viernes, 10 de septiembre de 2010

Esos sospechosos tan queridos

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Con tanto kilometraje de inútil enciclopedismo, a esta altura se me mezclan las tramas y los personajes de tanta literatura de serie negra que hace algunas décadas había sido mi lectura excluyente .

Sí puedo distinguir en el recuerdo el tono de un libro de Hammett (seco, como un hachazo) respecto del de uno de Chandler (sutilmente melancólico) o del de uno de Jim Thompson (filtrado por narradores psicopáticos), pero motivaciones, crímenes, traiciones y demás peripecias...un alegre revoltijo.

Probable explicación: las luces y las sombras del ambiente, no la precisión de quién había matado a quién, eso era lo que me cautivaba.
Y la división tajante, descripta en términos de derrumbe del american dream, entre el que amasaba una fortuna apoyándose en resortes institucionales a los que contribuía a corromper más, y el loser de ética tambaleante (no pocas veces el mismísimo detective).



Si me puse a pensar en estas cosas es por culpa de un libro que refiere al universo del noir en el cine.

Sospechosos de David Thomson, difícil de ser encasillado unicamente como novela, es, en este sentido, sospechoso. Pero da mucho placer.
Circulan por sus páginas biografías de personajes de más de cincuenta películas del género filmadas entre la década del 30 y la del 80, la mayoría de ellas muy conocidas (sobre todo para los de más de cuarenta, claro), y en capítulos titulados no sólo con sus nombres sino con los de los actores que les dieron una cara.



Mmmm, mejor voy un poco para atrás, ¿llamarían "biografía" a la especulación sobre lo que vivió la sexy Gilda Farrell (Rita Hayworth en Gilda) luego de los sucesos narrados en el film, y que va desde affaires con Hyman Roth y Fredo Corleone (¡personajes de El Padrino!) hasta su actualidad en un asilo de ancianos (!!!)


¿Y cómo denominarían a la suposición de que Julian Kay (Richard Gere en American Gigolo), nacido en un psiquiátrico e hijo de Norma Desmond y Joe Gillis (¡Gloria Swanson y William Holden en Sunset Blvd.!), una vez discontinuada su lucrativa actividad como gigolo, termina casado y regenteando una galería de arte que cada año organiza un festival de cine en honor a Bresson (!!!)

No. Ni diccionario biográfico ni ensayo (el mismo Thomson imagina nuestro dilema al momento de tener que ubicarlo en nuestra biblioteca): una ficción que se sirve desfachatadamente de otras ficciones de ese mundo paralelo que es el cine para samplearlo, para faltarle el respeto a las películas como obras terminadas.

Muy racional, por otra parte.
Porque hay que tener una cabeza enooorme para proponerse enhebrar unas vidas de celuloide que a priori no tienen que ver entre sí, en pos de una historia que guarde cohesión y luego se sostenga sola. Del intento hubiera podido salir un cachivache.
O un dispositivo onanista.

Pero no. La trama que sostiene todo el andamiaje es, inclusive, bastante simple y se va haciendo presente poco a poco: boy meets girl.
Claro que en un mundo de mierda repleto de alienados depresivos con impulsos asesinos o suicidas la cosa no viene para el lado del romance y, necesariamente, se pone horrible.



El libro (¿la macro-película?) es basicamente un flashback a través de un narrador desencantadísimo que va tiñendo de gris plomizo todo lo que toca.
Él, al contarnos historias de otros, pococ a poco va dejando entrever la manera en que muchos de ellos se relacionan con su propia existencia como personaje.
Thomson intenta no dejar demasiadas pistas de quién pueda ser hasta revelarlo al final. (Pero vaaamos, ¿cuantos personajes nacen en Bedford Falls? ¡un cinéfilo standard lo saca al toque!).
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Sospechosos hace justicia con el más falsamente optimista film navideño de la historia, Qué bello es vivir , de 1946, y con su predica a favor de la resignación. Señalar a esta idealizada familia americana como el huevo de la serpiente de retoños tales como Travis Bickle (Robert de Niro en Taxi Driver) es, además de una gran idea, una inquietante reflexión política.
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Argumentalmente, otro de sus logros es darle un lugar central a Noah Cross (John Huston en Chinatown). Se sabe que un buen villano puede hacer una gran película y Cross es el peor de todos.
Aquí, en un arco biográfico que cubre hasta su muerte a los 102 años luego de tener sexo oral, habiendo obtenido tempranamente "seguridad económica gracias a la mejor modalidad oficial de piratería que el mundo ha conocido: el capitalismo salvaje de libre mercado" (hay una referencia, claro, a sus negociados con el agua de Los Angeles), se las arregla para arruinarle la vida a unos cuantos, empezando por los más cercanos.
¿Quién que haya visto Chinatown podría olvidar lo que le había hecho a su hija (y la frase de ella mientras la abofeteaban: "She is my daughter AND my sister")?


La vampirización de todos los films que van desfilando me generó, además, el deseo de ver algunos que desconocía y de revisitar otros súbitamente vueltos a emerger.

Como Laura, pero en este caso sólo para restaurar la imagen mental que tenía de la bellísima Laura Hunt (Gene Tierney) antes de que quedara fatalmente obturada por la que superpone la novela (¡Thomson! ¿cómo osaste desfigurar ese sublime rostro? ¿disfrutás destrozando lo que no podés tener?)



Bueno, leer Sospechosos me ha puesto bulímico, y luego de compartir nuevos ratos con, entre otros, la pícara Addie Loggins de Luna de papel, el degradado Hank Quinlan de Sed de mal, la fogosa Mary Ann de Body Heat, o el héroe de la Resistencia Victor Laszlo de Casablanca (aquí evidenciado como farsante), quiero más y me pregunto por qué no armar otro megarelato que ponga una cuña y abra esta mirada genérica no limitándola a lo producido por los norteamericanos.


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El emprendimiento debería incluir en sus páginas al Tom Ripley/Delon de A pleno Sol de Clement, así como a algunos burgueses asesinos de Chabrol y, por supuesto, al Michel/Belmondo delineado por Godard en Sin Aliento.
¿Quién se anima?
Si yo consiguiera uno o dos años sabáticos, me encantaría intentarlo.
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3 comentarios:

  1. Me dieron unas ganas de leerlo, luego de ver tu comentario!!

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  2. En cuanto me cruce el libro lo hojiaré. En alguna etapa me creí fana del policial negro pero duró bastante poco. Hoy por hoy me quedó con los tres grandes: Hammett, Cain, y Chandler (el mejor). De lo último paso de Mankell, me interesó Harlan Coben (ocuparía el lugar de un Chandler contemporáneo) y debería hojear a Camilleri.

    De todas formas el policial sigue vigente e invencible como forma y estructura narrativa.

    saludos

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  3. Fred:
    Permitime recomendarte La Vida Fácil, de Richard Price, otra prueba de la vigencia del policial, y también de su mutación a partir del cruce con las estructuras corales de las mejores series televisivas actuales.
    No es casual que su autor sea uno de los guionistas de aquella cosa (acaso irrepetible) llamada The Wire.

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