viernes, 30 de abril de 2010

Un balance personal del Bafici 12


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O, mejor dicho, anotaciones.
.Excitación anual, absurda, desproporcionada.
Ilusión de una Buenos Aires customizada para cinéfilos, sucedáneo de viajes reales; reconozco este perfume de aceleración infantil que me visita durante abril, padezco sus resacas hasta (aproximadamente) mayo.
.El color que cayó del cielo.
Ninguno de los sucesivos gobiernos de la ciudad que fueron pasando durante estos años de Bafici intentó apropiarse tan descaradamente de su rédito simbólico como el de Macri. Los afiches callejeros, el site, el cuadernillo con la guía de programación, todo estaba encuadrado por el color amarillo PRO para forzar la identificación visual del festival con su administración. Marketing vampiro.
.Sedes inexistentes.
Foto linda la que ilustra este post, ¿no?: es de la Alianza Francesa de Buenos Aires, uno de los lugares que albergan el Bafici, como los Arteplex. A la hora de fijar la logística de mi itinerario cinéfilo ambos quedan debajo del radar, no los considero. Creo que existe una razón afectiva por la cual prefiero correr del Abasto al Atlas Santa Fe, o a la Lugones y eventualmente al Malba.
En el caso puntual del Arteplex, escaparle se debe a una razón ideológica: odio las proyecciones de video que hacen pasar por cine, costo de la entrada incluído.
.Presupuesto y programación.
Se subrayó la preferencia por incrementar la cantidad de títulos ignotos bajo la coartada de mundos a descubrir, en detrimento de los de directores "consagrados" (al menos por el sistema legitimador de los festivales). A mí no me engañan, hay menos plata y siempre queda bien escudarse en el perfil explorador del festival.
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Cine político argentino.
La Cinta Blanca de Michael Haneke, paneando por la vida cotidiana de un pueblito europeo constreñido por instituciones represoras (feudales, religiosas, familiares, ¡no se salva nadie!) en los albores de la Primera Guerra Mundial, si bien sugiere el “huevo de la serpiente” del nazismo, resulta utilísima para pensar desde otro ángulo cómo los principios de nuestra década del 70 derivaron en el horror de la Dictadura.
No me apeteció ver la referencia más o menos explícita al secuestro de Aramburu en Secuestro y Muerte de Rafael Filipelli. Y menos a Enrique Piñeyro con bigotes.
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Química del acompañamiento.
Más en el período Bafici que durante el resto del año, las personas con la que voy al cine modifican directamente la percepción de lo que estoy viendo. No se trata de lo que puedan opinar antes o después de cada película, sino de vivencias y universos compartidos que filtran lo que desfila por la pantalla.
Chapotear rojísimos charcos de sangre orientales con “X”, surfear documentales del mundo - esta vuelta muy gastronómicos - junto a “Y”, o compartir con “Z” obras, digamos, contemplativas, potencia el momento.
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Los cambios del Gran DT.
Ya es un dato de la realidad, sé a priori que cada año pierdo, a valores de hoy, cerca de 60 pesos en entradas sacadas con anticipación que termino no utilizando. “Ojos grandes” definía mi mamá y la mamá de mi mamá a ese tipo de ridícula avaricia.
Pero esta vuelta, a diferencia de otras, más bien hice cambios sobre la marcha. Salvo Yuki y Nina, cuya visión a media mañana hubiera significado dejar mi casa sumida en la deriva de unos arreglos interminables (con la consiguiente carga de conciencia), otras bajas pueden considerarse trueque por títulos que ganaron la pulseada del deseo espontáneo.
Se fueron Meurtres à l'Empire State Building y Oxhide 2, ingresando, por sugerencia de mi esposa (sempre querendo praticar o seu portugués) Nem tudo é verdade, el periplo brasileño de Orson Welles en los 40´s, narrado con desmesura antropofágica por Rogério Sganzerla (documental, Kane, samba, ficcionalización y más: it´s all true); así como una opera prima cuyo bombardeo formalista -tan típico del que llegó al largometraje y quiere poner toda la carne al asador-, no impide disfrutar un todo que es mucho más que la suma de sus partes. Os famosos e os duendes da morte, donde en un pueblito de Brasil habitado por colonos alemanes, un adolescente escucha a Bob Dylan (¡imaginen las consecuencias!)
Otra desactivada fue Sweetgrass, registro de una larga marcha ovina en plan western crepuscular que sucumbió ante la posibilidad de conocer Babooska , antecedente crudo que años más tarde posibilitaría el sensible universo de La Pivellina, esa maravilla que había visto días atrás.
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Tiempos que se escurren.
Intento escaparle a las recurrentes pesadillas diurnas en las que me visualizo como un pez-banana salingeriano que consume productos culturales uno tras otro; temo atragantarme, no poder salir a la superficie y morir. De ahí la necesidad de interpelarlos en esta segunda vida (o blog) cuyos tiempos no siempre encabalgan armónicamente con la primera.
En relación al festival, el costo de este input-output se traduce en dos situaciones insensatas: la primera, sentirme en deuda por no llegar a escribir sobre todo lo visto (¡hello neurosis!); la segunda, luego de casi un mes de vacaciones volver a mi trabajo cansado y demacrado.
.Colaboradores.
Gente muy querida había amagado (alguna prometido) escribir sobre lo visto, pero no tuvieron el tiempo o las ganas de hacerlo. Reflexionando sobre mi insistencia al solicitar estas colaboraciones, caigo en cuenta de que esta obsesión escrituraria es cosa mía y que a lo mejor mi entusiasmo suele transformarse, más a menudo de lo que querría admitir, en pura densidad.
Perdónenme e, igualmente, déjenme suspirar recordando el tinte más coral de la coberura 2009.
.Pelis, artículos y puntajes.


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Visto casi el 5% del total de la oferta (19 de 420) y sin haber tenido que soportar un fiasco en mi recorrido 2010, el juego que jugamos todos: lo mejor y lo no tanto en orden descendente.
(Acerca de las subrayadas pueden leer nuestros comentarios con un click)

La Pivellina de Rainer Frimmel y Tizza Covi (9)
Police, Adjective de Corneliu Porumboiu (9)
Jaffa, the Orange´s Clockwork de Eyal Sivan (8,5)
La Vía Lactea de Luis Buñuel (7,5)
Os famosos e os duendes da morte de Esmir Filho (7)
Hadewijch de Bruno Dumont (7)
Visitors (Jeonju Digital Project 2009) de Hong Sang-soo/ Naomi Kawase/ Lav Diaz (7)

Nem tudo e verdade de Rogério Sganzerla (7)
36 vues du Pic Saint Loup de Jacques Rivette (7)
Visage de Tsai Ming-liang (6,5)Mary and Max de Adam Elliot (6,5)
Cooking History de Peter Kerekes (6,5)

Kings of Pastry de Chris Hegedus y Donn Alan Pennebaker
(6,5)Yellow Kid de Mariko Tetsuya (6,5)
Babooshka de Rainer Frimmel y Tizza Covi
(6,5)
Go Get Some Rosemary de Joshua Safdie y Benny Safdie (6)Der Räuber (The Robber) de Benjamin Heisenberg (6)
Les Beaux Gosses de Riad Sattouf (5,5)

In the Shadows de Thomas Arslan (5)
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3 comentarios:

  1. Hola Pablo! Estuve - estamos saliendo - con algunos problemitas familiares. Si la dicha es buena, aunque tarde, te haré llegar algunos pareceres...

    Un abrazo
    Raúl

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  2. Raúl,espero que los problemitas lo sean en diminutivo y se solucionen prontísimo: lo primero es lo primero.
    Por lo demás, parafraseando a Bogart en aqueeeella película, siempre nos quedará esa función de La Pivellina y el entusiasta café posterior que compartimos con Bruno.

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  3. Yo estoy muy feliz porque este año tuve asistencia casi perfecta a todas las pelis para las que El Guardián (ver el post "Ante el Bafici")me había sacado entradas! Comparto la alegría de algunos títulos vistos con amigos, la posibilidad de "discutir" sobre lo que es disfrutar una peli, el clima baficero (para mi gusto medio decaído en El Abasto, ¿será por la dispersión de sedes?)y los sandwichitos y tarteletas de La Brioche Doreé. Y para neuróticos en la familia, con uno alcanza. Así que en esta edición, dejo la escritura para quienes se desesperen por hacerlo.
    No entanto, eu sigo praticando o meu português! Chaooo!

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