miércoles, 1 de junio de 2011

Mundos de cine (II)

Aterrizar en Barcelona la semana en que coincidieron el fervor celebratorio por el Barsa y las multitudinarias manifestaciones contra el recorte en las políticas sociales nos alejó rápidamente, tanto a mi esposa como a mí, de la fría onda todo-bajo-control del sajón Edinburgo de donde veníamos.



Color, excitación, multietnia, y una oferta cultural que, si sos voraz, te pone al borde de la taquicardia, nos cambió el timing del viaje. Claro que con la ciudad y sus Gaudí ya había suficiente, pero cómo no intentar el trazado de un eje que en siete días nos permitiera pasar por todo lo que queríamos ver y caminar, del Barrio Gótico a Las Ramblas, de Montjuïc al Parque Güell, de Joan Miró a Antoni Tàpies. Y más aún.



De lo planeado a lo contingente, enganchamos justo La Nit dels Museus, el equivalente a nuestra porteña Noche de los Museos, y a pesar de la lluvia torrencial logramos llegar a dos: al de Picasso y al del Chocolate; ¿atenta contra nuestra imagen confesar que disfrutamos mucho más del segundo?



Pero esta casquivana apenas nos dejó raspar su superficie dionisíaca. Amable y sanguínea, Barcelona no quiso estirar la cantidad de horas que usualmente tiene un día, y por ello nos perdimos, por ejemplo, a Lee Ranaldo, el guitarrista de Sonic Youth, tocando y recitando poemas de su libro sobre el spam en Internet (!), en un Festival Internacional de Poesía organizado por la Generalitat de Catalunya que también incluía a la operística, gemidora (y un poco terrorífica) Diamanda Galas.
Sin embargo, la última noche antes de partir, Barcelona nos tendió una alfombra de mullida ensoñación hacia nuestro siguiente destino. Bah, en realidad no fue ella sino Woody Allen (sin Vicky ni Cristina).



Con mucho cuidado de no ingresar a un cine que la proyectara doblada al español -la mayoría de las salas, herencia cultural del franquismo- vimos Midnight in Paris unas pocas horas antes de llegar precisamente allí. Y fuimos felices, porque sentimos que había sido filmada para nosotros, para el momento exacto que estábamos por vivir.

Comedia romántica que a partir de un dispositivo del guión planea por todas las idealizaciones parisinas posibles, hay tanta joie de vivre en la película (conviviendo con su contracara amarga, el engañarse con que todo pasado fue mejor), que nos fue gozosamente inevitable recuperarla a lo largo de los siguientes días, mientras caminábamos por sus mismísimas locaciones.
Podría decirse, entonces, que en Paris estuvimos vagando a orillas del Sena con Owen Wilson, tomando café con Hemingway en Les Deux Magots, y visitando los jardines del Museo Rodin guiados por Carla Bruni.

Con todo, ni por asomo podía intuir los fuertes estremecimientos cinéfilos que aún estaban por acontecer y que iban a ponerle la frutilla del postre al viaje.
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3 comentarios:

  1. Muy buenos relatos Pablo! Un gusto siempre leerlos, y rememorar unos días que pude disfrutar en Barcelona, Paris y otras.
    Pablo S.

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  2. Espero que la falta de mención a visitas al Mercado de San Antonio, Norma Comics y La librería Gilgamesh se deban a las escasas (aunque no nulas) connotaciones cinéfilas de estas locaciones, de otra forma no serás indultado.

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  3. Es que, Señor Juez, mi único pecado fue no disponer de más tiempo que el marcado en el pasaje, con la consecuencia de un paso fugaz por ciertos lugares que ameritaban mayores permanencias.

    Dicho esto…¡por supuesto que estuve en el mercado de San Antonio!, y si hay una glándula consumista en mí es en esos lugares en donde se activa y batalla contra el recato y la templanza. Porque, ay, los precios, la conversión de euros a nuestra moneda…

    Pero no es mi intención victimizarme.

    A modo de descargo, ofrezco a Su Señoría un listado parcial de lo que me he traído desde ese igualmente dominguero “Parque Rivadavia”:
    - “Umbrales Oscuros”: novela gráfica de Ian Rankin, un escritor escocés de policiales con inspector/detective muy popular en Edimburgo (parece que cada país europeo porta su Mankell). La compré porque me intrigó su trama: lo convocan a John Constantine (sí, el personaje de Alan Moore) para que investigue unas cosillas sobrenaturales que acontecen…¡en un reality show de la tevé londinense!
    - Unos tomos sueltos de “Spirit - New Adventures”, experimento de hace pocos años en el que ciertos “nenes” llamados Neil Gaiman, Alan Moore y Daniel Torres, entre otros, recuperaron el personaje de Will Eisner. La recepción fue mala y se discontinuó, pero la curiosidad me pudo.
    - Rambla arriba, rambla abajo, de Carlos Giménez. ¡Hombre, en Barcelona y paseando por las Ramblas! ¿Cómo no traerme lo que el autor de nuestra formativa Paracuellos de Jarama contó y dibujó acerca de su juventud en la época de Franco deambulando por esos lares.
    Y algunas novelas o ensayos: “Lecturas de mí mismo” de Philip Roth; “Sopa de Miso” de Ryu Murakami; “Relatos” de Tanizaki; “ Chris Marker: retorno a la inmemoria del cineasta”, de autoría colectiva.

    Conque, si le interesaran, podría prestárselos al sólo costo de cajonear el expediente donde me niega el indulto. ¿Acepta?

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