viernes, 23 de abril de 2010

Bafici: La Pivellina (Rainer Frimmel y Tizza Covi, Austria, Italia , 2009)

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Muy fácil de contar La Pivellina:
Una madura señora de pelo rojísimo (Patty) busca a su perrito extraviado (Hércules) en el anochecer de una plaza barrial y, en su lugar, encuentra a una nena de dos años abandonada (Asia); desechando dirigirse a la policía, confiando en la nota de la madre avisando que pronto retornará o, simplemente, encendida su ternura, la lleva a vivir con ella y su grupo de pertenencia (Walter, Tairo: otro modelo de familia).

Más difícil es poner en palabras, sin sobreabundar en adjetivos admirativos, la soterrada emocionalidad que Tizza Covi y Rainer Frimmel logran en su film; parecería tener algo que ver con introducirse dentro de un grupo determinado, proporcionarle una leve hebra de ficción y observar con espíritu documental (y cariñoso) lo que pasa; o acaso con saber dónde poner la cámara para posibilitar que emerja la verdad íntima de lo cotidiano.
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Este extracto sobre gente pobre de circo ídem, un histórico tópico de regodeo cinematográfico que suele oscilar entre lo bizarro (Freaks) y lo compasivo (La Strada), deshace los estereotipos mostrando personas que subsisten como pueden en una actividad de espectadores al borde de la extinción, y no hay denuncia más política que el humanismo real (sin comillas) de sus personajes entrañables, lejanos a la imagen de un Otro amenazador con que los medios suelen acicatear nuestros prejuicios.
La caravana de casas-trailers en el gris extrarradio romano es el contraplano de la sociedad del espectáculo berlusconiana.

Todo ese mundo ya estaba en ciernes en Babooska, la película cuatro años anterior que, entusiasmado por un amigo, me apuré a ver en su última proyección festivalera, y a la que sólo sentí un borrador - con momentos muy logrados - de La Pivellina.
Es que, efecto paradójico, al pasar de mostrar individuos siendo ellos mismos a filmarlos más tarde haciendo de sí propulsados por una mínima anécdota, Covi & Frimmel entregan el retrato auténtico de un ambiente físico y espiritual.
Además de un chupetín inolvidable.
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1 comentario:

  1. Querido Pablot:
    Me encantó La Pivellina. Un momento fantástico, como decís vos "sin comillas" es cuando Patty empieza a gritar por la ventana de su trailer a alguien que para el prejuicio de uno va a ser su marido borracho, que llega de engañarla con cuanta pudo y resulta ser Hércules (el perro extraviado que trajo por accidente o casualidad a Asia). Y Patty le grita y él gruñe, le muestra los dientes. Yo no daba más, me recordó mucho a mi relación con mi perra Shuz. Memorable, jeje!
    Principalemente sentí que la peli hablaba acerca de los vínculos, que en esa pantalla parecían ser tan débiles (no se sabía quién era qué de quién) pero sin embargo las relaciones funcionaban tan bien. Eso hace Lucrecia Martel, pero en sus pelis nada funciona bien. jeje.

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