viernes, 18 de junio de 2010

Comida rica para todos

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Soul Kitchen (Fatih Akin, Alemania, 2009)





















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El cocinero fundamentalista del refinado restó hamburgués discute a los gritos, y prefiere ser despedido a permitir el sacrilegio de servirle a un comensal el gazpacho caliente (que viene de España y se sirve frío, como bien graficara Mujeres al borde de un ataque de nervios).
La casualidad de la comedia lo depositará, ya bajando el nivel del barrio, en el Soul Kitchen, bar-restaurante de minutas ubicado en una zona más destartalada y proletaria. Pero su convicción será la misma, y no estará dispuesto a mantener el menú basura del lugar.
Fuera las salchichas, adiós a las albóndigas, vengan los platos pictóricos preparados con pasión, minuciosidad y, como didácticamente le explica al dueño del lugar, susceptibles de ser cobrados más caros. No importa que el cambio de paradigma nos deje sin clientes, lo importante es la ética gastronómica.
















¿Cómo no comulgar con este personaje secundario que se la pasa jugueteando con sus cuchillos, siempre al borde de la explosión?, ¿cómo no acordar con él cuando el plano comprime en segundos el proceso de producción de sus “obras” hasta esos modelos terminados que llenan la pantalla y nos hacen babear?

Visto desde Buenos Aires, el plato grande con el bocado "de autor" ubicado en su centro y el resto vacío o apenas espolvoreado por etéreos condimentos sugiere un poco la tilinguería de Palermo (no en vano Hollywood o Soho), con sus precios para "pertenecer".
Sin embargo, estas comidas caras en Soul Kitchen funcionan distinto. Su traspolación a una localidad industrial opera primero el rechazo y luego la aceptación de los habitués, trabajadores o lúmpenes, en un movimiento que democratiza (de manera fortuita) su condición de originalmente pensadas para el consumo exclusivo de unos pocos.

Esta circulación ejemplifica el alegre desparpajo de la última película de Fatih Akin, un poco burda de a ratos, de casualidades demasiado estratégicamente calculadas en otros, pero de una frescura innegable.
Y el tema sigue siendo, como en sus anteriores, el cruce de culturas en el marco de una Alemania definitivamente multiétnica, con su saldo de adaptación y desgarro inscriptos en el individuo, algo que el mismo Akin -alemán de ascendencia turca- corporiza (si bien, dado el rédito de sus films en taquilla y en festivales, en forma menos traumática).

Pero cambia el registro.













Soul... aparta el drama, lo deja como subtexto, y vuelve, como en Im Juli, a la comedia de enredos casi rohmerianos donde chico busca chica y en el camino se le cruzan otras. Sólo que con personajes estrambóticos salidos de un comic (el loser bondadoso, la chica okupa, el mafioso entrepreneur, los rockeros de garage, el viejo marinero, el chef neurótico), cuyas andanzas parecen guionadas al compás de una miríada de músicas que nunca paran y nos obligan, como mínimo, a mover la patita.


Akin, como Tarantino, es otro cineasta disc-jockey.
Con una diferencia: mientras melodías y peripecias diseñadas por el realizador de Pulp Fiction reenvían al cine genérico concebido como mundo cerrado en sí mismo, las del realizador turco-alemán, también combinadas en montaje polirrítmico, no pueden sino remitir a las vicisitudes socio económicas de la Europa actual.







Abrir cualquier diario en la sección internacional luego de ver Soul Kitchen la resignifica (y apaga un poco su encanto pop).
La canciller Angela Merkel, queriendo dar el ejemplo para que el euro no se desplome, plantea para su país el mayor ajuste de su historia, y habla de "esfuerzo excepcional", como si su paquete de medidas para recortar el gasto social y favorecer flexibilizaciones laborales fuera la única solución y no una opción política (tal como a fines del 2008 lo fue la ayuda estatal a las corporaciones financieras culpables del derrumbe de las hipotecas subprime).














En este contexto, uno imagina que la mayoría de los personajes que estuvimos acompañando durante una hora y media - algunos intentando no caerse del mapa, otros al borde de la marginalidad - van a estar mucho peor. Y que el mundo seguirá perteneciéndole a sujetos como el especulador inmobiliario cool, que únicamente por gentileza del forzado final feliz termina en la cárcel.


Una advertencia tardía para quien haya leído hasta aquí:

Reconozco que el deleite de Im Juli (cuyas protagonistas amé), o el mix oriental de Crossing the Bridge (cotidiana banda sonora familiar durante un tiempo), me obturan la exigencia hacia los films de Fatih Akin.
Pero qué le voy a hacer, mientras el tipo continúe fotografiando Estambul a través de esos puentes, seduciendo por el camino de la música y enamorándome con sus mujeres, habré de seguir perdido. O incondicional.




















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5 comentarios:

  1. Que increible, vos sabes que la ví el Martes a la noche? Luego de mucho tiempo de buscar, pude bajarla con subtítulos. Y la pasé barbaro!. Me ocurrió lo que con todas las pelis de Akin. Siento que fluyen bárbaro y, cuando terminan, estás deseando que pase rapido el tiempo para ver su próximo trabajo. Lo único para marcar es que el ritmo vertiginoso de la historia por momentos lleva a resoluciones apresuradas. Ahora que buen ojo para elegir personajes femeninos. Increíble éste muchacho. Te deja enamorado de sus bellezas. El corazón queda latiendo fuerte durante un buen tiempo.
    En la línea de las comedias placenteras y agradables, totalmente pulgar arriba para Soul Kitchen!

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  2. Si Bruno! Comparto las mismas sensaciones! Fatih Akin es de esos directores que amás y uno siempre está esperando más de él. Esa belleza mezclada con lo étnico, lo marginal, la locura linda de los personajes... Quizás es como dice Pablot, la historia no se sostiene tooodo el tiempo, pero se disfruta un montón. Y la música! Te hace viajar. Quiero estar ahí!

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  3. Agrego algo más.
    Dentro del sub-sub-género "gente que pone en un restaurant propio todas sus esperanzas" (el cual podría incluir hasta, ejem, El Hijo de la Novia), comparte podio con Cous Cous de Abdellatif Kechiche.

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  4. Desde leugo la película es bastante más que una de "restaurantes con gente variopinta", por decirlo de alguna manera.

    Yo creo que Fatih Akin demuestra con este giro tan espectacular en su temática que "sí" tiene un universo propio del que puede hablar desde cualquier registro, con conocimiento profundo de de determinados sectores sociales y de determinados países (Turquía, Alemania)que tan bién conoce.

    En mi blog yo tambien dedico un comentario a la película.

    Felicidades por tu blog y espero que nos leamos desde ahora.

    Un saludo.

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  5. Scotty, acuerdo con lo que dices, pero déjame introducir un pequeño matiz menos idealista:
    Akin también demuestra en su usual combinatoria de variables (puesta en escena, música, personajes, e ítems similares a englobarse como "estilo")que, a la hora de armar una obra, tiene muy puesta la mirada en su rendimiento comercial. Lo cual no tiene nada de malo, excepto que a veces - Al otro lado, Contra la pared - imposta, recarga un poco la gravedad de lo social que expone (¿en aras de los premios?), sacrificando así lo que ya podía leerse sutilmente. Son (por suerte contados) momentos en los que los protagonistas se me vuelven un poco maniqueos -malos vs buenos,tolerantes vs intolerantes- y comienzo a entrever las costuras de guiones excesivamente calculados.
    Un detalle, bah.
    Por lo demás, encantador.

    Nos estamos leyendo.

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