domingo, 4 de octubre de 2009

Apuntes sueltos acerca de El Secreto de sus Ojos

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Dos vectores en lucha: la narrativa del cine policial norteamericano versus los clichés del cine argentino más demagógico. Cuanto más se ciñe Campanella al primero (expertise desarrollado filmando series para EEUU) más atrapante la película, pero cuando escande las escenas con los remanidos toques del mainstream local (explicaciones redundantes, puteadas de más, parrafadas "profundas"), bueno...ahí la película me expulsa.

"Pará - dice el angelito que habita el sector derecho de mi conciencia - la historia es sólida, fluye y está bien contada, hay dos o tres escenas de gran voltaje (el interrogatorio, la persecución en la cancha y el encuentro claustrofóbico en el ascensor), y no podés negar que casi todos están muy bien en sus papeles (Darín cumple, Villamil dignifica y enamora, Francella y Gioia sorprenden), ¿no tendrás los sensores demasiado sensibles?"

"De ninguna manera - responde el diablito que mora en mi hemisferio mental izquierdo - , El Secreto de sus Ojos es simplemente un thriller correcto y tan poco innovador como los que pueden verse a todas horas en todos lados; precisamente por eso resulta lógico - si creemos en la justicia de los festivales - que no haya ganado en San Sebastián."

Ambos tienen razón.

Confieso que terminé viendo el blockbuster argentino de este año un poco por la culpa de haberla prejuzgado a partir de productos anteriores del director (como puede leerse aquí), y otro poco por la recomendación/presión de amigos bienintencionados. Y que mientras transcurría su metraje y desmontaba mis reparos ante las fortalezas evidentes del film - una no menor: la adecuación del suspense del relato al período histórico retratado, que viene a ser nuesta época "huevo de la serpiente" - sufría el hato de lugares comunes típicos del cine argentino explícitamente comercial ( la misma lluvia, parafraseando a Campanella):

Los nombres de los personajes
- El personaje de Darín se encuentra vacío y desamparado de amor, por eso se llama Expósito, perdón: Espósito.
- La magistrada viene de buena familia, es fina y distinguida, lejana a la clase social de la que proviene Espósito, por eso se llama Irene Menéndez Hastings (pronúnciese Jeistings, de ascendencia escocesa).
- Y la figura que condensa el planteo ético de la película se llama...¡Morales!
No comment.

Puteadas de más
Si no existe ya un estudio teórico sobre la puteada como categoría estética en el cine nacional (con Federico Luppi en el lugar más alto), habría que hacerlo (¿alguien con vocación de servicio?).
Aquí, del tribunal a la cancha, del bar de borrachos al diálogo en la calle, abundan. ¿Por qué me molestaron tanto si en esos ambientes hablamos así?
Pues porque la mayoría está más en función del efectismo, del remate seudohumorístico para provocar la risa boba que nos despabile en una película básicamente seria a la que hay que seguir con atención (y al espectador medio, ya se sabe, hay que alivianarle el camino, ¿verdad?).
El discreto encanto el populismo.

Parrafadas "profundas"
El efecto Solos en la Madrugada - acabo de inventarlo -, consiste en la inclusión de reflexiones o declamaciones "trascendentes" en boca de los protagonistas con el fin de insuflar artificialmente importancia o profundidad a lo que se cuenta en términos visuales.
En la de Garci, desde un estudio radiofónico, José Sacristán profería hacia el final (del film y de la dictadura franquista) que no podíamos pasarnos otros 40 años hablando de esos 40 años; y la película, hecha en el lugar y el momento adecuado, fue un exitazo motorizador de una catársis socio-política más que necesaria. Hoy, excepto por su valor arqueológico, mucho no se sostiene, y aquel alegato suena pomposo y apolillado.
El Secreto... logra salvarse de los fatuos chaparrones discursivos del El Hijo de la Novia o de Luna de Avellaneda en tanto que su mismo devenir plantea cuestiones sociales muy movilizantes sin necesidad de impostaciones de profundidad. Por eso, digo, no estaría de más extirpar, en un nuevo montaje, pesadas frases tales como (cito de memoria): "llevo 25 años dándole vuelta al asunto", o "¿cómo se llena una vida de vacío?"

Explicaciones redundantes
En el fondo, una de dos: o se subestima al espectador o a la propia habilidad para decir con imágenes. (¡Guarda ahora que cuento el final!).

Décadas después de la arbitraria liberación del Servicio Gómez, violador y asesino confeso de una joven, el ahora jubilado judicial Benjamin Espósito, desde siempre obsesionado por el caso, descubre que el viudo Morales, en la quinta que habita, mantiene desde entonces al homicida encerrado en una celda.

La sorpresa de Espósito al revelársele esto ante sus propios ojos - luego de un sinuoso acercamiento bordeando las paredes del lugar - en el justo y virtuoso plano que encuadra a Gómez tras los barrotes y a Morales de costado, más atrás y levemente fuera de foco, no necesitaba más nada.
Pero Campanella elige desactivar lo sugestivo y anclar la cosa: "Ud dijo Perpetua", reprocha Morales a Espósito la literal promesa incumplida por la Justicia.
Obviando el final feliz que comienza a desarrollarse a partir del encuadre de las flores (colores vivos: basta de pálidas), esa frase concluye, explica didácticamente y, sobre todo - una pena - desactiva el remanente de significación que el silencio hubiera generado (¿qué haríamos en el lugar del personaje?).

No, cero ambiguedad, mejor irse de la sala satisfechos por haberlo entendido todo.
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2 comentarios:

  1. Hola Pablo! ni con fórceps me meten a ver una película en la que actúa Darín! Algunos prejuicios son alarmas, y hay que escucharlas. Es un cine que no me despierta el más mínimo interés. Entiendo que muchas personas disfruten de estas pelis, me parece genial. Pero listo, divinos todos. Yo, no.

    El otro día fui a ver la nueva de Almodóvar, la pasé muy bien. Es una peli sobria, tiene cierta belleza, aunque me faltaron chongos, yo quería ver más chonguitud, más arribismo. Pero almodóvar está serio, está grande (en varios sentidos, algunos no tan copados). No sé si hoy él se permitiría arrojarle un lechazo a una en la cara desde un balcón. TENGO LA DOBLE con él. Pero siempre la paso bien, es como un buen anfitrión, de los que dan fiestas en las que el alcohol nunca se termina, y tiene alguna que otra pastillita gratis para ofrecer, como en este caso, fue el megahallazgo de ese peluquero magnífico que le ofrecía diferentes looks con uan gracia que hasta el mismísimo Oggi Junco tiene que hacer escuela para lograr.

    Pero bueno, no... Darín es un bodrio. NOT FOR ME.

    Un abrazo!

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  2. Así las cosas, Sebastián Elvino.
    El cine argentino “industrial” viene necesitando triunfos de taquilla para justificar su andamiaje y tira con toda su remanida munición gruesa de clichés. El secreto de sus ojos - que, como decía mi abuelita, “se deja ver” - va empequeñeciendo en el recuerdo. Igualmente resulta la mejor película de Campanella (lo cual no significa gran cosa).

    Voy por Los abrazos rotos, una foto de Penélope Cruz en plan Audrey Hepburn refuerza el anzuelo.

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