domingo, 17 de abril de 2011

Bafici: Football Is God (Ole Bendtzen, Dinamarca, 2010)

Por: Lucas Taskar



(NOTA DEL EDITOR. Una certeza: nada que implique fútbol le es ajeno a mi hijo Lucas. Y se vino para el Bafici...)



No era ninguna casualidad que de los 15 films del BAFICI para los que mi papá había comprado entradas me quisiera sumar justo a éste. A decir verdad, si yo hubiera rechazado el ofrecimiento, probablemente las entradas de mi viejo habrían sido 14.

Football is God, dirigida por el danés Ole Bendtzen, recorre la vida de tres personajes bien argentos cuyas cotidianeidades giran alrededor del fútbol, más precisamente en torno a Boca Juniors (y en uno de los casos, con acento en Diego Maradona).

Apuesto que el mismísimo director podría ver la película una vez más y seguirse sorprendiendo por lo que muestran y cuentan los tres protagonistas. O que cualquiera de las obsesionadas y extrañas criaturas que encuentran año a año en el festival su (único) lugar en el mundo, luego de animarse con Football…, terminó saliendo vacía de cine pero llena de entendimiento tras haber visto, acaso por primera vez, imágenes de la pasión desmedida de los argentinos por el juego de pelota.

Bah, en realidad alcanza con que cualquier espectador sea europeo, asiático o de cualquier otro lado excepto Sudamérica para que, ante lo que aparece en pantalla, su concepción del hincha argentino, e incluso de la mismísima Argentina, cambie drásticamente.

La gran mayoría de los que estaban en la sala, vieron algo que ya conocían bastante.
Yo vi una trama que se repite en mi vida, por lo menos, una vez por semana.

Hernán, el fanático de Boca que da inicio a la película quebrándose hasta las lágrimas recordando un gol de Mastrángelo, está en todas las canchas del fútbol de nuestro país. Y cuando digo en todas, es en todas. Que el hombre se quede sin aire cuando Palermo le hace un gol a River o que todos los recuerdos de su vida estén guiados por sucesos tales como “el tiro libre de Riquelme en el minuto 41 y medio del segundo tiempo en Brasil” son cosas que pueden sucederle a una gran mayoría de las personas de nuestro país, sin importar los colores de la camiseta.

La película muestra también a Hernán concurriendo al psicólogo y tratando su fanatismo como un problema. Este acto sí sería un caso particular, pero a mí me parecieron escenas sobreactuadas y armadas específicamente para forzar algún entrecruzamiento entre la vida de un fanático argentino con la de otras personas que necesitan contar sus problemas. No estoy diciendo que el fanático sea un extraterrestre sin puntos en común con el resto de la gente, ocurre que, puntualmente, la psicología suele ser un bicho raro en el mundo del fútbol.

Deben existir también miles de setentonas argentinas como “La Tía”, la señora que se preocupa intensamente por la salud de los jugadores xeneizes (además de convidarles caramelos), y que le compra al cumpleañero Palermo un calzoncillo importado: el hecho de que le pida vérselo puesto ya suena un poco exagerado.

Y ni hablar de la cantidad de gente que debe seguir los pasos de Pablo, el joven de bajos recursos económicos que vuelca su vida a la adoración por Maradona, al que lleva tatuado en el pecho y del que se siente más cerca formando parte de la Iglesia Maradoniana.

Pero es probable que no existan holandeses que hagan lo mismo con Johan Cruyff, o alemanes con Beckenbauer o Mueller. Tampoco ingleses con Bobby Charlton y no creo que en el futuro veamos portugueses “dejando todo” por Cristiano Ronaldo (como ni ahora ni nunca lo deben haber hecho con Eusebio). Sí podría existir una devoción por Pelé en Brasil…

De la misma manera, la casi totalidad de señoras del resto de los continentes transitando sus últimas décadas no se ocuparían de rezarle a algún dios para que gane el Barcelona, el Chelsea o el Milan. Y jamás se les ocurriría hacerse conocer como “The Aunt”, más bien seguirán siendo “Margaret” o “Laura”.

En síntesis, la película muestra una identidad, la del fanático argentino, ése que casi todos nosotros registramos. El director Ole Bendtzen, de quien no conozco absolutamente nada (bueno, en verdad no conozco nada del 99,9% de los directores), logró con apenas tres ejemplos mostrarnos mucho de lo que somos. Personalmente sé que eso es lo que somos y creo que la mayor proporción de la sala -entusiastas cantitos futboleros incluídos- lo sabía.

Es por eso que esa gran proporción, dentro de la cual estábamos los cinco compañeros de salida, eligió reírse a deprimirse . Yo por lo menos le guiñé un ojo a la pantalla y direccioné un mensaje hacia Dinamarca: “nos sacaste la ficha hijo de puta, acá te bancamos todos, pero ojo con lo que hagas con esta película, preferiríamos que no se relacionara al argentino con el ridículo”.

.

3 comentarios:

  1. Brillante, hijo e tigre¡¡¡¡

    ResponderEliminar
  2. Excelente artículo Lucas!! Y aprovecho para reivindicar a los hinchas de fútbol genuinos, aquellos que aún en su fanatismo entienden que solo son eso, hinchas, y no los protagonistas del espectáculo.

    ResponderEliminar
  3. No vi la peli -y creo que tampoco la vería- pero hago una pregunta: ¿hay algunos minutos del director dedicados a las "idishe mames" que sufrimos cada vez que nuestros hijos van a la cancha? Seguro que no y en ese caso, tiro la punta para que algún otro director osado filme otra peli: "God, take care my son in the Boca´s field" (Nota del autor: podría reemplazarse Boca por Velez, it´s the same).

    ResponderEliminar