viernes, 3 de abril de 2009

Bafici: The Housemaid (Ki-young Kim, Corea, 1960)

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Esta sí que no la teníamos. Creíamos conocer el cine coreano sólo porque en los últimos tiempos ibamos quedando boquiabiertos con los briosos malabarismos genéricos de Chan-wook Park, Joon-ho Bong o Chang-dong Lee. Pero ni "Old Boy", "Host", o "Peppermint Candy" (por citar respectivamente algunos trabajos de esos directores), podían hacernos entrever semejante antecedente de 1960. Qué poco de ese cine llegó a la Argentina en esa época, aun cuando la cartelera - respecto de la actual - era un lujo de variedad.

¿Thriller?, ¿melodrama?, ¿tango?, ¿terror psicológico?, ¿mujeres asesinas?, ¿lucha de clases?, ¿horror gótico?, ¿claustrofobia?: acá conviven, te agarran primero de la solapa y después te van presionando la garganta hasta lo insoportable.
Hay secuencias en las que esa familia, cautiva en su casa y - digamoslo así, aunque es bastante más complejo - rehen de la mucama, vive situaciones de un nivel de asfixia que sólo décadas más tarde se plasmarían en, por ejemplo, Haneke.

Bueno, atemperando un poco, en la tres años posterior "El Sirviente" de Joseph Losey iba a poder asistirse a la toma gradual de casa y dueño por parte del mayordomo, pero era más un tema de ajedrez mental típico de los guiones de Harold Pinter.
Y también estaba el encierro de la bella Deneuve en "Repulsión" de Polanki...
Si estoy citando tanto, les juro que es porque quiero llegar a un punto, el de la originalidad pionera que posee esta película trabajando esos ejes temáticos. Al respecto, mi argumento más fuerte: se estrenó el mismo año que "Psicosis", imposible que haya sido influída por ella y, sin embargo, tiene un uso de los espacios de la casa muy similar (especialmente la relación del piso de arriba con el de abajo, comunicados por una escalera donde también habrá muertes); y, cuando la vean me dicen, a algunas de sus imágenes nunca las hubiera permitido una producción norteamericana de esos tiempos (muertes de niños, abortos por caída, etc).

(Pero sí hay una reformulación de un plano anterior made in Hitchcock: aquel de "La Sospecha" que mostraba a Cary Grant subiendo la escalera en dirección a la habitación de Joan Fontaine con un vaso de leche que podría estar o no envenenado.
De manera análoga, en "The Housemaid" la mucama sube con un vaso de agua igualmente dudoso. Ambos encuadres son idénticos).

El argumento, aun si hago el ejercicio de resumirlo in extremis, resulta contundente.
Un maestro de piano, con dos hijos y una esposa que teje para incrementar el ingreso hogareño ante la llegada del tercero, consigue una mucama por vía de una alumna de la fábrica donde da clases ; a partir de allí, entre la envidia de clase y el desamparo, ésta logrará seducir al hombre de la casa e iniciará una espiral de chantajes, perversiones, y situaciones de degradación colectiva.
Pero sería un error limitarse a la trama, ignorando los muchos intersticios recomendables para análisis sociológicos o sobre lucha de sexos.

En principio, nuestra experiencia de espectadores en este tipo de films, podría llevarnos a pensar en que estamos frente a una femme fatale comehombres o una psicótica tipo Glenn Close en "Atracción Fatal"; y nos estaríamos equivocando, porque esta chica sin nombre - que mata ratas con sus manos, que sólo quiere que la amen - es la catalizadora de toda la basura subyacente en esa familia de clase media, que está dispuesta a lo peor para mantener su statu quo y conservar lo material. Y ya se sabe... no hay nada peor que un burgués asustado.

Este tipo de cosas, más las situaciones en que el aparentemente más débil nos deslumbra con el peor maquiavelismo, provocan que nuestra piedad por tal o cual personaje se vaya corriendo de lugar, o directamente vaya mutando en odio o repulsión; otro de los tantos logros de la película porque, a fin de cuentas, ¿quién es el monstruo?
La sociedad, responderíamos si utilizáramos el criterio de la novela noir.

Por otra parte,el rol que va teniendo cada objeto que aparece en pantalla es funcional al relato, ninguno sobra: el arribo del televisor para coronar el nuevo hogar, el piano y sus sonidos (armoniosos al producirlos el maestro, disonantes al generarlos la mucama), esa máquina de tejer (potro de tortura de la esposa), la circulación de la botellita con veneno para ratas y, por sobre todo, esa casa que da cobijo y extermina.

Y me voy antes de que cometa la maldad de contarles el in-cre-í-ble epílogo que no se parece a nada que hayan visto antes.
Mis respetos a Martin Scorsese por haber ayudado a restaurar esta joya, (le perdono "El Aviador").


Puntaje: 9

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