viernes, 24 de septiembre de 2010

Wall Street Institute

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Siempre me impresionó que el diario Ambito Financiero, house organ del neoliberalismo argentino, fuera tan obvio para evidenciar su ideología depredadora.
A su columna de opinión más reconocible la firmaba, con foto y todo, Gordon Gekko, el personaje que, interpretado por Michael Douglas en Wall Street (Oliver Stone, 1987), había devenido en símbolo de la codicia y la especulación bursátil. Analizar el panorama económico y eventualmente sugerir alternativas de inversión utilizando como seudónimo el nombre de este maquiavelo resultaba, de su parte, una evidente declaración de principios.

Gekko era el héroe a seguir, el gurú a ser escuchado, y los '90, aquí y en el mundo, le pertenecieron.

¿Desempleo, miseria, hambre?
Who cares... ?
Comprar acciones a partir del uso de información restringida, reestructurar empresas y liquidarlas en nombre del sacrosanto profit (nunca suficiente): ésta era la habilidad de este "experto en mercados mundiales".
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Aun con limitaciones -personajes esquemáticos, maniqueismo argumental, moralina- Stone lograba crear, en esa arquetípica historia de iniciación traspolada a Wall Street, un villano memorable bien insider que ejemplificaba en su accionar cómo el sistema transfería riqueza a unos pocos y licuaba el empleo a muchísimos. Un Jugador.
Visto desde hoy, no cabe duda que su figura anticipó el tipo de alimañas que regirían el mundo corporativo y la debacle económica global que terminarían provocando.

No obstante, aquella Wall Street culminaba con el triunfo del bien. Gordon Gekko, luego de iniciar en las (malas) artes de su oficio a un muchacho con ambiciones yuppies que lo admiraba (Charlie Sheen), terminaba en la cárcel, y su pupilo volvía al area de influencia de su padre (Martin Sheen), un representante de los "valores profundos" de la America trabajadora (¿?)

Retomar ese ambiente y su fauna rapaz en una secuela que transcurriera durante la explosión financiera del 2008, con su correlato de entidades financieras privadas supuestamente sólidas desesperadas por obtener ayuda estatal, al mismo tiempo en que sus ejecutivos pugnaban por resguardar sus jugosos bonus y millones de personas perdían trabajos y viviendas, parecía toda una oportunidad.

Pero Wall Street 2: el dinero nunca duerme (Oliver Stone, 2010) es un flan.



Gordon Gekko sale de cumplir su condena, escribe un libro, sigue disparando frases astutas, maneja información clasificada, pero ya no destaca como el más perverso en el mercado de valores porque, sencillamente, la codicia estándar de sus pares es peor que la de él. Casi parece herbívoro en comparación.
Y sugerir con esto que los peores vicios que antes se adjudicaban a contados individuos (las excepciónes a la regla) se generalizaron y hoy constituyen la estructura del sistema pues...está fenómeno como alegato, pero el mundo de las películas no funciona así: queremos un malo que nos cautive ¡éso venimos a buscar en estos productos!
No que Gordon reciba aplausos en la universidad cuando presenta su texto ni, capitalismo de rostro humano, que sucumba a dejar de ser quien es para reconciliarse con su hija.
¡Imaginen un rediseño parecido para Hannibal Lecter!

Para más ridiculez, su hija es una princesita que lleva un blog (de izquierdas, claro) y, a pesar de odiar el entorno financiero ligado a su padre, está comprometida con un operador de bolsa de Wall Street (ignoramos cómo lo conoció). Este joven broker, a su vez, cumple la función de contrapeso "ético": quiere conseguir que se invierta en proyectos energéticos no contaminantes.
Y si creen que esto es sumamente pueril esperen que hay más: por ahí circula Susan Sarandon haciendo de madre del muchacho, una ex enfermera de clase media tomada por los cantos de sirena de la especulación inmobiliaria que, por suerte y gracias al descalabro económico, retoma la buena senda de ayudar a los viejitos en los hospitales.

¿Mencioné las dichosas burbujas literales que aparecen un montón de veces en pantalla ?
Uf, esta metáfora obvia e infinitamente repetida del principio al final de la película es pura subestimación del intelecto del espectador.


Nota no tan al margen
El simple azar, haber acompañado a mi esposa a un congreso, hizo que la viera en un Hoyts de Punta del Este.
A la salida, lujosos edificios torre en el contexto de una incesante construcción inmobiliaria bordeaban nuestra vuelta al hotel. Sólo una mirada malintencionada podría relacionarlos con el lavado de dinero.
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2 comentarios:

  1. Agregando además, que en señal de protesta por tanto derroche financiero (real y cinéfilo), la cena consistió en un panchito alegremente adornado con mostaza. (menos mal que le cedí a Pablot medio chivito uruguayo, porque sino, además de la codicia habríamos muerto de hambre!!)

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  2. La mejor película que vi respecto a como funciona el libre-mercado contando la escencia de la moral que en los 90s regía en el mundo de los negocios y que hoy se ha extendido a la sociedad toda (incluyendo tanto a los chicos de clase alta de las escuelas privadas de Mercedes como a los de clase baja que chorean mochilas en el día de la primavera) fue "El Señor de las Moscas"
    La burbuja no estalló, paró para tomar fuerza.

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