una vaga perdida, a una puta barata), y por más agobio que tenga - hasta con justa razón - siempre habrá una asimetría: él representa a la institución que fija las reglas, al poder.

Cantet, a pura puesta en escena, nos mete en un aula de reducido espacio a transpirar con los intentos socráticos del maestro frente a ese universo social en miniatura representado por sus alumnos, que:

- Por sus extracciones, razas y países de origen inclusive tienen que ver poco entre ellos.

- No sienten como propio el lenguaje del maestro, por ser ajeno a su cotidianeidad hogareña y callejera.

- Más allá de los “muros” escolares, seguramente los veríamos viviendo la exclusión a la que se los somete.

a. Es fácil imaginar la precarización laboral de sus padres.
b. Hagan un paneo por las propuestas sociales de Sarkozy.
c. Recordemos que no hace mucho - ¿un año?, ¿dos? – hubo una irrupción
de este malestar de los inmigrantes discriminados en el extrarradio parisino,
con bombas y todo.

- Además, padecen la propia ebullición de sus hormonas adolescentes.


El gran logro de Entre los Muros es, en ese agobio y encierro para todos, hacer oscilar nuestra identificación entre el maestro y sus educandos, una y otra vez, ida y vuelta, en una zozobra de nuestra empatización de espectadores; porque aquí no hay buenos versus malos – ni “el muchacho” contra “la pandilla de forajidos” – sino una situación emergente de otra mucho mayor a la que, generalizando, definiríamos como “el estado del mundo”, y particularizando: “la vida como ciudadanos de segunda de los inmigrantes en Francia”.

Por eso, podrá ser elogiable el esfuerzo docente al trabajar con los emergentes sin considerar al grupo mero receptáculo curricular, y podremos entender lo difícil de su tarea tironeado entre lo progre y lo Sarkozy, pero ganarse la vida en el colegio – lugar que exhibe como pocos las contradicciones de la sociedad – lleva implícito no desbarrancarse.
Salvo en la sala de profesores, esa especie de bunker solidario y neurótico.

La otra es simplificar el asunto y despacharlo con un : “¡son unos salvajes, no pueden aprender nada!”, a lo que algún taxista porteño agregaría: “¡hay que matarlos a todos!”.
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miércoles, 20 de mayo de 2009

Entre los muros: del lado de los maestros

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Por: Carla D.

Breve currículum: Estudié en la escuela Bialik. Después me recibí en el conservatorio Manuel de Falla. Desde hace muchos años trabajo de maestra de música en varias escuelas (del gob. de la ciudad y privadas). Escribo libros de cuentos y canciones para chicos que publico donde me dejan (por ahora Ed. Norma, Aique, y Ed. Panamericana de Colombia)


(NOTA DEL EDITOR: Los contenidos del presente post refieren especificamente a la opinión de quien lo escribió)

Entre los Muros es casi el “reality” de un colegio donde un profesor de francés trata de enseñar a unos adolescentes que no quieren aprender o no les interesa.

El guión fue escrito por un profesor de francés (en la vida real) y los intérpretes son alumnos reales que hicieron un taller de teatro en esa escuela, y se quedaron muchos días después de hora para filmar (cero costo en personal actoral, felicitaciones al productor).
La escuela es estatal y está en los suburbios de Paris, altamente poblada de inmigrantes y franceses de bajos recursos (lejos de las clases mas acomodadas).
Las escenas transcurren en tiempo real, o sea que diez minutos de clase son diez minutos de película..

Todo el tiempo los alumnos le cuestionan al profesor lo que les enseña (lo que vulgarmente se diría: “le buscan el pelo al huevo”), en vez de aprovechar la oportunidad que la educación les da de tener una vida mejor que la que tuvieron sus padres.

La película denuncia que los chicos pasan de año sin saber nada, sólo porque el director tiene miedo de que los padres se le pongan en contra y “no quiere problemas”. Y cuenta a las claras que al Estado no le interesa educar, solo entretener, y por eso el sistema burocrático le quita autoridad al docente. El maestro está solo.

Lo que se genera en el auditorio del cine es una indignación que va creciendo, debido a la asimetría de derechos entre el profesor y los alumnos. Los chicos pueden decirle cualquier cosa al profesor, incluso “cabrón”, que no sé qué significado tendrá para ellos, (para mi solo es una cabra grande) pero parece que allá no es algo bueno.
Pero cuando el profesor se exaspera (mucho después de lo que se exaspera el espectador) y les dice “zorras” a dos alumnas, los alumnos arman un escandalete que pone en riesgo la estabilidad laboral del docente.
Al igual que en las películas de terror, uno se identifica con la víctima (el profesor) y así como en en ellas uno tiene ganas de gritarle al protagonista: “¡Cuidado que el asesino está detrás!”, en esta película uno tiene ganas de gritarle: "¡Ponele 10 amonestaciones!, ¡No dejes que te grite!, ¡Cuidado con el alumno del fondo que te está poniendo a prueba!, ¡No te enganches con el llanto de la de adelante que es un manejo para hacerte sentir culpable!, ¡Guarda que viene el director por el pasillo, hacelos sentar rapido!"

Entre los muros termina de concientizarnos de que sin el respaldo institucional a la autoridad del maestro, los chicos no pueden aprender nada. Cada clase que el profesor quiere dar, los alumnos se la boicotean: “¿por qué hay que aprender a usar bien los verbos si total en la vida cotidiana todos los usan mal?” le pregunta una alumna.
Finalmente el chico que mas le faltó el respeto y además agredió a una compañera físicamente (causándole un corte en la frente) es expulsado. Parecía que todo el cine estaba por gritar ¡Viva Viva!, cuando en realidad el pobre chico tenia que volver a África. O sea, en otro contexto uno se compadecería y diria: “Noooo, no lo echen”, y hasta se nos escaparían unos lagrimones cuando se va del colegio con su mama (que encima lo defendía cuando sabia claramente que atentó contra la integridad fisica de una compañera).

Este punto también es muy interesante: los padres de los alumnos. Nunca tan bien retratados como aquí. Defienden a su hijo, no importa lo que haga, su hijo siempre tiene razon. Los padres critican al maestro porque es “muy exigente”, como si la exigencia fuera algo malo. No se dan cuenta que el mundo laboral es exigente, no el profesor.
El director del colegio le hace firmar al maestro un acta sólo por haber cometido el pecado de defenderse de un insulto con otro insulto, lo trata como si fuera un delincuente citado a declarar.

Si la escuela es una herramienta para fomentar la igualdad de oportunidades para todos, este no es el camino. La falta de exigencias al alumnado, lejos de ser un sistema de inclusión (“todos pueden pasar de grado sepan o no”) es un sistema de exclusión, porque así los chicos no aprenden nada y solo van a llegar a tener mejores trabajos los que se puedan pagar estudios privados específicos.

Casi al final, cuando van a calificar a cada chico (lo que para nosotros es el boletín), opinan los maestros, el director, y dos representantes del alumnado (una especie de centro de estudiantes).
Y ahí termina de desenmascararse la desvalorización de la educación por parte del Estado, porque, si un alumno tiene autoridad para clasificar a otro entonces la educación no tiene razón de ser. ¿Para que necesito alguien que me enseñe si yo ya estoy calificado para evaluarme a mi mismo?

Uno mira la película con la seguridad de que ninguno de esos chicos va a poder trabajar más que en un Mac Donalds. Porque nadie les exige que sirvan para algo más. Si un profesor quiere exigir es tildado de tirano, cuando en realidad lo que está buscando es todo lo contrario: que en un futuro la sociedad no tiranice al chico aprovechándose de su falta de conocimientos.
Lo que sorprende es que una escuela francesa, que se supone del primer mundo, se parezca tanto a una escuela argentina…

Por fin una película sobre educación que no recurre al cliché del maestro represor y los pobres niñitos victimas de su autoritarismo.
“No aprendí nada” le confiesa una alumna al profesor, a fin de año. Esa es prácticamente la frase final de la película, y yo diría que también su síntesis argumental.
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