sábado, 4 de abril de 2009

Bafici: Yakuza Eiga, Une Histoire Secrète du Cinéma Japonais (Yves Montmayeur, Francia, 2008)

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Por: Rody

A diferencia de otros años en los que esta actividad comenzaba a convertirse en ritual, cuando nos sentábamos con Pablot a revisar la programación de turno, para tratar de extractar 15 o 20 de entre una grilla de algunos cientos de películas que sólo podríamos ver en esa ruptura del espacio-tiempo que era el BAFICI, este año me desentendí del evento.
¿Por qué? Tal vez por el fenómeno del peer to peer que transforma al cúmulo de films que sólo podrás ver el martes en el Hoyts 87 a la 1:30 de la madrugada, en un archivo más que dejé bajando. Tal vez sea el precio de las entradas, que del valor simbólico de otros años, pasó a ser casi el de una entrada de día miércoles. Tal vez sea que el componente fóbico de mi personalidad crece a pasos agigantados. No lo sé.

Lo cierto es que este sábado, en honor a los viejos tiempos, elegí una peli del listado de Pablot y nos encontramos para ver Yakuza Eiga, un documental francés, traducido al inglés sobre el género más aceptado por occidente del cine japonés, el de los yakuzas.
Algunos de nuestros directores favoritos (Miike, Kitano) contándonos un poco sobre aquello que los deleitaba en su juventud, un yakuza real que, al salir de la cárcel, pide disculpas en público por haber sido un chico malo para empezar su carrera como yakuza ficticio del cine, y prácticamente nada más.
Un documental correcto y sin vuelo que, si lo hubieran dado por Films & Arts hubiese sucumbido al zaping en no más de diez minutos.
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De los besos, la cerveza y los culos al aire que nos muestra el inspirado artículo de Clarín de acá arriba no tuve ni noticias, pero claro, yo fui a las 2 de la tarde.
Por favor Maré, preguntale a Pablot si tuvo más suerte.


Puntaje:
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1 comentario:

  1. Pese a que en casa la mulita trabaja sin cesar, disfruto cada vez más de ir al Bafici, de ver esas películas en salas que suelen ignorarlas olímpicamente durante el resto del año, y, en especial, de sentir la comunión con personas conocidas y desconocidas ligadas por una especie de secta ad hoc,felices en su ciudadela.
    Este año,en particular, mis vacaciones y la escritura diaria en plan cronista autodesignado, subieron el índice de satisfacción.

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