viernes, 19 de noviembre de 2010

Amor, obsesión y copias (Folletín cinéfilo - Parte 1)

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La situación se repetía una y otra vez: el indulgente auditorio preparado para aplaudir la ponencia de su esposo, y ella acompañándolo desde un discreto segundo plano.
Pero ella, Elle, esta vez había alcanzado su límite de tolerancia. A una semana de iniciada la gira presentación del libro que recopilaba las teorías de James sobre la relación entre una obra de arte original y sus copias, sentía como nunca la falsedad y la autocomplacencia de los ambientes universitarios, siempre dispuestos a celebrar al intelectual de la propia camarilla.



Lo peor era que ya no soportaba la planificada seducción que James ejercía con el público, el discreto encanto inglés con el que disfrazaba su pereza. El experto en patrimonio cultural repetía las mismas frases hacía décadas, y nadie, salvo ella, parecía darse cuenta. Sus oraciones, además, caían con puntualidad fingidamente natural y la enervaban:
"Mejor una buena copia que un original"; "escribí el libro para convencerme de mi propia idea", etc. Un compendio de lugares comunes.
Elle intentaba encontrar en su interior algo que le sirviera para volver a encender, si no la pasión, por lo menos cierto cariño que le permitiera no decodificar como hipócrita cada palabra que profería James.



¿Por qué justo ahora, en este viaje por Italia que tantas parejas podrían envidiar, emergía tanta crispación hacia su marido? ¿Es que, súbitamente, luego de 23 años y dos hijos, se había agotado el amor, y con él su paciencia?

Estos pensamientos y el dolor que le traían habían insonorizado el lugar; el ruido de las palmas del final de la conferencia la sobresaltaron, regresándola al rol de amable mujer detrás del gran hombre.

El sol brillaba en la región de Toscana y James estaba finalizando el ritual de las dedicatorias escritas en cada ejemplar vendido. Elle prefirió sacarse de encima el pesar (incluso hizo un gesto involuntario de espantar una mosca) e invitarlo a pasear a Lucignano, un pintoresco pueblito a corta distancia.


La ruta en perfecto estado y la previsibilidad de la conversación lo relajaron a él y la hicieron sonreir a ella, que se sabía de memoria el libreto.

- Elle, siento como si repitiéramos el viaje de mis padres.
- Es muy distinto, ellos habían ido más al Sur, a Napoles, y no para presentar un libro sino para vender una propiedad.

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- No puedo evitar la comparación, sin embargo. En un punto, estamos copiándolos.
- ¡Ya comienza la aplicación salvaje de tus teorías sobre el arte al mundo real de las personas de carne y hueso...!
- ¡Es que ambos mundos son lo mismo! Mira, ¿recuerdas la foto de mi madre en el auto durante ese viaje, la que tiene sobre su cómoda? Tal como estás sentada ahora la reproduces. O la mejoras. Eres la superación del original.

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Efectivamente, el diálogo calcado de cientos de similares que ya habían mantenido, incluyendo el elogio lateral de James, más cortés que sincero.

Llegando a Lucignano, un acordeón inoculaba la alegría danzante de jóvenes parejas que, fiel a una tradición, iban a casarse a la región de Toscana porque creían que traía buena suerte. Y los colores de la villa, y los matrimonios longevos que allí se veían, parecían darles la razón.
A Elle la angustia le arrugó el autoinsuflado ánimo, deseaba estar sola y lejos.


En cambio, arrastró a su esposo a un museo, deseaba mostrarle un cuadro específico.
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- Fíjate, por siglos se creyó que era un cuadro original y hace sólo 50 años descubrieron que era una copia. Podrías utilizar esto para tus presentaciones.
- Querida Elle, percibo un dejo de ironía en tu comentario; pero sí, tienes razón, ilustra el punto, porque más allá de que la palabra "original" tiene una connotación positiva indudable, para la gente de aquí, que la tiene cerca y puede admirarla, esta copia significa mucho más.
- Estás obsesionado con tu teoría y todo lo vuelves funcional a ella.
- Pero si no es teoría, y lo hemos comprobado juntos. Si pudieras bajar tu nivel de sorna y remontarte a nuestro viaje a San Francisco, seguramente recordarías cuánto nos había impresionado aquella mujer que en el museo pasaba horas sentada frente al cuadro de la dama antigua. Parecía poseída.
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- Sí. ¿y?
- Creo que quería ser la mujer del cuadro. Ahora, si me permites, era mucho más bella que la pintura que la desvelaba; en mi consideración, ella era el "original".



- Tengo presente su hermosura, sí, y también su tristeza. ¿Qué estaría buscando en ese retrato?
- Imposible saberlo.
- Salgamos de aquí, me ahogo. Caminemos un poco.

El sendero rústico, las casitas primorosas y el sonido de los pájaros que acompañaban eran un marco que significaba cada vez menos. La charla iba perfilándose hacia una dirección precisa, hacia ellos.
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- La manera en que miramos cambia el valor de lo que estamos mirando. ¿De quién se había enamorado el detective de esa vieja película, Laura? ¿del cuadro o de la mujer que había posado y cuyo asesinato estaba investigando?
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¿y qué, sino una vida familiar mediocre, hacía que el profesor de, precisamente, La mujer del cuadro, se obsesionara hasta el crimen con el retrato al oleo exhibido en el escaparate de un negocio?
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- Basta, te pones maníaco y pierdes sentido de la realidad. Ni siquiera sabes bien quién es la persona que vive contigo hace tantos años.
- Eres la mujer que elegí, y también eres distinta a ella. Mira esta foto que guardo en la billetera...
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- Odio esa foto mía.
- La odias porque envidias a esa joven que me apasionaba y que ya no existe más. El original de ti.
- Pues mi versión actual es, en parte, responsabilidad tuya, me he vuelto una sombra poco atractiva.
¿Sabes qué?, el hecho de que lleves esa foto contigo demuestra hasta qué punto nuestro matrimonio siempre ha estado condicionado por tus idealizaciones.
- Exageras...
- Uf, ¿recuerdas aquella pareja que casualmente conocimos cuando viajamos a la Argentina? Durante meses, y sólo porque parecía quererse y llevarse bien, sentenciaste que debíamos tomarla como modelo de la felicidad conyugal.
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(continúa aquí)
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Las fotos:
1 - El auditorio de Copie Conforme (Abbas Kiarostami, Francia, Italia, Irán, 2010),
2 - La presentación del libro. William Shimell en Copie Conforme,
3 - Juliette Binoche en Copie Conforme,
4 - Shimell y Binoche camino a Lucignano en Copie Conforme,
5 - Ingrid Bergman y George Sanders camino a Nápoles en Viaggio in Italia (Roberto Rossellini, Italia, Francia, 1954),
6 - La Bergman en Viaggio in Italia,
7 - La Binoche en Copie Conforme,
8 - Shimell y Binoche en Copie Conforme,
9 - Juliette Binoche y el cuadro "La Copia Original" en el museo de Lucignano en Copie Conforme,
10 - Kim Novak en el museo de Vértigo (Alfred Hitchcock, USA, 1958),
11 - El cuadro de la Dama Carlota en Vértigo,
12 - Kim Novak contemplándolo en Vértigo,
13 - Shimell y Binoche por los senderos de Lucignano en Copie Conforme,
14 - Dana Andrews contemplando el cuadro de Laura en Laura (Otto Preminger, USA, 1944),
15 - Edward G Robinson contemplando el cuadro de Joan Bennett en La Mujer del Cuadro (Fritz Lang, USA, 1944),
16 - Juliette Binoche en La Insoportable Levedad del Ser (Philip Kaufman, USA, 1988),
17 - Maré y Pablot en Road to Salta (Alan Smithee, Argentina, 2007)
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4 comentarios:

  1. Pablo,excelente el folletín.
    Juliette Binoche hermosa como siempre y perfecta para el personaje.
    Quiero más!
    Espero la Parte 2!!
    Merci beaucoup
    Marina

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  2. Gracias, Marina (¡y bienvenida!)
    Esta "vampirización" de Copie Conforme de Abbas Kiarostami continuará y concluirá esta semana.

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  3. Hola Pablo, quisiera saber si por casualidad, tenés la programación del Cineclub Lunaria o dónde puedo conseguirla, lo he buscado pero intuyo no tiene web.

    Muchas gracias

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  4. Agostina:
    Los amigos Lunarios, que le ponen mucha pasión al asunto, no tienen una programación predeterminada (al menos este año). Hoy proyectan Alamar, película mexicana premiada en el último Bafici, pero cuando y qué pasarán la próxima, eso sí que no lo sé.
    Buscá en la Etiquetas del blog “Cineclub Lunaria” para hacerte de sus teléfonos.
    Saludos.

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