lunes, 21 de septiembre de 2009

Un programa doble sorprendentemente compatible

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Pude saldar una vieja deuda conmigo mismo: ver ¿Dónde está la casa de mi amigo? de Abbas Kiarostami. El mero azar quiso que fuera sólo tres días después de Bastardos sin gloria.

Despojamiento versus barroquismo, realismo social versus ucronía posmoderna, a primera vista no podría haber películas más antitéticas.
O eso pensaba, pero ya no, porque los días siguientes fueron sedimentando las sensaciones y dando lugar a un pensamiento que las alineó en un mismo horizonte conceptual.
En tono serio o mordaz, en forma directa o elíptica, una desde el Irán de 1987 y la otra desde la Norteamérica del 2009, ambas pueden ser leídas como textos que cuentan estrategias individuales para eludir la opresión de un regimen totalitario.

Uf, esto que percibí evidente se torna farragoso al intentar explicarlo, pero intentémoslo (antes de que los puristas, siempre preparados para ubicar cada obra en su respectivo estante inmóvil, me tiren algo por la cabeza).
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En ¿Dónde está la casa de mi amigo? Ahmed, un chico de 8 años que está por hacer los deberes escolares, se da cuenta de que tomó equivocadamente el cuaderno de un compañero, y que si éste no presenta la tarea al otro día va a ser expulsado por el maestro. Una situación que deriva en las peripecias centrales de la película: la odisea para devolvérselo.
Empatizamos con él en seguida porque se advierte desde el vamos que se mueve en un universo de adultos implacables "bajando línea" e imponiendo su ley sin escuchar razones de niños.
Planos largos muestran al chico por callejuelas y parajes que conectan una región con otra, avanzando en línea ascendente o zigzagueante mientras se va dibujando la paradoja: Ahmed debe transgredir para hacer lo que es correcto.

Como en muchas películas iraníes, los niños son el caballo de troya con que los directores metaforizan el estado de las cosas logrando sortear la tosca censura preparada para detectar lo explícito.
Por otra parte no es caprichoso recordar que en la época en que apareció este film el Ayatollah Komehini, líder supremo de Irán, barriendo de un plumazo la occidentalización previa, manejaba todo desde la ley islámica que había instaurado. O sea, una vida social hipercodificada en donde el control ominímodo era ejercido contra el menor atisbo de sentido común: más o menos lo que cuenta la película.

(Si quieren ahondar un poco más sobre esta cuestión, pueden ver la didáctica animada de la francesa Persépolis de Marjane Satrapi, un recorrido por la Historia contemporánea de Irán a través de la historia autobiográfica de la joven Marjane, otra mirada sobre los efectos del fundamentalismo iraní pero desde un punto de vista netamente europeo y en retrospectiva desde el 2007)



















"Los recuerdos del pasado no son recuerdos de los hechos, sino recuerdos de tu imaginación de los hechos"
(Philip Roth- The facts)

En Bastardos sin gloria el "erase una vez, en la Francia ocupada por los nazis" parece relajarnos para el cuento de hadas - o para no tomarnos demasiado en serio nada de lo que pase -, pero ése es aquí el disfraz.
Por supuesto, podemos deslizarnos por los pasillos mutirreferenciales cool - pochoclo en mano - y babear admirativamente la técnica narrativa Tarantino´s style. Y nos perderíamos la pregunta que subyace más allá de esa capa refulgente: ¿ no es la estética adecuada en función de lo que se nos quiere contar?

Masacrada toda su familia por orden del coronel nazi Hans Landa, la joven judía Shoshanna Dreyfus escapa por un pelo, y deja de ser víctima para forjarse como Emmanuelle Mimieux, mutando de muchacha campesina en mujer independiente, propietaria de una sala cinematográfica que obrará de instrumento de venganza contra Hitler, Goebbels y otros nazis que, causalmente, se congreguen allí.
Ésta, la principal línea argumental de esta obra en capítulos, convive con la de la patrulla comandada por el teniente Raine (los "Bastardos") en búsqueda permanente de soldados alemanes a los que matar en disfrute sádico, así como con la subtrama de la agente doble Bridget von Hammerrsmark - tan parecida a Hanna Schygulla en Lili Marleen -, entre otras peripecias de la trama.
Todo desplegado en un tablero geográfico de un realismo digno del TEG, en el que los encuentros, reencuentros y equívocos entre los personajes se producen por azar o necesidad (del azar).

Y sin embargo, lo que muchos desecharían como pastiche posmoderno - historia tergiversada, diálogos estirados y gratuitos, elementos heterogéneos como Morricone y Bowie en la misma banda de sonido, sadismo sin justificación dramática, y otros etcéteras que los que odian al cine de Tarantino aman denostar - encubre aquí una aguda reflexión muy actual acerca de la violencia, pero no solo la del mundo audiovisual, sino la del mundo a secas.

Porque rasgando la epidermis de Bastardos... (y aclarando pronto que no considero a ningún tipo de cine mímesis de la realidad) es posible advertir que ...

- los soldados americanos - Brad Pitt a la cabeza - se nos muestran más crueles y perversos que los mismísimos nazis, y que esto no nos suena descabellado a partir de Irak...
- el manipulador "Cazador de judíos" Landa seduce en su perversidad inteligente tal como seguramente lograba hacerlo el Yago de Otelo con los espectadores contemporáneos al teatro isabelino. El mal y el oportunismo incomodando pero provocando fascinación, ¿desde dónde lo estamos admirando a tamaño hijo de puta?
- Shoshanna termina quemando viva a mucha gente menos al que asesinó a su familia. Lulú abriendo la Caja de Pandora y ocasionando el único holocausto explícito visible en la película. Interesante fábula sobre la justicia por mano propia.
- El propio embeleso que nos puede producir el juego de ver nazis ardiendo en una sala cuyas puertas están atrancadas obturando la salida - sí, ya sé en qué están pensando - debería luchar contra la repulsión que tendríamos que sentir frente a esas personas concretas muriendo carbonizadas ante la risa -diabólica - de quien se está vengando acaso en nombre de todas las víctimas.


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Conque, dos obras que nos permiten ingresar en mundos inventados - no engañarse por la ilusión documentalista de la iraní - pero que plantean, con estéticas diferentes, maneras de resolver situaciones individuales de opresión: Ahmed desde el ingenio un poco naif y la esperanza de una flor en un cuaderno, Shoshanna desde su condición progresivamente adquirida de ángel vengador implacable.

Pero...¿son TAN distintas en los recursos narrativos que utilizan?

Más allá de los oropeles que intentan disimularlo, la de Tarantino (al igual que la de Kiarostami) respeta a rajatablas el planteo, nudo y desenlace que prescribe la poética aristotélica. Ambas, además, trabajan una noción de suspenso hitchcockiana: ¿llegará Ahmed a entregarle el cuaderno a su amigo antes del día siguiente? (presenciamos cómo el día corre y el tiempo se le acaba), ¿explotarán la bombas ubicadas debajo de las butacas del cine de Shoshanna? (el montaje paralelo de acciones simultáneas en espacios diferentes retrasan la resolución y logran inquietarnos).

La experiencia de verlas con pocos días de diferencia ratificó hasta qué punto cines tan disímiles en su estética y/o condiciones de producción pueden igualmente increparnos acerca de nuestra apreciación de lo ético, un principio permanentemente sometido a corrosión.
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2 comentarios:

  1. Pablo, cada vez me dan mas ganas de ver Bastardos sin gloria con tus reseñas! Este fin de semana voy a tratar de ir. La que si vi fue esa peli que mencionas: Persépolis. Excelente película, donde se ve muy claramente cómo mucha gente pensó que la derrota de Sha traería mejoras al país, y luego terminaron decepcionándose, cuando lo que vino después no fue mas que una dictadura igualmente cruel, pero del partido contrario.

    Es una lástima que un país como Irán no pueda desarrollar una democracia en serio con todo el potencial que tiene, incluso en cuanto a los profesionales y científicos con lo que cuenta. Una vez leí en el viejo diario porteño “Nueva presencia” una nota que se titulaba “Países ricos, pueblos pobres”. Mencionaba varias naciones árabes con grandes posibilidades de progresar truncadas por gobiernos autoritarios e injustos con la repartición de la riqueza. Y lamentablemente en Argentina tenemos el ejemplo mas claro de eso…

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  2. Carla D:
    Dale, intentá verla pronto, porque en breve voy a estar escribiendo – sin pretensión de profesionalismo pero con mucho entusiasmo – el guión de una escena que bien podría incorporársele. Próximamente en esta sala.

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