jueves, 2 de julio de 2009

Proust meets Godzilla (and Mothra)

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Del jardín de infantes al fin de la secundaria, todo por dos: las matrículas, las cuotas, las reuniones con maestros y profesores, el estar para ayudarlos, o el apartarnos cuando nuestra presencia los irritaba.
Ser padre de mellizos también hizo que me correspondiera ir a dos ceremonias de graduación distintas en la misma semana. Y, es notable, frente a la rigidez que tenían esos eventos de egresados a fines de los 70´s – me niego a escribir “en mi época” - instando a jurar fidelidad a tonterías o morir, con patriotismo prusiano y reaccionarismo a lo Miguel Cané, los actuales, más flexibles, luchan por desmarcarse de ese anatema, a veces histéricamente.
El marketing de algunos colegios privados es bifronte: hacia los chicos (¡somos un colegio cool!) y hacia los padres (¡somos la excelencia académica!), una dualidad esquizoide perfectamente comprobable en esos eventos de despedida. Que, por otra parte, ya casi no se llevan a cabo en los mismos lugares de estudio sino en auditorios o teatros. La “onda pedagógica" también entra por los ojos.

Dos días después de la graduación de mi hija aconteció la de mi hijo en el ND Ateneo, un espacio cultural de conciertos y debates en pleno centro de Buenos Aires. Allí me dirigí junto a mi esposa, mi mamá y la hermana del homenajeado, con entradas no muy baratas que previamente hubo que adquirir y que, justo es decirlo, estuvieron justificadas en el constatable despliegue de producción visto arriba del escenario. Porque eso fue un show, ¿o qué creían?.

Mucha gente, excitación adolescente y saludos por doquier entre los padres, intercambio de palabras con el rector piola - progre, a veces sus notas aparecen en Página12 -, profes contentos y empáticos, hermanitos que podrían llegar a ser nuevos clientes…
Del hall fuimos pasando a la sala, la música ya iba sonando y, ubicados en nuestras butacas – atrás y al costado, eso nos tocó -, el fade in de los reflectores del escenario, coincidiendo con el gradual fade out de las luces de la sala, indicaba en forma inequívoca el comienzo del evento o, mejor dicho, de la función.

Y fueron desfilando breves discursos - como conscientes de que el ritmo del espectáculo no debía decaer -, estudiantes emocionados subiendo a recibir reconocimientos, videos de profesores parodiando su rol y guiños para la “tribuna”. Un espectáculo escandido en su totalidad por performances musicales de diversa índole a cargo de los chicos: Coldplay por ensamble de cuerdas, "Somebody to Love" por grupo pop, tango femenino, y hasta un solo de batería ejecutado por el flaco de limpieza y mantenimiento de la institución.
Sonido e iluminación, impecables, teñían la experiencia de un sabor in concert, realzado también por el back projecting en la pantalla ubicada detrás del escenario.

Una banda un poco más rockera comenzó a versionar a Zappa, mientras a sus espaldas imágenes del Godzilla sesentoso, contundente en la destrucción de Tokyo, arrasaba edificios y ferrocarriles: el combo música/fragmento visual guardaba gran cohesión.
Apoltronado en mi asiento, me sumaba al entusiasmo moderado del auditorio.

De repente, un plano de Mothra, el monstruo lepidóptero, la polilla gigante, irrumpió en el segmento fílmico.
- Vas a ver que ahora vienen dos mellicitas en una cajita - comenté mecánicamente a Maré, sentada a mi izquierda.
- ¿Qué? - giró para mirarme con expresión a mitad de camino entre no haber escuchado y no comprender.


La imagen de las dos pequeñísimas hadas en la caja irrumpió allí adelante casi en simultáneo con mis palabras.








Mi esposa se sorprendió pero no demasiado, acostumbrada a mi instinto cinéfillo-eruptivo de activación espontánea, pero sí percibí perplejidad en algunas personas de la fila de atrás que, evidentemente, también oyeron y corroboraron al segundo la súbita aparición de lo que había anticipado.
Y yo, no por haberlo intuido menos impactado ante la emergencia de ese plano guardado vaya uno a saber en qué área de la mente, me fui de esa realidad de padres, hijos, colegios y graduaciones, eyectado espiritualmente de la sala hacia otro lugar...


...casi quemados los bifecitos a la plancha del sábado al mediodía mientras las Aelitas hablaban las dos al mismo tiempo y se comunicaban telepáticamente con Mothra que pasaba de larva a mariposa parecida a los colgantes de resorte de las habitaciones infantiles y allá iba por los mares de Japón a proteger el huevo gigante apropiado vilmente por empresarios inescrupulosos que querían ganar plata exhibiéndolo en un parque de diversiones en el blanco y negro de Cine de Superacción y Godzilla le eructaba ¿gases? pero un periodista y una chica trataban de que el ejército no le disparara al bello insecto y yo comía aliviado porque sí mamá sí papá ya hice deporte a la mañana en el club pero quién era el monstruo bueno y quién el malo me preguntaba mientras la super polilla batía sus alas y creaba maremotos y ciclones para que viéramos volar esos hermosos edificios, tanquecitos y personitas matchbox hasta que comenzara en continuado la peli que seguía y "¿otra vez la misma, no la pasaron hace poco?" la voz de algún hermano en el pasillo burlándose de mi enganche con Furankenshutain que era el Frankenstein de los nipones estudios Toho que obvio también se enfrentaba a un simil Godzilla y también protagonizaba ese momento que nada que ver pero que provocaba microsegundos de calentura fugaz en mis hormonas inocentes cuando se le iba al humo a la doctora que lo revisaba mirándole fijo ¿el guardapolvos? ¿las tetas? y al final tanto lío y sólo le sacaba la cadenita de oro y la hacía pendular babeando qué tarado aunque insondable qué le decía todo eso a un pibe de 11 en medio del almuerzo y discando entel para coordinar con amigos la salida de los sábados a la tarde opción favorita triple programa en el cine Atalaya de Canning y Córdoba siempre que no hubiera cumpleaños de alguien del grado entonces regalo varón libro de la colección Robin Hood o si mujer perfume Coqueterías salvo que fuera la que más me gustaba y entonces adosar tarjetita rectangular para una amiga muy especial o alguna que otra frase inventada que al final de tan críptica no revelaba nada salvo mi timidez para transmitirle eso mismo que quería decir o sea que me gustaba mucho y entonces malhumor hasta el día siguiente pero momento! en el cine Argos de Colegiales el mecha King Kong otro bicho gigante de Ishiro Honda me persiguió meses en mis pesadillas y lo que más miedo me daba era el ruidito metálico chirriante que producía su paso de robot al avanzar pero también el tipo alto canoso con poder para hipnotizar que lo había creado para que venciera al verdadero Kong gran combate desenlace en la punta de la Tokyo Tower y por una vez en la vida el simio peludo no terminaba muriendo estrellado por su enamorada sino volviendo a su isla solo pero vivito y coleando...

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Films aludidos:

Mothra, de Ishiro Honda, 1961;
Godzilla vs Mothra, de Ishiro Honda, 1964;
King Kong Escapes, de Ishiro Honda, 1967;

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1 comentario:

  1. qué lindo este post! me encanta Mothra. ¿Te acordás que aparecía en el capítulo de los Simpsons, cuando iban a Japón? junto a Godzilla, atacando al avión... jejeje. Y son los bichos que han inspirado a Pokemon. Muy grosos...
    Es increíble lo que sucede cuando de pronto se despierta uno de esos recuerdos que estaban tapados. A mí me monopolizan la mente, cuando me asaltan, zas!
    Y las gemelas son una genialidad de surrealismo puro. ¿notaste cómo las dos juntas forman gestálticamente el dibujo que tienen las polillas en el lomo? muy, muy logrado. Las amé... ya mismo busco esa película.
    Un abrazo!!!

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